El Chévere de la Constructora

Jorge Luis Rodríguez Araújo no se considera tan  chévere al punto de merecer ese apelativo.  Sin embargo,  recibe la admiración y el respeto de los trabajadores que le rodean.

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Vanguardia - Villa Clara - Cuba
Jorge Luis Rodríguez Araújo junto al Dr Tomás Pérez Rodríguez, del hospital pediátrico José Luis Miranda (el otro Héroe del Trabajo de Villa Clara este año) (Foto: Ramón Barreras Valdés)
Lety Mary Alvarez Aguila
Lety Mary Alvarez Aguila
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19 Mayo 2026

«No sé por qué me dicen así», fueron las primeras palabras de alguien que dice responder a un apodo contradictorio. Jorge Luis Rodríguez Araújo no se considera tan chévere al punto de merecer ese apelativo. Insiste en que su personalidad refleja todo lo contrario. Sin embargo, la cuna del sobrenombre ha albergado el nacimiento de las mayores satisfacciones de su vida. La Empresa Constructora Militar No. 3 de Villa Clara (ECM-3) significa más que un centro de trabajo: para Rodríguez Araújo representa la razón de sus días. Recientemente, recibió el Título Honorífico de Héroe del Trabajo de la República de Cuba. Todavía incrédulo ante la noticia, abrió las puertas de su oficina en la Unidad Básica de Aseguramiento de la ECM y, desde allí, dialogó con Vanguardia sobre su trayectoria y quehacer.

«Soy de Camagüey y en los años 70 vine a estudiar aquí. Me hice técnico medio en Construcción. Muy joven me casé y luego hice una vida aquí. Llevo más de 40 años en Santa Clara». Aunque el sector de la Construcción no figuraba entre los gustos del joven Jorge Luis, se decidió por el técnico como alternativa de estudio. Después de ello, se familiarizó con la rama y nunca rondó por su mente la idea de trasladarse a otro sitio. En el año 1982 lo ubicaron en la Constructora Militar que radicaba en la Base Aérea y, desde entonces, solo se ha dedicado a esta entidad.

Recientemente, Rodríguez Araújo recibió el Título Honorífico de Héroe de Trabajo de la República de Cuba (Foto: Lety Mary Alvarez Aguila) 

«Estuve tres años en Angola, en una dirección de aseguramiento; pasé cinco años en Cienfuegos y también he trabajado en sitios como Manicaragua. Luego, las estructuras cambiaron y le planteé un día al director de la Empresa que se creara esta unidad, que funciona hace alrededor de 10 años. Ostenta la condición de Referencia Nacional, tiene todos los almacenes certificados y más de 300 trabajadores. Se trata de la segunda unidad más grande de la Empresa Constructora.

«Soy el director, el que guía; aunque hay un buen equipo a mi lado, así que el mérito no es solo mío. Excepto el domingo, suelo llegar a las 5:45 de la mañana y, al rato, vienen los demás. Por la tarde nos vamos después de las siete. En definitiva, siempre andamos juntos. Acá disponemos de todas las grúas, rastras, alimentación, combustibles, neumáticos, baterías, es decir, una unidad de aseguramiento».

El Chévere alude constantemente a la relación con sus subordinados, puesto que para él no existe el rol de jefe como un ente aislado. En los predios del enclave que dirige, las soluciones se gestan desde un pensamiento colectivo.

«Siempre digo: “este matrimonio se faja, pero no se divorcia”. Ser jefe resulta complicado. A veces no todo sale como piensas, se presentan dificultades, discusiones…; sin embargo, seguimos hacia adelante, haciendo, buscando alternativas de solución. Nos ocupamos de las condiciones de vida de los trabajadores, priorizamos la atención al hombre. Pensamos en sus meriendas y almuerzos; si ellos o las familias atraviesan una situación de enfermedad y hace falta un carro para ir al hospital, los jefes poseen claridad al respecto. Y es ley, porque nosotros tenemos carros, pero ellos no. Enfrentan dificultades y eso cuesta dinero; mucha gente lo merece, sin discusión.

«Fungir como jefe, en estos momentos, implica involucrarse de verdad, pues hay personas que se mantienen a un lado, que no tiñen ni dan color. Incluso, perciben algo mal hecho y no miran para allí, no quieren buscarse líos. Pero los directivos nuestros sí son jefes, y pasan el día entero encima del problema. Aquí no te puedes descuidar. Si te descuidas, pierdes».

—¿Se imaginó alguna vez como Héroe del Trabajo de la República de Cuba?

—No lo pensé nunca. He visto esas ceremonias en televisión y me producen satisfacción, pero que me tocara a mí, nunca lo pensé. Similar a ver una dificultad y expresar: “No, no me va a suceder a mí”, y te sucede. Así ocurrió. Me llamaron y dije que no me incluyeran en eso, que no lo había imaginado. Al final se hizo todo el expediente y lo enviaron. No obstante, a uno le da pena. Estoy yo, pero otras personas también. No tiene que ser precisamente el jefe. Otros trabajadores lo merecen de igual modo, con los ojos cerrados».

Jorge Luis, más conocido como el Chévere, utiliza un lenguaje tan honesto como práctico. Su verbo, limpio y cotidiano, demuestra que grandes hazañas se empinan desde la sencillez y el altruismo. En ningún momento obvia a sus obreros y tampoco a sus superiores.

«Este reconocimiento también pertenece a quienes nos dirigen. Yo hago lo que me mandan a hacer. Por supuesto, nos esforzamos mucho para que salga mejor, para que exista calidad. Lo que se hace aquí debe tener calidad, siempre lo sostengo. Lo que empezamos hace diez años puedes ir a apreciarlo ahora, está igual o mejor, peor no. En realidad se ha logrado bastante. Ciertamente, se trabaja, no puedes fallar. Consiste en estar “arriba de la bola”, es casi obligatorio.

«Quizás yo no sea tan trabajador, sino que me gusta trabajar. Tal vez, en un instante determinado, tenga que hacer algo y no lo hago; pero, por lo general, aquí todo se planifica. Nos reunimos a diario, a las cinco y media de la tarde y a las seis de la mañana. Las personas cuestionan para qué tantas reuniones, pero yo no sé dirigir de otra manera. Hasta que esté aquí va a ser así».

En ocasiones, el Chévere y los suyos recorren obras que han construido. Por ejemplo, comenzaron una en Mayabeque, y a pesar de que el viaje consume un día completo, el directivo lo deja todo organizado desde las 6:00 a. m. Confiesa que en su casa se ocupa de muy pocas labores domésticas. La familia lo critica, pero en el fondo lo entiende.

Aunque parezca increíble, los domingos también acude a su centro laboral con el fin de supervisar los locales. Entiende que los almacenes cuentan con recursos que requieren cuidados y vigilancia. Controlar a los custodios y velar por su alimentación constituyen otras de sus misiones.

Con más de 40 años de labor en la empresa, sus visiones de crecimiento han trascendido también hacia la comunidad. La unidad que comanda se ha enfocado en la agricultura mediante la siembra de arroz. Asimismo, cuentan con una panadería, un organopónico y una cochiquera dentro de la entidad. El colectivo explota, además, una finca cercana, apadrina el seminternado Ernesto Che Guevara (ubicado en el consejo popular José Martí) y se encarga de la recogida de basura. Cada guardia que se activa encierra un compromiso con el pueblo.

Jubilado y posteriormente recontratado, el Chévere planea mantenerse en su puesto mientras la salud se lo permita. A los 65 años, con medallas y reconocimientos, defiende que el mayor agasajo se traduce en servir a la sociedad. Ahora responde al calificativo de Héroe, pero ello no significa que tome la mínima licencia para el descanso.

«Es algo grande, no se me quita de la cabeza. Como no lo esperaba, aún me pregunto: “¿Me toca a mí?, ¿quién me eligió?” La noticia impacta, llega para siempre. Reconforta saber que has dedicado tu vida a esto. No se trata de días, sino de muchos años. ¿Qué si estoy satisfecho? Esto es para construir más. Nosotros, en todo momento, tenemos algo entre manos».

—A su juicio, ¿qué cualidades definen a un buen trabajador?

 —Primero, la seriedad en el trabajo. Ser responsable, puntual, mostrar iniciativas en lo que sea necesario. El buen trabajador tiene que dar una solución y no esperar por el jefe. Y si es un jefe, no esperar por el otro jefe, sino hacerlo ya.

«Dirigir se torna complejo, pero no imposible. El que de verdad quiera y defienda esta Revolución debe asumir si le toca. El que hace falta es aquel que coge la que tú le tires».

Tanto a la familia como al grupo de colegas que lo apoyan dedica su título honorífico el Chévere, un hombre que se describe a sí mismo como «de carácter complicado». Pese a la aparente intimidación de su presencia, a su alrededor se le admira y respeta. Sonríe al recordar ciertas vergüenzas telefónicas. Correspondía presentarse y nadie sabía quién era Jorge Luis. No consigue descifrar el día exacto en el que perdió su nombre. Tampoco comprende el porqué, pero cree poseer otros valores. Y después de esta entrevista, no caben dudas.

 

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