Durante la jornada del 16 de enero callaron las voces y los instrumentos musicales, los cuerpos dejaron de danzar, los escenarios se apagaron, cesaron pinceles, cinceles y martillos, la escritura hizo pausa y las instituciones guardaron silencio. Ese día la cultura estuvo de luto.
Allí, como parte indisoluble del pueblo villaclareño, los trabajadores del sector también acudieron a rendir sentido homenaje a los 32 cubanos caídos gloriosamente en combate en la tierra bolivariana.
Poetas y músicos, cantores y teatristas, profesores y especialistas, creadores y administrativos, hombres y mujeres todos de la cultura caminaron lentamente, pero firmes, hasta el local del Museo de Artes Decorativas, donde se ubicaron los rostros y nombres de los hermanos caídos.
Y allí estuvieron, unidos, no pocos con flores entre las manos, honrando a los nuevos mártires de la Patria; de las direcciones de Cultura Provincial y de Santa Clara, la Uneac, la Asociación Hermanos Saíz (AHS), de los consejos de las Artes Escénicas y Visuales, de los centros provinciales de Cine, de Casas de Cultura, y del Libro y la Literatura, de Artex y el Fondo Cubano de Bienes Culturales, del Centro de Patrimonio Cultural, de la Biblioteca Provincial Martí, de la Enseñanza Artística, el Centro Cultural El Mejunje, del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Cultura.
No hubo canto ni canciones, ni obras de teatro ni coreografias, no se pintó ningún lienzo, ni se declamaron poemas ni sé leyeron textos literarios. No en ese momento. Mas, nadie dude que del corazón de los creadores ya surgirán melodías, versos, décimas, danzas y obras diversas dedicadas a la memoria de los héroes.
Sí, la cultura villaclareña y de Cuba este día guardó silencio, de luto ante la muerte, para en un nuevo amanecer alzar más fuerte la voz por la vida, por los mártires, por la Patria.