En la Jornada de la Prensa: Confesiones del ser y el saber hacer

El ser, el deber ser y el saber hacer se ponen en el punto de mira en la Jornada de la Prensa y giramos el catalejo a esos grandes de la UPEC que tutelan el camino.

Estudiantes de Periodismo junto colectivo de la CMHW
Estudiantes de la Universidad Central de Las Villas, junto a profesionales de los medios y profesores. (Foto: Cortesía de estudiantes de Periodismo)
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Usted que nos lee, ¿se imagina un mundo sin periodistas?, ¿cree que los periodistas solo funcionamos como meros vehículos de la información o que las nuevas tecnologías y la posibilidad de que usted se convierta en «prosumidor» están devaluando nuestra función social?

Si así lo considera, permítame discrepar, pues los profesionales de la palabra filtran, comparan y analizan la información; triangulan fuentes, buscan antecedentes, y se permiten especular, juzgar y profetizar acontecimientos.

Sí, ser periodista es más que «escribir o narrar bonito y fiel lo que ocurre». Ejercer el periodismo dignamente constituye un sacerdocio las 24 horas y los siete días de la semana; implica escudriñar y apresar la realidad con sus pros y sus contras. Ser éticos, pero irreverentes, romper dogmas y crear.

«El periodista es un artista de la instantaneidad. Debemos plasmar lo que el corazón nos dicte; jugar con la inmediatez y la responsabilidad», conceptualizó a esta redactora el periodista del Sistema Informativo de la Televisión Cubana, Wilmer Rodríguez Fernández.

Y es que los reporteros y el pueblo al que servimos vivimos en una eterna avidez, pues son nuestros lectores, radioescuchas o televidentes quienes encienden la llama de la noticia.

A pocos días de celebrar el Día de la Prensa Cubana, en cada medio de difusión la crítica, tanto personal como colectiva, hierve a borbotones. El ser, el deber ser y el saber hacer se ponen en el punto de mira y giramos el catalejo a esos grandes de la UPEC que tutelan el camino.

En esta ocasión, en Villa Clara la jornada de actividades se viste de luto y homenaje; tras perder físicamente al Premio Nacional de Periodismo José Martí y Premio Nacional de la Radio, Luis Orlando Pantoja Veitía, el pasado 3 de febrero, los fieles alumnos del gremio periodístico piden su palabra.

Nuestro Pantoja fue un eterno maestro y enamorado de la radio, un conquistador de emociones micrófono en uso; mas no concebía «a un periodista que no supiera escribir y escribir bien, ya fuera una nota, un guion, un informe, una carta. Escribir te obliga a poner en orden las ideas, a ser coherente de principio a fin, a que tu discurso tenga una lógica, a buscar la palabra precisa». Así declaró en cierta ocasión a su homóloga de Vanguardia, Mercedes Rodríguez García.

Y añadió como lección a los periodistas en ciernes: «Que sean defensores de las políticas públicas, de los valores humanos. El periodismo no puede separarse de la política ni de la ideología. De la política, porque es sobre todo acción; de la ideología, porque es la esencia de tu conciencia. Un periodista está obligado a leer, y tiene que saber interpretar, confrontar, deducir, observar».

Sus palabras nos llegan como prédica desde el ejemplo y ponen a futuros miembros del gremio a conceptualizar sobre el oficio. Para Amalia Ramos Pérez, estudiante de cuarto año de Licenciatura en Periodismo, su carrera es «un compromiso para con el pueblo, que necesita reporteros que tengan la ética como bandera en busca de la tan llevada y traída objetividad». Mientras que su compañera de aula Victoria Beatriz Fernández Herrera considera que «el periodista debe aborrecer las tranquilas redacciones e ir hacia la calle, perseguir el hecho, sacarle el zumo rápido, pero en profundidad, atajar la autocensura y la mediocridad».

Orgullosa ante el ímpetu de las nuevas generaciones, la reportera de CMHW María Teresa Valdés Sosa, galardonada con el Pemio Provincial de Periodismo «Roberto González Quesada» por la obra de la vida, expresa: «Ser periodista te convierte en una servidora pública, conlleva una responsabilidad extraordinaria con la noticia que damos, con las necesidades comunicativas de la audiencia que nos lee o escucha y con la fuente que brinda la información. Nos debemos, ante todo, a esos receptores que nos hacen líderes de opinión y nos obsequian su tiempo y confianza».

La Zeta, como la conocen sus compañeros y amigos, lleva más de tres décadas en el ejercicio del periodismo, y ante las dudas sobre el papel de la profesión en los tiempos modernos, manifiesta:

«El periodismo ciudadano democratiza cada vez más la información, pero muchas veces falta la técnica para trabajar la información y llegar a las fuentes; desgraciadamente en ocasiones se tergiversan los contenidos y circulan por las redes materiales burdos. El buen periodismo reclama más que disposición; requiere conocimiento, olfato para la noticia y mucho talento, pues es oficio, arte, profesión, y nunca morirá».

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