Conocer sobre las prácticas agroecológicas empleadas en Cuba. Aprenderlas para aplicarlas luego. Y, en medio de ese proceso de asimilación y retroalimentación, acercarse a la familia campesina, al pueblo cubano en general. Con esa perspectiva llegaron el lunes 23 de noviembre a Villa Clara 18 extranjeros, delegados al V Encuentro Internacional de Agroecología, Agricultura sostenible y Cooperativismo, que se celebra en el país hasta este viernes 27.
Los 18 especialistas extranjeros constataron las prácticas agroecológicas de los campesinos de Villa Clara. (Yariel Valdés González)
Los visitantes, provenientes de Estados Unidos, India, Zimbawe, Dinamarca, Puerto Rico y el País Vasco, y acompañados por otros delegados cubanos, recorrieron 4 fincas agroecológicas y una en transición en los municipios de Manicaragua, Placetas y Cifuentes, como parte del programa del evento. Allí se actualizaron acerca de las prácticas más comunes en esta provincia, entre las que figuran la aplicación de abonos verdes, la energía renovable con biodigestores (tanto en la versión de cúpula fija como en la de membrana de PVC), los molinos a viento, trazados de curvas a nivel, siembras en contornos, barreras rompevientos, tracción animal y mínimo laboreo.
Una vez concluido su recorrido por el territorio central, algunos de los participantes dialogaron con Vanguardia acerca de sus impresiones sobre Cuba y el movimiento agroecológico De Campesino a Campesino.
Miradas desde fuera
Blain Snipstal, de Estados Unidos. (Foto: Yariel Valdés)Desde Preston, un pueblo del estado norteamericano de Maryland, llegó a Villa Clara Blain Snipstal. Acerca de esta, su primera visita a Cuba, y las cooperativas que visitó en el territorio central, comentó: «En Preston tenemos la Finca de la tierra negra, un terreno de una hectárea atendido por un grupo de jóvenes negros. Allí cultivamos 24 variedades de vegetales, entre los que se encuentran calabazas, coles, rábanos, cebollas, tomates y algo de patatas dulces (boniato). En la finca ahora es que estamos comenzando con las prácticas agroecológicas: usamos el intercalamiento de cultivos, el compost, los biofertilizantes y microorganismos.
«Aquí hemos visto la importancia de cerrar sistemas agroecológicos en cada finca, para hacerla sostenible y además, mantenerla produciendo para sus trabajadores y la gente del territorio. Este es un reto para nosotros, pues nuestras producciones son todavía pocas, para un mercadito local. Tampoco tenemos una organización como la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (Anap) que nos ayude a seguir creciendo. Por eso ha sido tan útil intercambiar con otros granjeros cubanos y conocer su dedicación a este trabajo, para llevarnos algunos de sus métodos para nuestro país ».
Aner Mimenza Bilbatua, del País Vasco, manifestó sentirse atraído por «la manera particular en que la gente del campo se ayudan entre sí para producir, comparten semillas, ideas, técnicas simples de cultivos. Son muy sociables y solidarios ».
Respecto al V Encuentro Internacional de Agroecología, Agricultura Sostenible y Cooperativismo, expresó: «Somos seis vascos participando en este evento, como representantes del sindicato EHNE-BISKAIA, de la organización internacional Vía Campesina. Yo, por primera vez. Lo que he visto, no puede menos que impresionarme: los agricultores de aquí tienen muchos conocimientos sobre agroecología y sobre cómo usarla para disminuir sus costos y su dependencia de los insumos de las agroindustrias. Eso es algo que nosotros no hemos podido hacer.
«También nos satisface ver cómo el Estado hace un aporte para la soberanía alimentaria de Cuba, igual que los centros académicos y científicos. Nosotros, al contrario, no tenemos apoyo de las instituciones municipales y provinciales, y tratamos de desarrollarnos desde las posibilidades individuales de cada cual. Creo que en nuestras islitas ya debemos pensar en un modelo más colectivizado de producción, como el de aquí, que ayude a presionar a todos los niveles para que apoyen más al campesino y menos a la agroindustria o a las grandes plrataformas ».
De la India, Ramesh Cheemachanahalli vino con el objetivo de evaluar algunas propuestas metodológicas y prácticas de los campesinos cubanos, para emplearlas como alternativas ante la crisis de los pequeños agricultores de su región. Sobre los efectos causados por la irrupción de la multinacional Monsantos en su país, con la promoción de las semillas transgénicas, dijo: «No necesitamos los transgénicos para producir alimentos. Hemos comprobado que no nos funcionan. No son tecnologías naturales, y cuando una tecnología se aleja demasiado de las leyes de la naturaleza, como esas semillas transgénicas, termina causando efectos indeseados.
«En Vidarbha, una región del estado indio de Maharashtra, en la última década se han suicidado unos 300 mil granjeros por causa del algodón transgénico. Iniciaron el cultivo de la semilla, pero es muy caro, y el paquete tecnológico y los insumos necesarios también cuestan mucho. Cuando vieron que no podían asumir esa deuda, los suicidios fueron masivos ».
Los visitantes compartieron con familias campesinas villaclareñas. (Foto: Yariel Valdés González)
«El año pasado, el gobierno propuso la berenjena transgénica y este año lo intentó de nuevo con la mostaza, pero los campesinos lo rechazaron unánimemente. Eso puede funcionar para la agroexportación, las grandes corporaciones, pero nosotros no lo aceptamos ».
Respecto al trabajo implementado por los campesinos villaclareños en materia agroecológica, valoró: «Muchos ven estas prácticas como una opción solo para el subdesarrollo, pero yo veo todo un proceso social aquí, pensado para la sostenibilidad de la producción agropecuaria. Es la mejor opción para toda la humanidad, porque la idea es mantener nuestros recursos naturales y mejorarlos en lo posible, para asegurarnos el futuro. Ahora, solo pienso en cuántos ejemplos podemos llevarnos de esta provincia y de Cuba a la India ».
Enseñanzas villaclareñas
Gladis López López, de Cuba. (Foto: Yariel Valdés)La delegación que visitó Villa Clara también estuvo integrada por seis cubanos. Entre ellos, la única mujer de esta provincia que participa en el evento agroecológico, Gladis López López.
«He estado en otras ediciones del encuentro internacional, y creo que este ha sido más provechoso. Han venido muchos extranjeros esta vez, sobre todo, muchos estadounidenses, y han quedado asombrados de todo cuanto se hace en la provincia y, en particular, en las regiones montañosas del centro, donde hemos visto la diversificación de cultivos en condiciones geográficas bien difíciles, a pico y machete, como decimos los guajiros ».
En su finca El Ateje, perteneciente a la cooperativa Armando Perera, de Santo Domingo, Gladis cultiva tres hectáreas de tierra con tomates, cebollas, ajos, ajíes, boniatos, todos con prácticas agroecológicas, y asistida por su familia. Pero el trabajo más fuerte lo exhibe en la producción arrocera, la línea innovadora que la llevó al evento internacional este año.
«Mi propuesta es sobre el cultivo de arroz con poco laboreo, para conservar el suelo. Lo hice sin fangueo, ahorré muchísima agua, y aumenté casi al doble la cosecha que antes recogía en el área arrocera. Por ahora, es una técnica para implementar a pequeña escala, porque en Cuba no tenemos la maquinaria necesaria para ampliarla. Pero si un día nos llega la tecnología, ya sé que puedo cultivar de esa manera en grandes extensiones, y me dará resultado », aseguró.
Magdalena González, de Cuba. (Foto: Yariel Valdés)Por su parte, Magdalena González, coordinadora del Movimiento Agroecológico de la Anap villaclareña , reconoció la experiencia del sector cooperativo-campesino del territorio en esas prácticas como un factor clave para cubrir las expectativas de los delegados de otros países.
«Nuestra provincia es fundadora del movimiento De Campesino a Campesino, y su sabiduría sirvió para demostrar que se pueden obtener buenas producciones y rendimientos sin el uso de abonos químicos e insecticidas, solo con controles naturales y biofertilizantes, que también contribuyen al cuidado del medio ambiente ».
Los extranjeros también satisficieron su curiosidad acerca de la historia de la agricultura cubana posterior al triunfo de la Revolución, desde las leyes de reforma agraria hasta las recientes entregas de tierras ociosas en usufructo, para la producción de alimentos.
Además, manifestaron su interés por volver a Cuba para ampliar el intercambio en temas agropecuarios y conocer más acerca de las familias campesinas, como los núcleos sociales de mayor trascendencia en las comunidades rurales del centro de la isla.