Discurso de Machado Ventura en clausura de Foro de Sao Paulo

Discurso pronunciado por José Ramón Machado Ventura, Segundo Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, en la clausura hoy del XXIV Encuentro del Foro de Sao Paulo, en La Habana.

Reafirma Dí­az-Canel que en Cuba no habrá giros capitalistas

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José Ramón Machado Ventura
(Foto: Abel Padrón/ACN)
José Ramón Machado Ven­tura
1801
18 Julio 2018

A continuación discurso pronunciado por José Ramón Machado Ventura, Segundo Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, en la clausura hoy del XXIV Encuentro del Foro de Sao Paulo, en La Habana.

General de Ejército Raúl Castro Ruz, Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba;

Compañero Miguel Dí­az-Canel Bermúdez, Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros;

Compañera Mónica Valente, Secretaria Ejecutiva del Foro de Sao Paulo;

Nicolás Maduro Moros, Evo Morales Ayma y Salvador Sánchez Cerén, presidentes de la hermana República Bolivariana de Venezuela, del Estado Plurinacional de Bolivia y de la República de El Salvador;

Demás invitados de la presidencia;

Compañeras y compañeros:

Complace compartir esta jornada de clausura del XXIV Encuentro del Foro de Sao Paulo, que se ha convertido en un espacio de intercambio para la izquierda de América Latina y el Caribe, América del Norte, Europa, Asia, ífrica y Oceaní­a.

Alienta a nuestro Partido que ustedes, ilustres amigos, concurran a una Cuba que reivindica que Patria es Humanidad y cuyo noble pueblo ha sabido demostrarlo en sus múltiples misiones internacionalistas.

Cuando el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz habló a los delegados del IV Encuentro del Foro de Sao Paulo, en 1993, parece que lo hizo también para evaluar los acontecimientos que hoy vivimos, para identificar los desafí­os que hoy nos retan y para subrayar los valores polí­ticos y éticos desde los cuales salir adelante, pasar a la ofensiva y vencer en las actuales circunstancias.

Es inevitable evocar el contenido de sus ideas. América Latina y el Caribe, sus pueblos y las fuerzas de izquierda que con énfasis y por caminos diferentes buscaban alternativas de cambio a favor de los más humildes, vuelven a vivir una coyuntura polí­tica, económica, social y espiritual difí­cil, con más interrogantes que respuestas, con más obstáculos que oportunidades de corto plazo, con más desafí­os que vencer que soluciones fáciles de encontrar.

Todo esto es cierto. Pero visto desde la perspectiva fidelista sobre la polí­tica, las actuales adversidades de la correlación de fuerzas son exclusivamente formidables incentivos para acopiar energí­a moral y organizar mejor a nuestros pueblos; para identificar con serenidad y rigor las debilidades y fallas cometidas; para conocer con precisión las fortalezas y limitaciones del enemigo a vencer, y para lograr, finalmente, que nuestros seguidores se empinen sobre los retos que tienen ante sí­, se motiven y decidan vencerlos uno a uno.

Entre 1998 y los dí­as que corren se produjeron en América Latina y el Caribe procesos polí­ticos, experiencias de organización social, luchas reivindicativas que generaron más conciencia social en los sectores del pueblo que antes no tení­an voz ni nombre, y se acumularon demandas de cambio que están vigentes.

La que José Martí­ llamó Nuestra América posee hoy niveles de conciencia polí­tica superiores a los de los años sesenta, e incluso respecto a los años en que se efectuó en La Habana el IV Encuentro del Foro de Sao Paulo.

Ello explica por qué el imperialismo y todos sus instrumentos de dominación han fortalecido el accionar contrarrevolucionario global, esta vez mediante el empleo más hábil de las ideas, de la cultura y de todos los recursos orientados a mentir y a desvirtuar la realidad en función de las exigencias de las clases dominantes.

Para Fidel la palabra derrota nunca existió. En su concepción de la vida y de la polí­tica revolucionaria, solo existí­an reveses coyunturales. Tal era su confianza en las ideas justas, en las masas populares y en los pueblos cuando estos las asumen y enarbolan.

Esta perspectiva ética para encarar la realidad polí­tica del continente, en opinión de los revolucionarios cubanos, está más vigente que nunca.

Si en 1993 la teorí­a del fin de la Historia era expresión ideológica de la derecha imperial para convencernos de que el capitalismo era la única opción posible para nuestros pueblos, en estos dí­as esa expresión la representa la tesis del llamado fin del ciclo progresista.

Desde nuestro punto de vista, ni hubo, ni habrá fin de la historia mientras haya capitalismo (Aplausos). Ni hubo, ni habrá fin de ciclo alguno de la libertad, mientras el capitalismo genocida que nos tratan de imponer siga cabalgando encima del desempleo, la pobreza, la inequidad social y la violencia, como instrumentos de dominación de las clases que integran el 1 % de la población, que todo lo tiene en materia de riquezas materiales.

Fidel fue claro en este punto, cuando afirmó que mientras haya una injusticia, hay revolución (Aplausos).

Cuando se produce el IV Encuentro, el Grupo de los 7 y Wall Street se ufanaban de las supuestas bondades del neoliberalismo. La aplicación radical de esta doctrina hizo crisis más rápido de lo que esperaban.

Esta crisis contribuyó, dialécticamente, al surgimiento y desarrollo de importantes movimientos sociales y populares que en estos momentos están en la vanguardia de las luchas contra el neoliberalismo, en defensa de la soberaní­a nacional y la paz con justicia social en sus paí­ses y en la región.

En la actualidad asistimos a una tentativa más agresiva de los principales centros de poder que representan al capital transnacional y, sobre todo, a su sector financiero, orientada a reinstalar las fórmulas neoliberales.

Ahora el intento restaurador nos llega de la mano de una derecha internacional más agresiva, consciente de que las demandas de ganancia del gran capital se producen en un mundo más competitivo, con otros actores globales fortalecidos y decididos a ocupar los espacios que reivindican como propios, y en circunstancias en que su principal centro de poder, los Estados Unidos, está operando de forma peligrosa, unilateral e irresponsable, en virtud de que conoce que su poderí­o global está en declive.

En este contexto, como en 1993 lo hizo Fidel, desde Cuba retomamos la bandera de la integración latinoamericanista y caribeña, esta vez con el objetivo estratégico de lograr la preservación de la Celac y de los demás proyectos integradores inspirados en valores de soberaní­a y lucha por la autodeterminación de la región, y como causa unitaria que las fuerzas de izquierda deberí­amos colocar en calidad de prioridad entre las prioridades.

Impedir que avancen las polí­ticas neoliberales que están siendo aplicadas con radicalidad creciente, es urgente y fundamental. Será necesario para ello crear conciencia en nuestros pueblos sobre los peligros que entrañan dichas polí­ticas, en particular para los sectores sociales más pobres e, incluso, para la llamada clase media que tanto se opuso a gobiernos que se propusieron redistribuir riquezas de un modo más justo.

El Imperialismo, mediante todos sus instrumentos de poder gubernamentales y privados, busca dividirnos. Apela a toda su capacidad de presión para imponer sus intereses mediante acuerdos bilaterales de gobierno. Estimula la fragmentación de las fuerzas de izquierda más consecuentes y les hace una guerra mediática bien diseñada para descalificarlas ante sus seguidores. Aprovecha con habilidad ciertos errores y los magnifica con el objetivo de estigmatizar todo lo que esté asociado a la izquierda. Militariza la región de diversas formas, combina más hábilmente la fuerza de las armas y manipula la opinión pública en función de sus fines retrógrados.

Es el momento de reaccionar unidos. Así­ lo recogió el IV Encuentro de 1993 y así­ lo reafirmamos en esta XXIV edición que hoy concluimos.

La dirección de nuestro Partido ha seguido con interés los análisis realizados.
Nos estimula y compromete el que la izquierda latinoamericana y caribeña mostró estar preparada, aún en medio de delicados desafí­os internos y externos, para encontrar caminos de diálogo, para concertar posiciones y para proponerse metas mayores.

Conocimos que se realizaron competentes intervenciones. Apreciamos el modo como fueron tratadas las lógicas diferencias de enfoques sobre asuntos de tipo coyuntural. Percibimos un saludable esfuerzo colectivo para unir fuerzas, inteligencia y acción.

Alienta saber que la estrategia de la derecha por dividirnos, no encontró eco en nuestros intercambios, sino solo rechazo.

Felicitamos la idea de compartir esfuerzos sistemáticos que tributen a la elevación de los niveles de cultura general y de cultura polí­tica en particular, por parte de la militancia de izquierda. Es en este campo donde mucho se podrí­a hacer para aproximar el quehacer de los partidos polí­ticos con el de los movimientos sociales y populares, en cuyo seno desde hace años se desarrollan valiosas iniciativas de formación de cuadros.

Hemos estudiado con atención diversos análisis de coyuntura y otros con contenidos más estratégicos, elaborados por importantes movimientos populares de nuestra región. Ellos confirman la necesidad de una relación más intensa y de mutuo beneficio con las fuerzas de izquierda integradas en el Foro de Sao Paulo.

Unamos esfuerzos para propiciar la formación de los nuevos lí­deres que deberán dirigir las batallas futuras. Unamos las experiencias acumuladas, a fin de que los militantes de izquierda tengan plena conciencia de por dónde pasa el camino de la unidad, sea en los partidos polí­ticos o en los movimientos sociales y populares desde los cuales actúan.

Hemos aprendido en estos años que no basta con polí­ticas sociales de amplio beneficio. Es tan importante como esto sembrar conciencia en los beneficiarios sobre por qué organizarse y para qué organizarse, y sobre qué ideas erigir el proyecto alternativo que proclaman.

Fueron estimulantes los debates sostenidos por los jóvenes. Estos mostraron tener conciencia de que deben unir fuerzas, sumar inteligencia, nuevos conocimientos, y estrechar relaciones con las amplias masas juveniles y estudiantiles que les rodean.

El futuro de la izquierda continental demandará, cada vez más, del protagonismo de los más jóvenes. Desde Cuba confiamos en que así­ sucederá.

Los intercambios en el Encuentro de Mujeres confirmaron el creciente papel polí­tico de estas como decisivos factores de cambio en nuestros paí­ses.

Permitió constatar una promisoria reanimación del movimiento y las organizaciones femeninas de la región, con capacidad de convocatoria en ascenso. Sus demandas han alcanzado un nivel que supera las reivindicaciones especí­ficas a favor de la igualdad de género (Aplausos).

Valoramos como fundamental la iniciativa de desarrollar un Encuentro de Parlamentarios. De todos es conocido que desde los Estados Unidos se ha hecho un trabajo intensivo cooptando jueces, fiscales y abogados para colocar las estructuras del poder judicial en cada paí­s al servicio de sus espurios intereses de dominación.

El caso que más claramente lo ilustra aparece ligado a la absurda persecución polí­tica contra Lula. Ella no solo pretende vengarse de sus conocidas acciones a favor de los más pobres de este paí­s amigo, sino impedir el derecho soberano de estos para llevarlo de nuevo a la presidencia (Aplausos).

Para el gran capital, los Estados nacionales como existen hoy ya son un obstáculo para el incremento de sus tasas de ganancia. Deben ser, por lo menos, debilitados. A la izquierda, por tanto, le corresponde defenderlos y preservar las cuotas de soberaní­a que aún poseen.

Nuestros parlamentarios podrán desempeñar un papel activo, y hasta clave, en la lucha por evitar que las transnacionales impongan sus intereses a través de gobiernos y poderes judiciales sumisos.

Resultó una decisión acertada desarrollar sendos talleres sobre cómo la cultura y los medios de comunicación se entrelazan e integran un poderoso arsenal de recursos de la derecha para socavar gobiernos de izquierda, despolitizar a vastos sectores de la población, alejar de la polí­tica a los jóvenes y otras metas útiles al plan imperial para dominarnos.

Nuestros enemigos conocen perfectamente que las ideas justas son invencibles. Aprendieron la lección: están operando con todos sus recursos financieros y materiales sobre la subjetividad de nuestros pueblos, pero con planes para enajenar, mentir, desmovilizar, confundir y, en resumen, facilitar márgenes de explotación mayores, y más seguros para el capital.

Estamos obligados a dar más atención a los modestos medios de comunicación que poseemos, y a conceder más peso a la formación cultural y polí­tica de nuestros militantes y seguidores. Las batallas por venir tendrán en las ideas y la cultura componentes decisivos. Recordando de nuevo a Martí­, opongamos en este terreno plan contra plan.

De manera coherente con la visión expuesta en el Documento Base de este Encuentro, reafirmada de modo preciso en el discurso inaugural, nuestro Partido se atiene al más estricto respeto a las experiencias nacionales de sus compañeros de lucha. Jamás escatimará su solidaridad internacionalista con aquellos que sigan dispuestos a mejorar y a profundizar el camino emprendido en pro del bienestar de sus pueblos, desde el gobierno o desde las luchas populares.

La Venezuela bolivariana y su dirección, encabezada por el presidente Nicolás Maduro Moros, podrá contar con la incondicional solidaridad de nuestro Partido (Aplausos), en su empeño de impedir que los Estados Unidos se reapropien de los recursos naturales y la soberaní­a del paí­s cuyo fundador, Simón Bolí­var, fue paladí­n de la unidad continental que seguimos reivindicando (Aplausos).

Respecto a Nicaragua, la posición cubana también es categórica: en la medida en que los Estados Unidos tratan de manipular asuntos internos que solo los nicaragí¼enses deben resolver sin injerencia externa alguna, nuestro Partido ha dado, da y dará toda la solidaridad que demande el Frente Sandinista de Liberación Nacional para posibilitar el retorno de la paz al paí­s (Aplausos y Exclamaciones).

La actual administración norteamericana y sus asesores no tienen la menor preocupación por la democracia, ni por los derechos humanos, en ninguno de los paí­ses de la región.

Sí­ están preocupados, en cambio, porque seamos un espacio geopolí­tico seguro para apoyar el discutible intento de recuperar el poder global relativo de los Estados Unidos.

Para la recuperación de tal poder, la Casa Blanca reactiva sus acciones por fragmentar el Caribe y por quebrar los meritorios esfuerzos de Caricom; refuerza su control colonial sobre Puerto Rico, cuya causa independentista es punto de honor para nuestro Partido (Aplausos); militariza la subregión y pone en riesgo la paz en ella.

Compañeras y compañeros:

Este evento, consagrado a debatir los mejores caminos para construir la unidad que necesitamos en América Latina y el Caribe, y para impedir que los Estados Unidos hagan uso y abuso de la Doctrina Monroe en pleno siglo XXI, lo efectuamos en un momento especial para nuestro paí­s.

Estamos conmemorando los 90 años del natalicio del Che, sí­mbolo del revolucionario cuya ética es paradigma del hombre que pretendemos formar para garantizar el futuro del socialismo en Cuba.

Nos separan pocos dí­as del 65 aniversario del Asalto al Cuartel Moncada, que el Che calificó como rebelión contra las oligarquí­as y los dogmas. Eso fue exactamente el Moncada.

Trabajamos por dotar al paí­s de una Carta Magna que asegure la construcción de un socialismo que sea profundamente democrático, próspero y sostenible.

En menos de 6 meses estaremos celebrando los 60 años del triunfo de la Revolución (Aplausos).

Para nuestro Partido, preservar la unidad revolucionaria de nuestro pueblo, sigue estando por encima de cualquier otra exigencia polí­tica coyuntural. Constituye una prioridad absoluta de Washington y de su estrategia subversiva contra Cuba, promover la división en nuestra sociedad y, de manera particular, en las filas revolucionarias.

Esta estrategia tiene entre sus objetivos esenciales el debilitar la autoridad del Partido como fuerza dirigente superior del Estado y la sociedad, y erosionar el papel unitario que ha desempeñado desde su creación.

Frente al plan divisionista de Estados Unidos, impondremos nuestro plan de unidad nacional, revolucionaria y socialista (Aplausos).

Tenemos el compromiso con nuestra historia y con la que simbolizan Bolí­var, O’Higgins, Sucre, San Martí­n, Morazán, Sandino, Betances y Toussaint-Louverture, entre tantos luchadores por la dignidad del continente, de preservar la unidad lograda en Cuba y trabajar, sin descanso, para contribuir a la que necesita Nuestra América.

Cuba y nuestro Partido se ponen a disposición de toda lucha por la verdadera unidad soberana de América Latina y el Caribe, y a favor de cualquier causa justa que beneficie a nuestros pueblos.

¡Hasta la Victoria Siempre!

¡Patria o Muerte! ¡Venceremos!

(Aplausos y exclamaciones de «Yo soy Fidel »)

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