Luis Orlando León Carpio
Luis Orlando León Carpio
@leon_luiso
2111
07 Junio 2015

Toma el libro nuevo, lo abre, acerca una de sus páginas a la nariz y, cerrando los ojos en actitud de éxtasis, inspira su olor. Lo disfruta, presa del placer que sabe conseguirá en las próximas horas, en compañí­a de la tinta y el papel en sus manos, con una historia que quizás le cambie la vida para siempre.

Cristina Alomá Cires, ganadora del sello Bachiller y Morales, Santa ClaraCristina Alomá Cires, una mujer que defiende a capa y espada el hábito de leer como fuente ilimitada de conocimiento. (Fotos: Yariel Valdés González)Eso bien lo sabe Cristina Alomá Cires, una mujer que defiende a capa y espada el hábito de leer como fuente ilimitada de conocimiento, incluso cuando fue una de las figuras indispensables para convertir el sistema de bibliotecas villaclareñas en el primero automatizado del paí­s. No por contradicciones internas: nada como un libro para llegar a la cultura, pero es necesario dominar las herramientas que los nuevos tiempos imponen.

«En 2006 nos convocan a la realización de un proyecto para iniciar una colaboración extranjera que buscaba mejorar los servicios de información en el paí­s. Felizmente se aprobó en Bélgica, de donde nos donaron los implementos necesarios para traer las nuevas tecnologí­as a los servicios de gestión de la información en las bibliotecas de Villa Clara. El resultado fue fabuloso, con todo automatizado y acceso libre a internet, gratuito para la población ».

Más de 25 años ha contribuido para que personas de aquí­ y de allá accedan a las fuentes del saber, con una labor importantí­sima en el perfeccionamiento de los servicios en la biblioteca Martí­ de Santa Clara, así­ como en zonas alejadas de la ruralidad provincial. También, fundadora de la carrera de Bibliotecologí­a en la Universidad Central de las Villas y miembro de la Asociación Cubana de Bibliotecarios (ASCUBI).

Ahora, subdirectora metodológica de esta institución con 90 años de fundada, la otrora profesora de Español devenida bibliotecaria empedernida se sienta a revivir no pocos recuerdos como contribuyente a la guí­a de miles de usuarios, lo cual le ha valido este viernes el reconocimiento de su sector, al otorgársele el sello Antonio Bachiller y Morales, un agasajo que reconoce a los profesionales de excelente trayectoria en este mundo profesional.

Cristina, ¿por qué escoge una profesión que, como dicen, es muy necesaria pero anónima?

La información es poder y me siento orgullosa de contribuir a que otros tengan acceso a ella. Si tú enriqueces ese mundo de conocimiento, ese saber que necesitan las personas, ¿quién no te lo va a agradecer? Quizás no seas un médico famoso, una estrella del cine, pero tienes sabidurí­a y a todo el mundo le puedes ser útil...

¿Siente que los usuarios de esta biblioteca están agradecidos con el trabajo diario que brinda?

La gente me quiere muchí­simo. Me hacen preguntas por la calle. Los usuarios que no quedan satisfachos con una información, vienen buscando apoyo. Hago todo por orientar y ayudar a enriquecer el espí­ritu de las personas ávidas de aprender.

¿Cómo se comporta el fenómeno de la desprofesionalización en el sector de la bibliotecologí­a?

Yo pienso que es una dificultad general. Vivimos en tiempos de pérdida de valores, de banalidad, y eso influye también en nuestro sector. Pesa mucho el problema económico pues nuestra profesión no es bien remunerada, sobre todo en las instituciones que se supeditan a Cultura. No ocurre igual en las bibliotecas de los Ministerios de Educación y Educación Superior. A pesar de todo el enriquecimiento cultural y las oportunidades que una profesión como esta ofrece, el salario es bajo y se da continuamente la fuga de los profesionales a otros campos.

No obstante, existen personas como usted entregadas de lleno a su labor diaria y a sacar adelante una institución de vital importancia cultural como la Biblioteca Provincial Martí­.

Esta biblioteca tiene 90 años. Y más que un número existe una historia: el prestigio logrado, las personas que dejaron su huella en cada uno de estos rincones. Trabajar aquí­ es un privilegio. Caminar cada mañana y ver una arquitectura maravillosa, recordar y saber que grandes personalidades de la cultura villaclareña antecedieron nuestro trabajo de hoy... Y sobre todo saber que nuestra labor contribuye a guardar gran parte de la historia de la provincia, de su patrimonio más valioso.

¿Algún momento particular que la haya marcado a lo largo de su carrera?

La mayor satisfacción la sentí­ el dí­a que vi parquearse frente a los portones de este inmueble, un camión enorme cargado de computadores y equipos técnicos. Aquello significaba poner nuestra preciada biblioteca a la altura del resto del mundo. Eso para mí­ fue espectacular.

¿Con el avance de las nuevas tecnologí­as no ve en peligro la labor del bibliotecario?

Muchas veces las personas acceden a internet y no sabe cómo hacerlo. El bibliotecario tiene la capacidad de utilizar mejor que nadie las herramientas de búsqueda en internet. Por ejemplo: los buscadores no se resumen a poner Google y teclear una palabra. Hay más opciones de buscadores especializados que nadie conoce, con instrumentos que, utilizados por un especialista, permite obtener el resultado más acertado. Además, en un mundo tan sobresaturado de información como este en que vivimos, hoy mejor que nunca se hace imprescindible un intermediario.

¿Entonces, no se imagina un mundo futuro sin bibliotecas?

No. Pienso que las editoriales van a continuar editando libros, publicando la prensa. En el primer mundo, pese a lo que muchos puedan creer, una sala de hemeroteca se llena a tope. Las bibliotecas son un espacio cultural, más allá de los servicios que prestan, un sitio para desarrollar la cultura. Las tecnologí­as no pueden con eso.

¿Si tuviera que poner en una balanza el libro y la computadora?

La tecnologí­a no se puede negar, y sus virtudes debemos aprehenderlas para mejorar nuestras capacidades en beneficio de la humanidad. Pero yo disfruto muchí­simo tener un libro en mi poder. Me gusta el olor del libro nuevo, y si tiene una excelente encuadernación con una cubierta hecha por un artista plástico, contiene un valor agregado. El libro lo llevas contigo, te acuestas con él, lo tienes a tu disposición de una manera más í­ntima. El libro va a tener siempre sus encantos propios.

Sin embargo muchos niños prefieren las nuevas tecnologí­as

Es comprensible. Están creciendo con algo que nosotros no tuvimos...

A su niña, ¿la preferirí­a con un libro o con un tablet?

En mi casa hay más de mil libros. Es una tradición, una cuestión inherente a mi familia. Yo a mi hija la educo para que esté al tanto de los nuevos adelantos tecnológicos, porque conocerlos le permite dominarlos y así­ se enfrentará mejor a su sociedad, pero siempre la voy a inculcar cómo amar un buen libro porque es patrimonio personal del ser humano...

¿Y si el dí­a de mañana ella quiere ser bibliotecaria?

Hasta ahora quiere ser maestra como yo. Hasta ahora, también como yo, ama los animales y quiere estudiarlos. Pero si ocurre eso que me dices, serí­a un orgullo para mí­, una satisfacción, porque es un mundo muy gratificante al espí­ritu. Imagí­nate, seria observar mi verdadera huella en ella.

Comentar