En las cercanías de Cayo Bejuco y por caminos polvorientos se llega a Las Lomas, la finca del usufructuario Norberto Comas Falcón, un cosechero de frutales y granos que, siete años atrás, cuando tomó posesión de los suelos solo abundaba allí marabú, infestación de plantas invasoras eliminadas de la zona con paciencia y mucho trabajo.
Por la voluntad del guajiro algunos vecinos alegaron cierta locura en un hombre que desde el volante del camión percibía un salario fijo en la Empresa Agropecuaria de Santo Domingo. Antes, en cultivos para el sustento familiar, probó suerte en la ganadería, pero estaba consciente que en los frutales, por particularidades de suelos poco explotados, carentes de agua y permeables a las lluvias, «echaría la suerte » en los campos.
Trabajo doble. No abandonó su misión de transportista y se asoció a la Cooperativa de Producción Agropecuaria (CCS) Rubén Martínez Villena, en Cascajal, una organización de base destacada por sus resultados en la ganadería, el arroz y los cultivos varios.
En la actualidad Comas Falcón dispone de 26.84 hectáreas (2 caballerías) de siembras en fomento, y allí abunda la plantación de piña, variedad Roja Española, un cultivo de doble propósito por las características de una pulpa dulce y ácida de gran aceptación en los consumidores en consumo fresco y conservas.
Cada tres años renueva la plantación en una superficie que abarca unas 15 ha en cada ciclo, y allí en suelos rojos obtiene durante las cosechas frutos que rebasan las 5 libras de peso.
De la piña, el mayor productor de la Reina de las Frutas en Santo Domingo, dijo que constituye un «cultivo noble, pero muy agresivo para el laboreo porque siempre saca sangre al cuerpo del agricultor expuesto a hojas con aguijones pequeños, muy cortantes al menor descuido cuando no se emplean medios de protección apropiados durante las atenciones culturales y etapas de recolección », resaltó.
Unas 90 toneladas ya se comercializaron, añade el agricultor. Al sitio va casi todos los días, pero fundamentalmente los fines de semana luego de concluir las faenas de trabajo habitual con el camión. Recorrer los surcos, imparte orientaciones a otros cinco campesinos que lo acompañan de manera habitual en el campo, y prepara otras áreas de siembra de cultivos varios.
Los meses de primavera, como ahora, son los más difíciles para el trabajo. «Hay que combatir las malas hierbas. Todo obliga a planificaciones constantes, sobre todo porque apelamos a una agricultura de tipo orgánica en la cual el riego de estiércol de bovinos y biofertilizantes contribuyen a incrementar los rendimientos por área », aclaró.
Aquí, aclaró Comas Falcón, la floración inducida de manera artificial, permite frutos mayores en tamaño y peso, y se estimula una segunda parición, solo que al lograrla la piña no tendrá similares dimensiones y rendimientos de la primera cosecha.
En las cercanías de esos sembrados abundan asociaciones de cultivo (mango, plátano, maíz, frijol, yuca y malanga), y se atenúan las plagas y enfermedades «con reducción de depredadores en los campos », acota el productor según la sapiencia campesina. Con ese vínculo entre plantaciones saca beneficios en el mejoramiento del suelo a partir de incorporación de materia orgánica, plantaciones de leguminosas, idóneas en la fijación de nitrógeno atmosférico, así como evita hierbas indeseables, principalmente en primavera.
Eso representa una responsabilidad para «conseguir mayores volúmenes en cosechas, no por lo que significan en dinero necesario además para solventar inversiones, y sí por lo que establece en frutos para la alimentación del pueblo y la sustitución de importaciones.
De aquí, «no solo salen producciones de piña hacia los mercados, las industrias conserveras, donaciones a centros de aislamientos en los cuales se decide el enfrentamiento al SARS-CoV-2 y las secuelas que deja la enfermedad. También de acuerdo con estrategias de la Agropecuaria Santo Domingo se establecen mecanismos para insertar en un futuro las cosechas en la Zona Especial de Desarrollo Mariel, una ruta posible en el destino nacional y la exportación », aseguró Comas Falcón, quien estima entregar a la comercialización unas 300 toneladas antes que concluya el año.
En maíz, a pesar de suelos con ínfimo riego de agua a partir de la explotación de un pozo artesiano, sembró 14 ha de ese grano en el período de primavera. En otra área pequeña también plantó frijol de diversos tipos para ventas de semilla contratadas con el sector estatal.
Del platanal, donde abundan variedades del burro ya en demolición, así como las áreas ubicadas en el maizal serán aprovechadas para incorporar unas 15 000 plantas de mango. Probará con el denominado Mario, no incluido antes en la finca, aunque no menosprecia las bondades que aporta el Haden, Super Haden, Minin y Chino, acotó el productor.
De esas variedades de mango tiene algunas plantas en las cercanías de las zonas de cultivos, pero indica que con el «Mario » cree que le irá mejor durante las siembras y el fomento-desarrollo de un tipo de fruta, idónea al igual que la clase de los «Haden » para la industria conservera.
Según la experiencia de Comas Falcón, tomada de conversaciones y los consejos de otros campesinos, con la plantación de mango aprovechará suelos para intercalar cultivos, entre los cuales aparece el frijol, pepino, y calabaza, aseguró. Esas son razones, de acuerdo con la sabiduría de otros agricultores, para salir adelante en los pronósticos productivos.