«Una Cuba en muchas Cubas », dice Buena Fe en una de sus canciones. Y no tengo dudas, porque no hay sociedad blanca y pura como masa de coco ni tan enlodada para que todo lo bueno se oculte bajo la costra de los problemas. Sin embargo, la crisis sanitaria y social a la que hoy sobrevivimos los terrícolas, ha develado no solo las consecuencias previsibles de un fenómeno que sometió a la raza humana y la economía global como plaguicida a los insectos, sino otros conflictos, evidentemente latentes en la epidermis de sistemas ricos y pobres.
Cuba no es la excepción. Estos y otros temas que merecen atención inmediata y su incorporación, a mediano plazo, entre las prioridades de la agenda gubernamental, emergieron en la entrevista concedida por la profesora titular Yamila Roque Doval, psicóloga social, doctora en Ciencias de la Educación y directora del Centro de Estudios Comunitarios de la Universidad Central «Marta Abreu » de Las Villas.
La especialista, coordinadora, además, del Grupo asesor para la Atención a la Dinámica Poblacional en Villa Clara, compartió con Vanguardia sus apreciaciones respecto a la efectividad de las disposiciones implementadas por el país y el Consejo de Defensa Provincial, mediadas, inevitablemente, por el factor humano.
¿Cuáles considera que sean las mayores vulnerabilidades sociales de las familias villaclareñas para enfrentar una situación de crisis epidemiológica sin antecedentes en el país?
La vulnerabilidad ocurre por diferentes variables que intervienen en los procesos, y es necesario tener esto en cuenta para comprender a qué nos referimos. Estamos enfrentando una epidemia, y ello ubica en el contexto una vulnerabilidad evidentemente biológica, pues algunas familias son mucho más sensibles que otras y ello las coloca en una posición de desventaja, como ocurre con aquellas en las que varios de sus miembros padecen de enfermedades crónicas no transmisibles.
«El factor etario resulta otro de los elementos que no pueden descuidarse; es decir, que estaríamos hablando de los grupos de edades más débiles, entre ellos los adultos mayores y los niños, porque pasan por determinados periodos biopsicosociales de sus vidas.
«Sin embargo, cuando analizamos los datos de las conferencias de prensa que a diario actualizan sobre el estado de la enfermedad en Cuba, es interesante el hecho de que resalte, entre los más afectados, el grupo de 40 a 60 años. Debemos comprender que se trata de mujeres y hombres a las puertas de la adultez mayor, sobre los que descansan todos los cuidados, tanto de sus familiares ancianos como de los menores, adolescentes y jóvenes que coexisten en los hogares cubanos.
«El género también constituye un factor significativo. Generalmente, dada la cultura patriarcal machista, las familias transfieren al hombre la responsabilidad de hacer las compras de la casa, aunque esta epidemia ha modificado un poco dicho proceder al optar por elegir al más sano, que puede ser la mujer, para salir a la calle y proveer a los demás de lo necesario. El espacio físico de la vivienda, que favorece o impide el distanciamiento social dentro de la propia casa, y la cercanía o lejanía tanto a los núcleos de contagio como a las ubicaciones de los servicios públicos indispensables farmacias, bodegas, mercados y hospitales, representan asimismo mediaciones determinantes ».
No obstante, en el criterio prácticamente asumido como el eje que coloca a muchos en posición de desventaja, resalta la economía familiar entre los factores primarios de las preocupaciones actuales.
En estos momentos son miles los hogares en los que varios de sus miembros no están trabajando y, por tanto, no podrán recibir la suma habitual de salarios. No solo me refiero a quienes tienen vínculo estatal, que este mes cobrarán el 100 % de su sueldo y que el próximo pasarán al 60 %, sino a los cuentapropistas, cuya paga, muchas veces, la reciben a diario, por lo que las familias habían montado sus estrategias de sobrevivencia a partir de tales condiciones, y ahora ya no cuentan con esa entrada.
« ¿Qué te vuelve más vulnerable? Evidentemente, la confluencia de varias de estas variables, que podrían convergir todas en un mismo núcleo. Por tanto, considero que en las familias más vulnerables de la provincia, tal como demuestran estudios anteriores, pueden coexistir tres o más adultos mayores, sin posibilidades de acceso a un conjunto de servicios que se han compactado a partir de la epidemia.
«Tampoco debemos descuidar la variable psicológica; o sea, las habilidades que los miembros desarrollen en pos de la comunicación intrafamiliar y su capacidad para manejar los conflictos que surgirán, cada vez con más frecuencia, porque estarán sometidos a un estrés atípico al que no estamos habituados en este país ».
Desde hace décadas no podemos hablar en Cuba de la preeminencia del modelo de familia nuclear, lo cual fue reconocido, incluso, a nivel constitucional. ¿Cómo impacta esta realidad sobre la asunción responsable del aislamiento social como la alternativa más viable para enfrentar a la COVID-19?
En el país se evolucionó de un modelo nuclear al que la sociedad mundial ha estado acostumbrada, a diferentes tipos de familias: mononucleares, extensas, con diversas formas de ajustes, reensambladas, etc.; aunque pienso que lo más importante está en qué ocurre al interior de esas familias. O sea, desde el modelo que tengan, asumen aspectos fundamentales como el cuidado, de qué manera organizan sus rutinas, qué tipo de límites imponen en su cotidianidad…
«Pero es muy necesario hablar sobre las funciones que debe cumplir la familia, más allá de su modelo. En la actual crisis sanitaria, la económica resulta esencial; es decir, cómo se reorganizan los procesos económico-familiares, porque en este tipo de elementos reside la posibilidad de que un núcleo sea vulnerable, o no, ya que la desestructuran y las colocan en riesgo.
«Por su parte, la función educativa ayuda a los miembros y sirve de paliativo a la problemática económica. Los modelos educativos inadecuados dificultan las relaciones en procesos como el actual, donde, además, aparecen elementos emocionales como el miedo, la frustración y la angustia. Los humanos tienden a reaccionar negativamente bajo presión, así que la agresividad intrafamiliar resulta una derivación del estrés y la irritabilidad. En los barrios se conoce de antemano cuáles son las familias violentas, en las que hay adicciones, maltratadores, así que desde del Consejo de Defensa Municipal y del Provincial hay que continuar dando seguimiento a esos casos.
«No olviden que las familias y la sociedad villaclareña llegan a esta crisis con un conjunto de dificultades, pero también de potencialidades. Entonces, tenemos que colocarnos ante una interrogante: ¿la idea es sobrevivir o la idea es crecer? Las respuestas de supervivencia serán casi siempre individuales, y si optamos por el crecimiento, pues las respuestas serán más colectivas, menos conflictivas, y permitirán el poder desarrollarse ».
Después del primer mes del impacto acelerado de la epidemia en Cuba, ¿considera que las actitudes personales y colectivas apuntan hacia un escenario más cooperativo o, tal como opinan muchos, resultan un reflejo individualista de la supervivencia?
Creo que la sociedad, de manera general y grupal, cuenta con individuos, instituciones y grupos sociales con más posibilidades para poder cooperar, y también los tiene sin esas competencias o habilidades desarrolladas. Este tipo de situaciones extremas demanda posturas, acciones y reacciones que vayan en pos de la cooperación. Los lugares, familias y entidades con más predisposición para ello, evidentemente, enfrentan la crisis de mejor forma.
«Conocemos gremios, como el de la Salud, que saben cooperar, y un ejemplo importantísimo resulta el de nuestro país, que ha tenido muy claros en sus proyecciones los procesos de cooperación, pues de ello ha dependido, de una forma u otra, la supervivencia de la sociedad y el Gobierno cubano en el contexto internacional.
«Pero si bajamos hasta los barrios también encontraremos los ejemplos en los que enseguida pudieron elegir un voluntario para llevar los tarjetones de sus vecinos y comprar los medicamentos en las farmacias, y aquellos donde esa persona no ha aparecido aún.
«Cooperar permite rebasar momentos de crisis. Si me preguntas qué predomina en estos momentos, si la cooperación o el individualismo, no te podría confirmar. En el imaginario social del cubano tendemos a compartir la idea de que a todo respondemos homogéneamente, y las crisis lo único que hacen es ponernos de frente a las diferentes formas de reacción que puedan darse en las sociedades humanas. Por tanto, la cooperación va a estar a la misma altura del individualismo, y se darán muchos ejemplos de una u otra postura.
«Para un futuro, deberíamos continuar trabajando en los procesos de cooperación, y diseñar, además, estructuras que los favorezcan ».
En este contexto, ¿el rol de las ciencias sociales y sus múltiples líneas de investigación se ha privilegiado como guía metodológica para la toma de decisiones a nivel gubernamental?
Las recomendaciones que puedan hacer las ciencias sociales dependen, para su ejecución e implementación, de los sujetos que llevan a cabo el proceso de gestión. Sí hay mayor consulta que en las últimas décadas, y los especialistas también estamos más dispuestos a decodificar las formas en las que producimos el conocimiento científico para que los restantes sujetos de la sociedad puedan «potabilizar » esos resultados. Las ciencias sociales tienen que acompañar los procesos, porque los mismos que gestionan son los que tienen que cambiar para luego poder gestionar mejor.
«Con esta situación de la COVID-19 se nos convocó para que ofreciéramos nuestras consideraciones, las cuales podrán aplicarse en los casos en que no vayan excesivamente en contra de lo que en estos momentos es posible hacer. Sin embargo, sí hay muchas cuestiones que durante la postepidemia tendrán que sentarse los decisores y la sociedad cubana para reflexionar, en cuanto a lo que se ha hecho mal desde antaño y que la crisis solo ha realzado a niveles superiores ».
La sociedad, en sentido global, nunca más será igual. En el caso de las políticas públicas nacionales, ¿qué piensa que debe cambiar definitivamente con vistas a otro escenario similar que es probable que se repita en cualquier otro momento?
La crisis alteró varias problemáticas de la sociedad cubana que la han hecho sacudirse. Una es la organización social, que no solo pasa por lo referido a la garantía de alimentos, sino de los servicios indispensables de manera general; también, la organización social de los individuos en el espacio público, su comportamiento cívico, el orden y la disciplina ciudadana, etc.
«Las políticas públicas tendrán que hacer sus lecturas más hacia las personas como variable importante para el desarrollo. No podemos seguir ajenos a las características de la población, pero interpretada desde la demografía, la sociología y la psicología, que pueden hacer aportaciones sobre servicios públicos que tendrían que existir y que hace mucho tiempo estamos sugiriendo.
«Tienen que venir políticas muy serias para la atención a las familias en su diversidad, para los cubanos entre 40 y 60 años y, por supuesto, para los adultos mayores, ya que aunque hemos hecho cientos de recomendaciones al respecto, todavía ni el país ni la provincia tienen total conciencia sobre el tema.
«También hay que elaborar políticas para el cuidado. El ámbito académico viene trabajando esta temática en varios centros de educación superior, incluida la UCLV, pues hay que abordarlo desde la perspectiva social, institucional, diversificar sus diferentes formas y generar una cultura de cuidado. Si lo logramos, las personas podrán tener una mayor percepción de riesgo. Tenemos que adelantarnos a los problemas para aprender a cuidarnos, hablar más de cuidado que de peligros, y más de potencialidades que de miedos ».