Parrandear, pero sin jugar con fuego

Sobre el tapete el tema de la organización y desarrollo de las parrandas, Patrimonio Cultural de la Nación.

Parrandas de Remedios
(Foto: SMB)
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Los accidentes ocurridos durante la celebración de las parrandas de Remedios y Zulueta el pasado mes de diciembre, en los que varias personas sufrieron graves quemaduras, pusieron sobre el tapete el tema de la organización y desarrollo de una tradición cultural que, por su valía y permanencia, fue declarada desde 2013 como Patrimonio Cultural de la Nación.

La investigación, ejecutada por un equipo multidisciplinario del Ministerio del Interior en la provincia, en coordinación con un grupo de expertos en el manejo de artefactos pirotécnicos, arrojó que el hecho se produjo al ocurrir dos explosiones en el perímetro delimitado para el lanzamiento de los fuegos artificiales.

La causa de las detonaciones estuvo en el fallo de algunos tiros, cuyos residuos, al estallar a baja altura, se impactaron contra los sacos que contenían el resto de los artefactos explosivos. Sin embargo, el segundo estallido —el más potente, según los testimonios de quienes presenciaron el hecho— causó una onda expansiva  acompañada de gases, fragmentos y candela, lo cual alcanzó a varias de las personas que maniobraban con el fuego, además de a otros espectadores aglomerados en el área de lanzamiento.

Parrandas de Remedios
(Foto: SMB)

Según la indagación, el accidente se produjo como consecuencia de numerosas infracciones a la seguridad cometidas por los encargados de la actividad de los respectivos barrios parranderos, quienes violaron el Decreto Ley 225 de 2001 —norma el empleo de explosivos industriales, medios de iniciación, sus precursores químicos y productos tóxicos—, amén de otras irresponsabilidades que involucran también a las autoridades competentes que debían garantizar el buen desarrollo del hecho cultural.

Más allá de la competencia

Tras cinco siglos de historia, la parranda remediana sigue ahí, como fenómeno popular de la Octava Villa, intrínseco, además, al espíritu de la población que la bendice y le da vida.  No obstante, los sucesos del pasado 24 de diciembre movieron el pensamiento colectivo en pos de encontrar la mejor manera de preservarla sin que pierda su espectacularidad ni ponga en riesgo la vida de las personas.

Amelia Santana Lorenzo, una partidaria tenaz de los carmelitas, como se les llama a los seguidores del barrio El Carmen, piensa que el fanatismo no puede llevar a una competencia desenfrenada, como muchas veces ocurre, en la que lo más importante sea ganar, aunque para ello deban sacrificar la calidad del espectáculo.

«Hay que volver a los orígenes, a las raíces. Competir, sí, pero de forma sana y organizada. Ahora, en aras de triunfar, esto casi se convierte en una guerra, porque les dan demasiado protagonismo a los voladores, y eso, entre otras causas, le ha infringido mucho daño a la parranda».

Parrandas de Remedios
Parrandas de Remedios
(Fotos: SMB)

Por su parte, Alberto Sánchez Morilla, fanático de San Salvador, señala que existen algunos intereses turbios alrededor de la festividad, pues la mercantilización se ha antepuesto, en alguna medida, al hecho cultural en sí. «Se tergiversó el concepto original de la fiesta», lamenta.

Erick González Bello, director del Museo de las Parrandas, reconoce que la idea primigenia se ha viciado en los últimos años, lo cual conlleva, irremediablemente, a la pérdida de algunas de las tradiciones clásicas de la festividad remediana.

«Ya no se realizan las tómbolas populares, las donaciones o las tripletas, gracias a las cuales las personas contribuían al engrandecimiento de sus barrios. En cambio, se les paga altas sumas de dinero a determinados artistas de dudosa calidad, o permitimos que se contrate a un disc jockey que solo promociona reggaetón».

La institucionalización excesiva, asegura González Bello, también contribuyó a aniquilar una parte significativa de la espontaneidad popular que siempre rodeó a la fiesta. «Antiguamente, este pueblo planificaba la parranda durante todo el año. Hoy por hoy, muchos la recuerdan con apenas dos o tres meses de anticipación, cuando ya casi está por celebrarse, y los apuros solo provocan chapucerías, ¡o accidentes!, como los de Remedios y Zulueta.

«Deberíamos insistir en la idea de que se cree una entidad rectora, con cuerpo legal, económico, artístico y de infraestructura, que posea las facultades pertinentes para determinar la preparación y el curso de las parrandas».

Especialistas Museo de las parrandas, Remedios
Juan Carlos y Erick, especialistas del Museo de las Parrandas de Remedios. (Foto: SMB)

En tanto, Juan Carlos Hernández Rodríguez, especialista principal del Museo, reconoce la necesidad de recuperar la pirotecnia que siempre tuvo Remedios, pues no se concibe que haya que ir a Chambas o a Zaza del Medio para buscar esos elementos. Es decir, el fuego, que sin duda alguna  es la parte más peligrosa de la fiesta, se convirtió en una mercancía como otra cualquiera.

«Si bien los fuegos artificiales constituyen el último elemento artístico adicionado a la celebración, visto como el mecanismo capaz de conectar toda la dramaturgia, en los últimos tiempos se le ha otorgado demasiada relevancia. Es más: la mayoría de los asistentes consideran que el barrio ganador es el que más voladores tira, y esto es una celebración, no una guerra», añade Hernández Rodríguez.

Hablan de los presidente de los barrios

Nadie mejor que las personas encargadas de encauzar las iniciativas de El Carmen y San Salvador, para dilucidar los pormenores de lo ocurrido, y más que eso, sacar las lecciones pertinentes.

Nguyen Martínez Sierra tiene hoy el encargo de dirigir a la gente de San Salvador. Precisamente durante la presentación de su barrio se produjo el terrible incidente, lo que los movió a analizar el porqué de la tragedia, así como los modos de perfeccionar la conducción del proceso, evidentemente perfectible.

«Antes venían los especialistas a realizar el fuego de las carcasas fabricadas en PIROCAM, Camajuaní, lo cual constituía una garantía para el pueblo, porque se trata de un artefacto muy delicado y peligroso, similar a una granada, y requiere de una manipulación muy precisa». Sin embargo, lo que más asombra, según el presidente de San Salvador, es que por razones inexplicables esa práctica quedó en el camino, y son los artilleros de los barrios quienes asumen la tarea.

«Ese tipo de tiro se efectúa a través de un cañón, en el que se coloca el efecto pirotécnico o carcasa, pero luego del disparo, hay que limpiar el tubo para eliminar los residuos. Sin este paso queda comprometida la seguridad en la ejecución de las demás detonaciones. Muchas veces sucede que, al no consumarse bien el proceso, el próximo explosivo queda muy arriba, y ello induce a que no alcance la velocidad lineal correcta con la explosión y solo se eleve a muy baja altura, con lo que podría estallar con los demás efectos pirotécnicos del área de fuego. He ahí la explicación de lo ocurrido en Remedios», explica.   

En esta ocasión, el fuego se realizó con artilleros voluntarios del propio barrio, jóvenes de más de 17 años que nacieron y se formaron en la tradición, aunque no siempre con la preparación y experiencia necesarias, a pesar de que se les acredite e identifique según lo estipulado, argumenta Martínez Sierra.

José Enrique Jiménez, presidente del barrio El Carmen
Para José Enrique Jiménez, presidente del barrio El Carmen, urge una revisión integral de la fiesta. (Foto: SMB)

Al respecto, José Enrique Jiménez Gómez, al frente del barrio El Carmen y con más de 30 años en estos quehaceres, refiere que las parrandas, por sí solas, representan un riesgo,dada la presencia de elementos inflamables como la pólvora.

Señala que las fuerzas del orden público han estado apoyando el desarrollo de la festividad, un empeño nada fácil si se analiza que, en unos cientos de metros, se reúnen miles de personas, incluyendo indisciplinados que obvian las normas elementales de seguridad.

Sobre la utilización de las referidas carcasas, José Enrique sugiere priorizar el fuego tradicional, al que están acostumbrados por ser mucho más artesanal y menos peligroso que el especializado.

«Prefiero emplear el mortero tradicional producido por las fábricas pirotécnicas que nos abastecen —ubicadas en Ciego de Ávila y Sancti Spíritus—, aunque en la práctica esto también constituye un problema, porque se mantienen cerradas casi todo el año y solo funcionan cuando vienen las fiestas. No obstante, estas industrias tampoco cuentan con un abastecimiento estable de los productos químicos necesarios, muchos de los cuales debemos gestionar por medios propios. La pirotecnia de Remedios tiene que ser interna, pues ahorraríamos recursos, tiempo y ganaríamos en seguridad».

—¿Quiénes manipulan directamente la pirotecnia?

—Ese tipo de evento lleva por obligación un personal idóneo que antes ponía la Empresa de Producciones Químicas. Este, además, traía los tubos donde se coloca la carcasa y todo el material necesario, pero eso acabó hace años. Ahora nos encargamos nosotros, porque no queda otra opción. Sí le digo que resulta imprescindible probar los elementos explosivos antes de la fiesta, para determinar su calidad; sin embargo, eso tampoco se hace.

El presidente del barrio El Carmen manifiesta que urge extremar el control dentro del área del fuego, a fin de evitar la presencia de personas ajenas al espectáculo, o que se den fenómenos como colocar dos carcasas dentro del mismo tubo, lo cual ya ha sucedido más de una vez.

«Sin fuego, la parranda no sería parranda», dice José Enrique. Sin embargo, lo ocurrido demuestra con creces que habrán de cambiar muchas cosas. Remedios creció como destino de ocio en los últimos años, así que valdría la pena valorar el número de artificios a utilizar en la noche del 24 de diciembre. El espectáculo debe continuar con el brillo de medio milenio de historia, pero no a expensas de la vida de la gente.

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