A él le adjudicaron tantas etiquetas que ya no sabe identificar la más ofensiva: si las relativas a las aves o las que se referían sus ademanes de flaqueza. De niño prefería el color rosa, ¿por qué tiene que ser el azul? El pelo debía cortarse rozando el cráneo, aun cuando su bella cabellera crespa se despliega ahora al caer sobre los hombros.
La Jornada contra la Homofobia y las Transfobia tuvo su expresión en las calles de Santa Clara. (Foto: Yariel Valdés González)
Mientras, ella se niega a compartir su lecho con quien no la comprendió. Le recalcaron que el pecado original es cosa de sexos diferentes. Que resulta imposible amar a sus iguales, que su decisión puede tildarse de abominable y «acabar con las mejores familias ».
Entonces, allá por los noventa surgió El Mejunje.
Ramón Silverio, director del centro cultural El Mejunje, encabezó la marcha contra la homofobia. (Foto: Yariel Valdés González)Décadas más tarde, lo que fuera el refugio de los marginados devino en el sitio más concurrido de la ciudad, en una referencia internacional de cultura, emblemática escuela de multitudes. Un hombre llamado Ramón Silverio enarbola hoy la bandera de la aceptación y quebranta las fronteras de las diferencias sexuales, para luchar contra la violencia, por la defensa de quienes no pudieron levantar antes su voz y se sintieron parametrados.
Esta vez, la marcha contra la homofobia creció más que nunca. Fue un peldaño más hacia la batalla contra el machismo y la discriminación arraigada en la sociedad.
«Aquí todo tiene sentido », dice una canción nacida en las paredes enladrilladas, rojizas, de la institución de Silverio. Todo es natural si no hace daño. La roles establecidos deben cambiar.
El arcoíris se ciñe más que nunca a Santa Clara, un lugar justo, culto, que ha aprendido a querer a sus iguales, a eliminar prejuicios arcaicos. La homosexualidad no es una enfermedad, ¿cómo puede haberse tildado de ese modo en algún momento? Un 17 de mayo acabó la «confusión ».
Tantos fueron perseguidos en todas las naciones, intelectuales segregados y condenados al ostracismo gracias a la «anomalía que su psiquis manifestaba ». Ni el odio ni los estándares trajeron batallas victoriosas a la humanidad.
Paso de la marcha contra la homofobia por el Parque Vidal de Santa Clara.
El repudio por lo diferente solo ha creado fronteras. Nadie tiene el derecho de discriminar a su semejante o tratarlo como «problema social ». La moralidad no tiene que ver con la preferencia de sexo, porque el alma y su fortaleza van más allá de los estigmas o los modelos dominantes.