La «reina» del helicóptero

La joven piloto de helicóptero teniente Yuliet Deronceles López es una de las pocas mujeres de Cuba graduadas de esa especialidad en las FAR. Un ejemplo de la valía de nuestras féminas, quienes celebran este 23 de agosto el aniversario 54 de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC).

Yuliet Deronceles, piloto de helicóptero.
Con más de 100 horas de vuelo, la joven Yuliet Deronceles ha demostrado que, para la mujer, no hay sueños inalcanzables. (Ramón Barreras Valdés)
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Su delicada femineidad sobresale por encima del uni­for­me. Camina con firmeza, pero con la gracia propia de la mujer cubana. Se llama Yuliet Deronceles López, una de las pocas mujeres capaces de maniobrar un helicóptero dentro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR).

Yuliet Doronceles, piloto de helicóptero.«Las mujeres pilotos hemos demostrado que sí podemos», expresa la teniente Yuliet. (Foto: Ramón Barreras Valdés)

La conocí en una unidad militar en Villa Clara, donde presta su servicio. Oriunda de Boca de Camarioca, Matanzas, hija de padre marinero y madre profesora, Yuliet decidió adentrarse en el hermoso y difícil mundo de la aviación. Con más de 100 horas de vuelo, la joven ha demostrado que, para la mujer, no hay sueños inalcanzables.

—¿Cómo surgió tu vocación?

—Siempre me había gustado lo militar. En la secundaria aplicaron las pruebas de ingreso a los «Camilitos» y aprobé. Allí hicieron las captaciones para pilotos. Me presenté y salí bien.

—¿Siempre tuviste la idea de pilotear un avión?

—No, no, al contrario, quería ser marinera como mi papá. Pero en la escuela me embullé a hacer las pruebas para piloto. Parece que el destino me tenía asignada esa carrera. Son exámenes muy fuertes en lo físico, lo personal, la salud... Fui aprobando poco a poco, hasta que al final dejé a un lado la marina y me incliné hacia la aviación.

—¿Qué dijeron tus padres cuando lo supieron?

—Mi madre se asombró mucho. Me decía, «¿Tú no querías ser marinera?» Luego le confesé que iba a cambiar de pro­fesión. Cada vez que yo iba a La Habana para las pruebas, ella se ponía tensa, nerviosa... En la actualidad, llevo dos años de graduada, y sigue preocupada como el primer día.

—¿Cómo has lidiado con una labor tradicionalmente dominada por hombres?

—En lo general la ejercen ellos, pero la mujer ha demos­trado que puede estar presente y cumplir cualquier tarea. Al principio choca, porque los mismos compañeros me comen­taban lo compleja que podía ser la profesión para nosotras. Pensé que iba a ser más difícil, aunque me fui adap­tando. Hay momentos en los que una tiene que sentirse igual que los hombres, porque es lo que nos toca hacer.

—¿Cuál ha sido la prueba más difícil que has enfrentado?

—Cuando monté arriba de una aeronave por primera vez. Esa impresión de volar, sin saber lo que me esperaba, me im­presionó mucho. No me sentía incapaz, pero cuando pien­sas en esa mole de hierro... Sin embargo, poco a poco se va aprendiendo, con la ayuda de los instructores de más ex­periencia.

—Me he fijado que tus compañeros te tratan como a una reina aquí en la unidad.

—(Ríe). Bueno, así mismo es. Aquí la mayoría de los pilotos son prácticamente ya mayores, pueden ser mis padres. Solo unos pocos somos contemporáneos. Pero, soy como la «rei­na», la primera para todo. Cualquier problema que tenga, acu­den a mí enseguida. Siempre me tienen extrema con­sideración.

Yuliet Doronceles con sus compañeros pilotos de helicóptero.Yuliet se siente la «reina» entre los pilotos. (Foto: Ramón Barreras Valdés)

—¿Qué te aconseja tu mamá?

—Todos los días me llama por teléfono, o yo a ella, pues si no se pone nerviosa. Me pide cuidarme, estudiar, que preste mu­cha atención a todas las instrucciones y tome las ex­pe­riencias que nos transmiten las personas mayores. Una siempre tiene que estar aprendiendo, y en nuestra profesión eso resulta esencial.

—¿Te has comunicado con las otras muchachas pilotos?

—Sí, han venido aquí. Ellas también pasaron el curso en esta unidad. Casi todas las semanas nos llamamos e in­ter­cam­biamos experiencias. Siempre estamos en constante co­municación.

—¿Cómo es tu vida personal?

—Normal. Mi vida es como la de cualquier mujer. Tengo mi relación y más adelante pensaré en mis hijos. Desearía que fueran pilotos. ¡Una familia completa de pilotos!

—¿Qué mensaje les transmitirías a aquellas que sienten temor de ser piloto por los prejuicios?

—Si tienen la oportunidad de hacer las pruebas para in­gresar a esta carrera, que lo hagan sin miedo. Las que somos pilotos de helicóptero hemos demostrado que sí podemos. Al principio da un poco de temor por la inexperiencia, pero des­pués, como cualquier tarea que se le encomienda a la mujer cubana, se puede hacer, se puede cumplir. Yo, en lo personal, digo que si lo desean de verdad y están seguras de estudiar esta profesión, que se lo propongan porque pueden salir adelante.

 

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