Pico Blanco late(+Galería)

He subido una y otra vez por el lomerío y he regresado a casa plagada de arañazos, de esos que los periodistas llamamos historias.

La vida cafetalera de los pobladores de Pico Blanco está arraigada hasta en los más pequeños.
La vida cafetalera de los pobladores de Pico Blanco está arraigada hasta en los más pequeños. (Foto: Dayana Darias Álvarez)
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Cuando la montaña os llega al corazón, todo viene de ella y os lleva a ella.

Franz Schrader

Pico Blanco es, sin duda, el lugar más impresionante en el que alguna vez he estado. Se encuentra en el municipio de Manicaragua y se llega por Jibacoa, por un camino (des)hecho para valientes.  Es quizás la montaña que más me ha costado escalar. He subido una y otra vez por el lomerío y he regresado a casa plagada de arañazos, de esos que los periodistas llamamos historias.

Casi a la altura de las nubes, el Escambray me pareció un lugar mucho más bonito. Julio nos esperaba, había hecho todas las advertencias correspondientes y, aun así, Pico Blanco, con sus perfectas tortuosidades, se me dibuja indescriptible.

Julio, el delegado

A sus 29 años, Julio Valladares es el delegado de Pico Blanco, pero no nació allí. Julio vivía en Manicaragua, entre risas nos contó que conoció a su mujer, Kirenia, y fue ella quien lo subió a las lomas de Pico Blanco. Por eso, a partir de ahora, cuando alguien me diga que se ha enamorado, le voy a preguntar si habla de un lugar o de una persona. En la voz de Julio cuesta distinguir cuándo se refiere a Kirenia o al lomerío.

Nos abrió las puertas de su casa, hizo de guía, cocinero, asistente de producción y amigo. Julio es como una de esas elevaciones rebeldes que crece en medio de la maleza y, acostumbrado a la luz, busca inquieto reparar los caminos que llevan a Pico Blanco. Porque Julio se sueña en esas lomas, y se declara «feliz».

Mucho más que un delegado, Julio, hombre hecho al campo, autoproclamado corresponsal de Radio Rebelde en el corazón del Escambray, caminero, padre de una niña pequeña, narrador empedernido, tiene una que otra pena, de esas que aquí abajo le decimos «guajirá». Conocerlo me hizo pensar en aquella frase de Chantal Maudit, porque Julio ha perseguido la felicidad y la montaña ha respondido a su búsqueda.

 La primera persona a la que Julio nos llevó a conocer fue Ricardo Turiño (Tongo), por aquello de Tongo le dio a Borondongo, Boronodongo le dio a Bernabé…

Tongo, el historiador

A Tongo lo encontramos cerca del hospital de Pico Blanco; se acercó a saludar: «Ya sabía que hoy venían periodistas».

Bastón en mano, y esquivando tropezones de piedras, dijo: gracias. En menos de dos minutos ya se había emocionado. Tongo quiere tanto a Pico Blanco que vernos allí le hizo pensar que todavía vale la pena defender un montón de cosas. Tongo aseguró aquello y nos invitó a contar la historia del lugar en décimas.

 Pico Blanco, tierra mía,

donde mis pasos primeros

enrumbé por los senderos

de tu abrupta geografía.

Admiro la gallardía

de tus montañas umbrosas

y esas formas caprichosas

semejan glúteos torneados,

y los senos bien formados

de tus mujeres hermosas.

 

Benedicta, la cafetalera

A Benedicta Corcho también la encontré por el camino, hablamos un rato sobre su día a día y ella propuso la primera colada de la mañana. A fuego lento, y mientras la leña se consumía, empezamos a conversar. «Yo soy una mujer sola» —no paraba de repetir. Ella, cafetalera y «mujer hasta las trancas» anda sin miedos.

Salimos sobre las 7:00 a. m. de su casa camino al cafetal. Se baja la lomita, se cruza el río, se vuelve a subir y a bajar, y se cruza el mismo río repetidas veces. Agarra camino y en lo que mis pies contaron tres kilómetros aproximadamente, ella, jabuco al hombro, empezaba a recoger los granos del café arábico, que es su favorito.

 Los niños, que solo son niños

Tengo que reconocer que no esperaba que en Pico Blanco hubiera muchos niños. La comunidad tiene solo 197 habitantes y se trata, en su mayoría, de personas de avanzada edad. Pero los niños fueron, desde el minuto uno, hilo conductor de nuestra visita. El primero que conocí se llama Ángel Gabriel. Acompañaba a Julio, el delegado y, niño al fin, se enamoró intuitivamente de nuestro equipamiento de cámaras.

Con algo de confianza empezó a hacer sus propias fotos y se sonreía a sí mismo. Su mamá es de Pico Blanco, pero él vive y estudia en Santa Clara. Le pregunté dónde le gustaba más, y el muy pícaro solo respondió:

—Yo nunca voy a dejar de venir a estas lomas.

La visita a la escuela rural Camilo Cienfuegos fue uno de los momentos de mayor felicidad, ellos uniformados, ellos sonrientes, algunos con más reservas que otros, de chascarrillos y abrazos. Los pequeños se me prendieron como guisasos en los cordones de los zapatos. En Pico Blanco los niños son otro Escambray para explorar.

Cristian siempre me miró con demasiada seriedad; aun así, se le escapó una sonrisa a medio camino. El día antes de regresar estábamos filmando la entrevista de Julio, yo sostenía el micrófono, y corriendo descalzo vino y me abrazó. Estoy convencida de que el abrazo de un niño será la solución, cuando en nuestras montañas quede poco más que lo áspero de la tierra.

Poco a poco y en sus voces fui hilando las historias:

—Yo soy la nieta de Benedicta.

—El arriero es mi papá.

—Yo vivo allá atrás, cuando cruzas el río, en las Brisas.

Los niños son el mejor mapa de Pico Blanco, los niños y el verde están por todos lados.

 Los viejos, la otra historia

Hay un proverbio tibetano que dice: «Quien ha escuchado alguna vez la voz de las montañas nunca la podrá olvidar». Así se dibujó Tongo. Comenzó hablando de Obdulio Morales, el primer mártir del Escambray. Obdulio es en Pico Blanco lo que el aire a la montaña. Yo, que estudié en una escuela que lleva su nombre, no tenía idea de su magnitud.

Allí se encuentra la tarja de Obdulio, un homenaje a su valentía y consagración a la lucha contra bandidos. Tongo, que se sabe esta y todas las historias de memoria, explicó que cada 12 de septiembre se realizan caminatas y excursiones desde el poblado de Jibacoa para llegar al lugar donde se rinde tributo a Obdulio.

Los abuelos se iban acercando  a la conversación y Julio señalaba:

—Mira, otro «potrico».

Los potricos son los viejos, los combatientes. Aquellos que alguna vez le siguieron los pasos al Caballo de Mayaguara, Gustavo Castellón. De él se dice que fue quien más bandidos mandó al otro lado. Y bueno, lo de potricos les viene por herencia a muchos mayores en Pico Blanco.

Rogelio Couto (Yeyo) bajó la loma cuando nos vio. Traía una bandera con más de un agujero y colores opacos: «Es vieja, nos dijo, del primer 26 de Julio. Es para ustedes».

Cuando vas a buscar historias al Escambray, piensas que podrás contarlas todas, que escribirás mucho, y que al final será divertido y simple, pero no. De Pico Blanco traje poco, la verdad, siento que fue más lo que dejé por aquellas lomas. A más de una montaña le prometí volver. Regresé con el miedo de no poder cumplir mi promesa, con la risa de Julio como eco, con unas décimas de Tongo, con el gusto, el olor y el tacto del café de Benedicta; el abrazo de un niño que me quiso por nada y la herencia de Yeyo, que solo es un hombre amarrado a la bandera.

Amarrado

Érase un hombre amarrado a la bandera

y yo con miedo.

Érase un hombre al sol,

y yo mirando,

yo muriendo a dos palmos de su piel,

temblando por la tela y por lo rojo.

Porque aquel hombre amarrado era mi abuelo,

y era su sangre

y su machete la herejía.

Era mi fe, y a solo un palmo de su mano,

yo fui la nada.

y era un veintiséis,

casi a la izquierda,

casi sin vida.

Érase un hombre amarrado a la bandera,

y yo sintiendo,

y yo con poco,

y él era un hombre,

y ya.

La montaña

Las impresiones de Pico Blanco, y el objetivo inicial de realizar una serie audiovisual me hicieron volver a lo más alto del Escambray acompañada por mis amigos de Rural Media Cuba y 4 Caminos Producciones. No hubo mejor lugar en mi agenda periodística para festejar el día internacional de la montaña.

Hacer visible, a partir de historias de vida, la cotidianidad de quienes contribuyen con su quehacer diario al cumplimiento de algunos de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la agenda 20-30 de las Naciones Unidas. 

Historias de Pico Blanco tiene el sello del artista audiovisual de 4 Caminos Producciones, Lorenzo Carlos Rodríguez Machado: «Estamos muy contentos con el resultado, y nos hace mucho más felices celebrar el Día Internacional de la Montaña con quienes dan vida al proyecto. Desde aquí arriba el mundo se percibe de una forma mucho más bonita; por eso la serie trasciende lo estético, porque lo que le da verdadero valor son las personas de aquí».

Jóvenes de la Federación Estudiantil Universitaria y la Asociación Hermanos Saíz proyectaron artes y saberes sobre los pobladores de la localidad como parte, además, de la festividad por el Día Internacional de los Derechos Humanos.

A modo de acampada, con la luz de la luna y una fogata se realizaron también actividades sociocomunitarias dedicadas a los más pequeños. Javiel Fernández Pérez, coordinador general de Rural Media, explicó: «Se trata de un proyecto sin fines de lucro que no hubiésemos podido hacer sin el amparo de instituciones y organismos. Historias de Pico Blanco hubiese sido imposible sin el acompañamiento de 4 Caminos Producciones, el abrazo del Comité Provincial del PCC en Villa Clara, la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños en Villa Clara, la Unión de Periodistas de Cuba y la Empresa Agroforestal Jibacoa».

En la cima del Escambray, la montaña sigue latiendo al son de su gente, de los grandes cafetales, de los más viejos que esbozan la sonrisa del tiempo, y de sus niños, que traen la frescura y la diversidad prestos a celebrar y reforzar nuestra identidad nacional.

Gente de Pico Blanco

Tongo es conocido en Pico Blanco como el historiador local, las décimas que guarda en su viejo cuaderno de notas son un tratado de cubanía que trasciende las lomas. (Foto: Dayana Darias Álvarez)
Tongo es conocido en Pico Blanco como el historiador local, las décimas que guarda en su viejo cuaderno de notas son un tratado de cubanía que trasciende las lomas. (Foto: Dayana Darias Álvarez)
Cirilo Couto Angerit es el arriero de Pico Blanco. Sus manos y el lomo de sus mulos cargan todo el peso del café cosechado en esta parte del Escambray villaclareño. (Foto: Dayana Darias Álvarez)
Cirilo Couto Angerit es el arriero de Pico Blanco. Sus manos y el lomo de sus mulos cargan todo el peso del café cosechado en esta parte del Escambray villaclareño. (Foto: Dayana Darias Álvarez)
La vida cafetalera de los pobladores de Pico Blanco está arraigada hasta en los más pequeños.(Foto: Dayana Darias Álvarez)
La vida cafetalera de los pobladores de Pico Blanco está arraigada hasta en los más pequeños.(Foto: Dayana Darias Álvarez)
Los niños de Pico Blanco disfrutan a plenitud de la naturaleza.(Foto: Dayana Darias Álvarez)
Los niños de Pico Blanco disfrutan a plenitud de la naturaleza.(Foto: Dayana Darias Álvarez)
Rogelio conocedor a cabalidad de la historia de Cuba bajó de las lomas con la bandera cubana que Camilo llevó a la Habana aquel histórico 26 de julio.(Foto: Dayana Darias Álvarez)
Rogelio conocedor a cabalidad de la historia de Cuba bajó de las lomas con la bandera cubana que Camilo llevó a la Habana aquel histórico 26 de julio.(Foto: Dayana Darias Álvarez)
Con una población sumamente envejecida, las montañas del Escambray siguen latiendo en el centro de Cuba.(Foto: Dayana Darias Álvarez)
Con una población sumamente envejecida, las montañas del Escambray siguen latiendo en el centro de Cuba.(Foto: Dayana Darias Álvarez)
Con los ojos cansados y más de una pena por contar la sonrisa de personas como Macho no escapa del paisaje. (Foto: Dayana Darias Álvarez)
Con los ojos cansados y más de una pena por contar la sonrisa de personas como Macho no escapa del paisaje. (Foto: Dayana Darias Álvarez)
Leticia es una de las maestras de la escuela de Pico Blanco, enamorada del paisaje llegó al lugar  para realizar su servicio social y se quedó.(Foto: Dayana Darias Álvarez)
Leticia es una de las maestras de la escuela de Pico Blanco, enamorada del paisaje llegó al lugar para realizar su servicio social y se quedó.(Foto: Dayana Darias Álvarez)
La inocencia de los pequeños de la comunidad solo podría compararse con la bondad de sus habitantes.(Foto: Dayana Darias Álvarez)
La inocencia de los pequeños de la comunidad solo podría compararse con la bondad de sus habitantes.(Foto: Dayana Darias Álvarez)
Muchos de los niños de Pico Blanco ni siquiera han llegado a conocer la capital provincial.(Foto: Dayana Darias Álvarez)
Muchos de los niños de Pico Blanco ni siquiera han llegado a conocer la capital provincial.(Foto: Dayana Darias Álvarez)
Meliany es nieta de Benedicta, cafetalera conocida por todos en Pico Blanco, estudia en la escuela rural Camilo Cienfuegos y orgullosa cuenta historias sobre su abuela.(Foto: Dayana Darias Álvarez)
Meliany es nieta de Benedicta, cafetalera conocida por todos en Pico Blanco, estudia en la escuela rural Camilo Cienfuegos y orgullosa cuenta historias sobre su abuela.(Foto: Dayana Darias Álvarez)
A sus 63 años Benedicta transita todos los días por largas distancias hasta llegar a los cafetales, para Benedicta y para quienes aman Pico Blanco este es un acto esperanzador. (Foto: Dayana Darias Álvarez)
A sus 63 años Benedicta transita todos los días por largas distancias hasta llegar a los cafetales, para Benedicta y para quienes aman Pico Blanco este es un acto esperanzador. (Foto: Dayana Darias Álvarez)

Se han publicado 27 comentarios

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  • Lisvany Martín

    Buenas tardes.
    Inspiradora historia, periodista. Los rostros de la montaña —en el más poético de los sentidos— son verdaderos rasgos de vida y esperanza. Su humildad y sencillez, cual doctrinas de la existencia, inspiran fe en el porvenir y aseguran un mañana de hombres y mujeres de bien.

    Su emotivo artículo me hace recordar el pensamiento de dos ilustres personalidades:
    «Si realmente amas la naturaleza, encontrarás la belleza en todas partes».
    Vincent van Gogh, pintor neerlandés.

    «Se siente una tristeza inmensa al ver cómo la naturaleza habla y el género humano no escucha»
    Victor Hugo, escritor francés.

    El geográficamente abrupto pero humanamente gigantesco Escambray es sitio de hombres y mujeres consagrados al cuidado de la naturaleza y de fervientes enamorados de su lomerío.

    • Dayana Darias

      Lisvany Martin muchas gracias por leerme y por tan bonitas palabras. La gente de Pico Blanco me inspiró en muchas maneras, supongo que será cosa de la magia de las montañas.

  • Matt

    Hermoso trabajo ??????

    • Dayana Darias

      Gracias!

  • Ernesto

    Mis respetos a todos los habitantes del campo y de lomeríos.

  • Pool

    Muy bonito el artículo. Pico Blanco es un bello lugar con habitantes muy nobles y hospitalarios. He ido pocas veces, y he tenido deseos de quedarme. Es un lugar que te cautiva en lo más hondo.

    • Dayana Darias

      Gracias por la lectura.

  • El 3men2

    Buenisísimo este trabajo, me hace recordar un pensamiento muy positivo que experimente cuando hace 6 años visité a la comunidad Los Horneros de Guisa Granma, que ojalá ustedes periodistas hagan trabajo por ahí también, de veras, no se arrepentirán...

    • Dayana Darias

      Muchas gracias

  • Soledad turiño

    Nacida y criada en esas lomas sobrina de tongo el historiador de pico blanco jaja asi le ha dicho siempre mi papa que tristeza me da que de pico blanco solo queda el nombre el que lo conocio mucho antes de cuando se despulpaba cafe de sus caminos anchos hoy solo ve sombras todavía en mi mente me siento y lo recorro entero esa es mi tierra a pesar de estar viviendo en santa clara ese pedacito vive en mi ojala y sea verdad y le arreglasen el camino pero tienen que visitar también la tarja de Enrique Villegas donde en una ocasión sembramos el árbol del centenario alli perdieron la vida esos martires que de obdulio morales solo queda el nombre en la escuela secundaria y de Enrique villegas el nombre de una empresa aquí en santa clara

    • Dayana Darias

      Ya nos advirtieron en Pico Blanco que allá todos son familia, por supuesto, este comentario me ha hecho muy feliz. Gracias por leerme.

  • Luisa

    Recogi café en Pico Blanco como estudiante de la UCLV a finales de los 60. Experiencias inolvidables, desde nuestro traslado a pie desde Los Naranjos y los bultos en arrias de mulos, hasta la generosidad y sencillez de aquellos guías que nos llevaban hasta los cafetales, nos enseñaban a recoger el grano y nos sorprendían con racimos de plátano manzano para nuestro deleite. Realmente una experiencia única.

    • Dayana Darias

      Las personas de Pico Blanco siguen siendo de la forma en que usted los describe. Muchas gracias por leer este trabajo.

  • Crispìn

    Usando un lenguaje franco,
    màs que en prosa; en poesìa
    nos muestras la geografìa
    hermosa de Pico Blanco.
    Hablas del rìo, del barranco,
    con natural sencillez
    y para màs brillantez
    unes con sapiencia y "maña"
    lo bello de la montaña
    al quehacer del montañès.

    • Dayana Darias

      Nuevamente le agradezco
      Don Crispin por la lectura,
      Me halaga estar a la altura
      De un verso que no merezco.
      Pero entre poetas crezco,
      Y Pico Blanco me inspira.
      La décima tan guajira,
      Tan vivamente cubana
      Me sorprendió una mañana,
      Allá, donde el sol conspira.

  • SaraL

    por los años 97-98 fui dos veces a Pico Blanco por escuela al Campo a recoger café un mes cada año, fui siempre al mismo lugar, a casa de un campesino llamado Vega, y su esposa Blanca, su hija, Vioslaidy y su hijo Vioslando, me acuerdo con nostalgia y cariño de todos ellos. donde fuimos muy bien atendidos, tanto los alumnos como los profesores, un lugar sin dudas bello, me encanta el escambray . un saludo para ellos donde quiera que se encuentren.

  • Adrián

    Quisiera saber si Benedicta es natural de güinia de Miranda

    • Dayana Darias

      Adrián estoy casi segura que sí, ella me contó que tiene familia allá.

  • Yasiel Perez

    Yo soy de Manacas municipio Santo Domingo ,e bicitado un lugar que es mui parecido a picos blancos, que se llama boquerones...I cuando fui fue una experiencia inolbidable

  • Lion

    Hola, soy un joven de Matanzas y andaba por aquí navegando en la red y encontré ésta publicación. Siempre me ha caracterizado el espiritu aventurero de viajar, conocer y descubrir, o simplemente "perderme por ahi" como suelo decir, y escapar de la ciudad. Felicito por ese buen trabajo realizado. Muy bella la historia y también la forma de contarla; la verdad me gustó mucho. Entra en mi lista desde hoy y cuando pueda visitaré ese lugar. Saludos y Gracias.

    • Dayana Darias

      Gracias por leernos y que viva el espíritu viajero.

  • Lion

    Una belleza. Me encantó!
    Saludos.

    • Dayana Darias

      Muchas gracias

  • Reinaldo Mujica Cruz

    En pico blanco pase el frío más grande de mi vida, dos días recogiendo café, pero pude salvarme porque encontré el fogón de leña donde hacían la comida y me acosté adentro de él. Pero muy bella geografía,

    • Dayana Darias

      La experiencia del frío es algo que ambos compartimos. Muchas gracias por leer.

  • Lidice

    Mi primo fue médico en Pico Blanco. Recuerdo que fuimos a visitarlo mis tíos y yo cuando tenía altededor de 11 años. Ni por mi mente pasó que iba a tener que caminar tanto cuando la guagua nos dejó en Jibacoa. Era un día lluvioso y se nos hizo muy difícil subir esas lomas tan empinadas pero entre tanto paisaje bello y esos helechos que salen en sus lomas el camino se nos hizo más corto. Tuve la oportunidad de conocer a Paula la enfermera del Che pero lo que más disfrute fue el río que nos quedaba muy cerca del consultorio. Cuando amanecía lo primero que divisaba era el río. En aquellos días estaba muy frío pero no importaba. Ah! Mi primo se llama Pedro. Segura estoy que muchos lo recuerdan aún.

  • José Alberto Roche Acosta

    Buen trabajo periodístico, felicidades para los pobladores de esa comunidad de campo.