Universidad Central de Las Villas: la otra benefactora

El 30 de noviembre de 1952, el ansia de Doña Marta Abreu porque su patria chica tuviera una universidad, quedó materializada en Santa Clara.

Estatua de Marta Abreu en la UCLV
Estatua de Marta Abreu en la UCLV. (Foto: Tomada de Internet)
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En la enramada de mi memoria, siempre habrá un sitio íntimo y querido para el recuerdo de mi universidad. La UCLV, la Central, la de Las Villas; la única con nombre de mujer a lo largo de la isla, porque los desvelos de Doña Marta Abreu por su patria chica superaron el hecho de que la sepultasen en París, tan lejos de Santa Clara.

Como las maravillas se construyen de a poco, no existe en Cuba otro campus como el suyo, aunque la «cáscara» resulte, apenas, un incentivo más para admirarla. Y es que se ha hecho tanto por este país desde sus aulas y laboratorios, que decir «yo estudié en la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas», es saberse portador de un valor amplificado como profesional.

La multidisciplinariedad de la UCLV constituye, de hecho, una de sus principales distinciones. En la formación de pregrado se incluyen 57 carreras de todas las áreas del saber —ciencias sociales y humanísticas; técnicas, económicas y agropecuarias, además de las pedagógicas, que retornaron a su sede original como parte del proceso de integración de la educación superior en Cuba—, con un amplísimo movimiento de alumnos ayudantes con amplias perspectivas para el relevo docente.

Asimismo, el vínculo permanente de la casa de altos estudios con los Organismos de la Administración Central del Estado (OACES), repercute en la calidad de las prácticas laborales, en el continuo perfeccionamiento curricular y en el desarrollo territorial. De esta manera se solventan, en gran medida, las demandas científicas y socioeconómicas de la provincia y país, de acuerdo con el programa nacional para la formación de profesionales altamente calificados.

Sin embargo, durante sus 65 años, el rol de la UCLV ha podido trascender más allá de pizarrones, industrias y oficinas. Actualmente, 15 centros de estudios e investigación amplían el espectro de las diversas esferas del conocimiento desde enfoques inter, multi y transdisciplinarios.

El Instituto de Biotecnología de las Plantas (IBP), y los centros de Bioactivos Químicos (CBQ), de Investigaciones Agropecuarias (CIAP), de Investigación y Desarrollo de Estructuras y Materiales (CIDEM), de Estudios Comunitarios (CEC), y de Estudios Energéticos y Tecnologías Ambientales (CEETA), entre otros, dan respuesta a las líneas científicas de prioridad universitaria hasta 2021, relacionadas con la biotecnología, los nuevos materiales de construcción, la producción de alimentos, el desarrollo energético sostenible, los procesos identitarios sociales y culturales, el perfeccionamiento de la educación, el hábitat y el desarrollo comunitario.

La condición de la UCLV como engranaje intermedio entre la enseñanza y las más urgentes demandas nacionales, toma cuerpo mediante su activa imbricación con los programas de salud, de vivienda, de seguridad y soberanía alimentaria, además de las tareas vinculadas con la defensa y el desarrollo local de los municipios.

Durante los últimos cinco años, la incidencia explícita del trabajo investigativo de la Universidad Central, evidencia resultados que van desde la producción de fármacos de comercialización nacional (Dermofural) e internacional (Vitrofural), hasta el perfeccionamiento de tecnologías y materiales para la construcción, rehabilitación y renovación de viviendas; el fortalecimiento del trabajo comunitario integrado en los gobiernos de Villa Clara, y la inserción y análisis del procedimiento metodológico para la introducción del cooperativismo no agropecuario.

Por tanto, no podría asumirse como simple coincidencia que 36 licenciaturas de la UCLV ya se hayan acreditado, que otras 13 ostenten la condición de Excelencia, 21 estén certificadas y dos, avaladas.

Sin embargo, que la «Marta Abreu» continúe vital no se debe a su sola historia o a la continua oleada de generaciones que suplen protagonismos y copan sueños y urgencias. La universidad respira por quienes torean penurias y le guiñan el ojo a los desafíos, pues sobre esos roles se sustenta un futuro que, sin que medien excusas, tendrá que ser superior.

Bienaventurados los que crean

Samy Khaluf Gutiérrez tuvo la «coartada» para cumplir su sueño—o quizás ni siquiera sabía que lo era— cuando se vinculó, mientras cursaba el tercer año de Ingeniería Automática, con el Grupo de Automatización, Robótica y Percepción de la Facultad de Ingeniería Eléctrica de la UCLV.

Samy Kharuf y Luis Enrique Hernández
Luis Enrique Hernández
A la par del proyecto en el que trabaja Samy (a la izquierda) se desarrolla otro que, en el área naval, también busca adaptar la misma tecnología de cámaras de los drones. Uno de los jóvenes investigadores, Luis Enrique Hernández Morales, explica que «las perspectivas son muy amplias, y sobre todo repercutirán en la protección de costas y en otras aplicaciones medioambientales, como el mapeo del fondo marino y la supervisión de las barreras coralinas. El proyecto inicial con submarinos —ya concluido— surgió de una demanda del Centro de Investigación y Desarrollo Naval, y ya estamos en condiciones de realizar los experimentos con un modelo que creamos para llevarles la nueva propuesta». (Foto: Ramón Barreras Valdés)

«El amplísimo mundo de la robótica junto con la acogida cálida y respetuosa de los investigadores del grupo, fueron los elementos que más influyeron en mi decisión de quedarme trabajando en la universidad, luego de graduarme en 2014.

«Por entonces, el trabajo con drones ya exhibía en la universidad villaclareña un respetable recorrido que supera 15 años de investigaciones. En esta línea, el Grupo inició con aspectos referentes al ensamblado y control de esos vehículos aéreos no tripulados, y en el presente, nos centramos en la incorporación de cámaras especializadas para realizar el procesamiento multiespectral de las imágenes.

«Originalmente, el proyecto solo se ocupaba de construir el dron y volarlo. Luego nos dedicamos a desarrollar los softwares de control, de manera que el modelo tuviera autonomía, pudiera planear varios kilómetros y soportar rachas de viento, interferencias y la pérdida de comunicación, sin que por ello quedara comprometida la seguridad del vuelo».

—¿Hablas de la incorporación de las cámaras como un estadío superior de la investigación?

Así es, pues antes utilizábamos cámaras RGB con aplicaciones para la topografía y el conteo poblacional, y ya en estos momentos evolucionamos a cámaras espectrales, de 3500 dólares cada una. Brindan mayor información, ya que pueden avistar el espectro no visible, y de ese modo predecir las plantaciones enfermas, aunque las plagas no se observen a simple vista.

«Se trata de una tecnología que posibilita el análisis del índice de maduración de los cultivos, así como el estrés hídrico y el rigor vegetal. Por ejemplo, en un campo de caña, el agricultor solo ve los bordes, pero no sabe si en el centro las plantas están estresadas y/o enfermas. Sin embargo, si la sobrevuela con la tecnología multiespectral, estará en condiciones de delimitar, con precisión, el estrés fisiológico de la vegetación.

Samy Kharuf Gutiérrez
Samy Kharuf Gutiérrez (Foto: Ramón Barreras Valdés)

A gran escala, ¿qué perspectivas ofrecen los drones a la economía cubana?

—Esta es la manera que tiene Cuba para poder insertarse en el área de la agricultura de precisión. Brasil y Estados Unidos, por ejemplo, logran sus súper producciones de alimentos gracias a este método, que consiste en dividir los campos de cultivos en cuartones homogéneos, los clasifican  de acuerdo a sus necesidades y les aplican, indistintamente, las porciones de agua, minerales y plaguicidas que en realidad precisan las siembras. 

«En la agricultura tradicional empleamos las mismas cantidades de nitrógeno, agua, fertilizantes, herbicidas y plaguicidas, y lo que estamos haciendo es destruyendo, salinizando y envenenando nuestras tierras. En el mundo se apuesta por la agricultura orgánica porque los consumidores no quieren saber de los maduradores, y la agricultura de precisión favorece la obtención de producciones limpias, protege el medio ambiente y ahorra insumos.

«Ahora mismo trabajamos en la exploración del rigor vegetal: zonas sanas o estresadas de las plantaciones y la detección de enfermedades, pero comenzamos a incursionar en la identificación de niveles de minerales y de estrés hídrico.

«En el país, estos temas se han abordado de forma muy escueta y costosa, pues el trabajo académico, profundo y enfocado en la búsqueda de modelos y alternativas más económicas, solo lo hacemos en la UCLV. Nuestra propuesta ha repercutido de tal manera que, en la Convención Automática 2017, obtuvimos el premio de la Comisión de Agricultura de Precisión, además de la invitación  a participar en el evento internacional CubaIndustria 2018 ».

La Dra.C. Yailén Martínez Jiménez. (Foto: Ramón Barreras Valdés)
La Dra.C. Yailén Martínez Jiménez. (Foto: Ramón Barreras Valdés)

La joven Dra.C. Yailén Martínez Jiménez, jefa del Departamento de Ciencias de la Computación e investigadora del Centro de Investigaciones en Informática (CEII), también valora a la UCLV como una industria generadora de bienes sociales.

«En el CEII, algunos investigadores desarrollan propuestas de algoritmos, otros, estudios están orientados al tema de las bases de datos y, a la par, se implementan productos y aplicaciones utilizables en el sistema empresarial cubano. Resulta muy conocida la línea de las aplicaciones para dispositivos móviles (APK), las cuales favorecen la distribución eficiente de grandes volúmenes de información, además del diseño de sitios web, etc.

«Particularmente, trabajo en la línea de inteligencia artificial, enfilada en la optimización de los procesos de manufactura, cuya viabilidad ya quedó demostrada en una empresa granmense que emplea con éxito uno de nuestros productos.  

«Además, en nuestra condición de docentes, nos nutrimos de la investigación como vía para graduar profesionales cada vez más polivalentes y capaces de cumplir un rol determinante en el avance científico de Cuba. En una nación subdesarrollada, la formación de especialistas altamente calificados constituye la mejor inversión por la que se pueda apostar».

Nuestra «Marta Abreu»

Quienes pintaron —pintamos— de negro, de mulato, de pobre y de guajiro a nuestra gran casa común, siempre llevaremos las de ganar. Porque es tan linda, que te aprieta el pecho cuando pasas frente a la que fue tu aula. Porque allí creciste de sopetón. Porque en apenas cinco años viviste más que lo demorado en alcanzar tu propia altura. Nostalgias aparte, mucho antes de sus 65 aniversario y de sus kilómetros de campus, la «Marta Abreu» ya se había hecho inmensa.