Sienta al niño frente al espejo. Lo hace gesticular cada palabra hasta que le salen muecas exageradas. La estudiante de Logopedia Yaneisy Enríquez Sánchez puede pasar horas con el pequeño Juan Carlos Rodríguez sin que la venza el hastío. Viven una complicidad de tres: ella, el niño y el cuadrado de vidrio que les regala una imagen como de foto de familia.
Cuando habla se nota que conoce a fondo lo que estudia. Puede disertar sobre el autismo sobreimpuesto y las marcas que deja el uso desmedido de las tecnologías en la infancia.
La estudiante de Logopedia Yaneisy Enríquez Sánchez puede pasar horas con el pequeño Juan Carlos Rodríguez sin que la venza el hastío. (Fotos: Ramón Barreras Valdés)
Yaneisy ama su especialidad. Disfruta la etapa de práctica. Está en quinto año. Junto con ella, otros 53 alumnos conforman la matrícula global de la carrera.
Una vez que se gradúen, estos profesionales se encargarán de brindarles una atención integral a niños, adolescentes y jóvenes con necesidades educativas especiales en el lenguaje o la comunicación.
Entre los trastornos más comunes que encuentran en la etapa de ejercicio profesional se ubica la dislalia (incapacidad para pronunciar correctamente ciertos fonemas o grupos de fonemas).
Debido a la necesidad de especialistas en esta rama que reporta el país, se decidió reabrir la carrera en el curso 2010-2011, y hasta el momento la Universidad de Ciencias Pedagógica Félix Varela cuenta con tres graduaciones.
Retos para deletrear
A pesar de la importancia de la Logopedia, hoy en la Universidad no existe un primer año. El doctor en Ciencias Pedagógicas y profesor del departamento, Karel Llópiz Guerra, explicó que el pasado curso solo tres alumnos aprobaron las pruebas de ingreso. Para abrir una carrera, la matrícula mínima debe ser de diez estudiantes.
Rachel Martínez Hernández cursa el tercer año y considera que la orientación vocacional no es suficiente. «Por otro lado está que algunos muchachos se sienten inferiores por estudiar una carrera que no sea de la UCLV o de las Ciencias Médicas », precisó.
Más allá de las subjetividades, la orientación vocacional juega un papel esencial en esta historia. Los alumnos no pueden optar por lo que no conocen. Aun así, el reto es bien grande porque tampoco se puede tapar el sol con un dedo, y para muchas personas el magisterio resulta una profesión que exige mucho y reporta poco.
A pesar de los pesares, los logopedas hacen falta, mucha falta. Sobre todo cuando eres madre y descubres que tu hijo no habla como debe ser.
Por otro lado, los estudiantes de esta carrera tienen que poseer habilidades comunicativas especiales. Sin embargo, el Ministerio de Educación Superior suprimió la prueba de aptitud.
La doctora Marieta ílvarez ínsua confesó que han tenido que brindarles formación logopédica a sus propios alumnos. Situación que confirma la importancia del examen seleccionador.
Cuando el amor se impone
La Universidad debe abrirse a los espacios comunitarios. Máxima que asumió al pie de la letra el Gabinete Logopédico de la institución.
En un aula preparada con los diferentes medios de enseñanzas reciben a niños de los alrededores. «Atendemos las áreas del reparto Camacho y la escuela primaria Benito Juárez. Este trabajo lo realizamos los alumnos ayudantes junto a la logopeda Carmen del Pino », explicó Yaneisy.
Como ella, el resto de sus colegas se sienten motivados. Milenny Hernández Sarduy también encuentra en el arte una forma de superarse como profesional.
El logopeda ha de tener alma de artista, le corrobora el profesor de Plástica Diego Cuba Manduca, quien lideró el performance La hora de todos, con el que participaron en el XXII Festival de Artistas Aficionados de la FEU.
Debido a la necesidad de especialistas en Logopedia, se decidió reabrir la carrera en el curso 2010-2011, y hasta el momento la Universidad de Ciencias Pedagógica Félix Varela cuenta con tres graduaciones.
Tiene razón. Hace falta mucha paciencia y entrega para pasar horas frente al espejo como lo hace Yaneisy. La misma paciencia de un artista que busca con ahínco la melodía perfecta para transmitir una emoción.
Solo en el momento de la despedida conocí un detalle importante. Muchos años atrás, a Yaneisy la sentaban frente al espejo. La hacían gesticular cada palabra hasta que le salieran muecas exageradas. Tenía dislalia y hoy presume de una dicción perfecta. Su historia con el espejo es bastante larga. Ella sabe muy bien por qué eligió su profesión.