El orgullo de ser guajiro

El campesino Héctor Correa Martí­n sobresale en Manicaragua por su historial y aportes al Programa Alimentario.

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Lisvany Martí­n Rodrí­guez (estudiante de Periodismo)
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07 Julio 2021

Sus manos, curtidas por la tierra, distinguen a Héctor Correa Martí­n, un hombre que ha dedicado su existencia al trabajo en el campo, y sin esperar más remuneración que el olor de su cosecha, construye una admirable historia entre surcos y arboledas.

Desde la finca Los Cedros, este agricultor y ganadero, vanguardia provincial e integrante del Consejo de Dirección de la cooperativa de créditos y servicios Renato Guitart, sobresale por sus aportes, a fin de lograr la soberaní­a alimentaria en el municipio de Manicaragua.

Héctor Correa Martí­n, campesino de Manicaragua.
Los desvelos del agricultor manicaragí¼ense Héctor Correa Martí­nez, de la cooperativa de créditos y servicios Renato Guitart, lo han hecho acreedor de las medallas Romárico Cordero y Antero Regalado, así­ como del sello especial José Ramí­rez Cruz. (Foto:    Lisvany Martí­n Rodrí­guez)

Con un café de bienvenida y un atento saludo, el también merecedor de las medallas Romárico Cordero y Antero Regalado, y el sello especial José Ramí­rez Cruz, accedió a una entrevista para Vanguardia.

¿Campesino por elección propia o por azares de la vida?

Yo dirí­a que por elección propia. Nací­ en una familia humilde y campesina. De niño vi cómo mis abuelos, padres y tí­os preparaban la tierra; yo los ayudaba en las labores agrí­colas. Siempre tuve mayor inclinación por el campo que por la escuela. Fui creciendo en ese ambiente y, cuando tuve oportunidad, me dediqué a trabajar con ellos. El tiempo pasó, y me convertí­ en el agricultor que soy.

Su abuelo materno fue un hombre de principios, fundador de las primeras cooperativas agropecuarias. ¿Cuánto heredó de él?

Mi abuelo Vicente fue un ejemplo para mí­. Me daba consejos cuando hací­a falta, y me enseñó a amar la tierra donde nací­ y a esforzarme en cualquier cosa que hiciera. Fue un hombre muy noble y nunca le tuvo miedo al trabajo. Me trasmitió su energí­a, laboriosidad y carácter. Agradezco mucho a la vida por haberlo conocido.

¿Su familia lo apoya en las actividades de la finca?

Mi familia me impulsa a seguir trabajando. Sin ellos no serí­a nada, de verdad. Mi padre es el encargado de entregar la leche al termo de la comunidad, y me ayuda en la siembra y riego de los cultivos. Mi mujer siempre está a mi lado en cualquier tarea del campo. Ella también cuida de los puercos y las gallinas. Mis hijos y mi yerno nos apoyan cuando están en la casa. Todos estamos unidos en esta batalla.

A pesar del cambio climático y la escasez de fertilizantes e insecticidas, logra buenos resultados productivos. ¿Cuál es su estrategia?

Mire, puedo decirle que no hago nada del otro mundo. Se trata de rotar los cultivos, usar abonos orgánicos, introducir otras variedades de semillas, regar las plantaciones cuando lo necesitan…, pero lo fundamental está en la mano del hombre, la dedicación, esmero, y amor por la tierra.

¿Cuáles son los principales cultivos que aporta a la alimentación del pueblo?

Calabaza, melón, maí­z, yuca, plátano, frijoles…, que se venden a los pobladores de las comunidades de Manicaragua.

¿Y sobre la entrega de tabaco y leche vacuna?

Años atrás hice semilleros para abastecer de posturas a los tabacaleros de la zona. En esta campaña me he dedicado a cultivarlo directamente. En estos momentos, mi plan de siembra es de una hectárea.

«Me gusta mucho la ganaderí­a. Entrego, más o menos, unos 15 000 litros de leche al año, aunque la sequí­a de los últimos meses fue muy mala para las reses. Tengo un contrato con Comercio y otro con la Empresa de Productos Lácteos ».

¿Qué hace Héctor Correa en una jornada diaria de trabajo?

A las 5:00 de la mañana ya estoy despierto y me incorporo al ordeño de las vacas junto a los trabajadores de la finca; luego, a eso de las 7 y 30, almacenamos la leche y la llevamos al termo comunitario. Después, voy para la finca a preparar las tierras o atender los sembrados, en dependencia de lo que haya que hacer.

«Por la tarde sigo en la faena. Arreglo los potreros, preparo la casa de tabaco, y pastoreo los animales. Hasta de noche estoy haciendo algo; por eso, siempre me siento a comer a la hora de la novela. Creo que solo descanso cuando estoy durmiendo ».

Metas por cumplir...

Muchas. Crecer en rendimientos productivos, entregar más alimentos al pueblo, y una muy importante: visitar el cementerio Santa Ifigenia, en Santiago de Cuba, para hablarle al Comandante en Jefe Fidel Casto Ruz y agradecerle por todo.

¿Mensaje para los jóvenes que le temen al trabajo en el campo?

Me alegra que haga esa pregunta. Siempre les digo a los muchachos que el campo no mata a nadie; al contrario, te llena de valores humanos. Hay que pensar que, si nadie produce, entonces, de qué vivimos. Es verdad, los médicos son muy importantes porque cuidan la salud; los maestros, porque enseñan; pero, ¿quién garantiza la alimentación del pueblo?

«Como expresó nuestro presidente Miguel Dí­az-Canel Bermúdez, esta es una tarea de seguridad nacional ».

Gran parte de su familia reside en Santa Clara, ¿ha pensado irse?

¡Ni pensarlo! Héctor Correa nació en estas tierras y aquí­ se queda. Tengo raí­ces profundas, muchacho. Si me voy, mi vida no va a tener sentido; yo soy un hombre de campo. ¡Hay mucha tierra que arar todaví­a!

Entonces, ¿con el orgullo de ser guajiro?

¡Claro que sí­, compay!

Héctor Correa es una de esas personas que, con expresión sencilla pero muy honesta, denota humildad y amor patriótico. Su entrega al trabajo, constancia y compromiso, lo convierten en ejemplo. Con sombrero de guano, machete en vaina, guataca al hombro, y un gran corazón, sigue haciendo historia, consciente de que, como aseguró Martí­: «Si el hombre sirve, la tierra sirve ».

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