¿Cómo desafiar la página en blanco cuando nos volvemos el «hecho noticiable »? ¿Cómo desnudarnos, sin torpezas y sin egos, para mostrar el dorso invisible de un relato periodístico?
Cual reverso de un bordado, casi siempre las noticias ocultan más de lo que muestran, no en agendas estrujadas, bolígrafos sin tinta o materiales inéditos, sino en las vivencias de quienes las hacemos. Ni los libros de academia ni los tropezones de la calle captan, por sí solos, toda la esencia del Periodismo, pues la realidad sorprende en cada asalto y muchas veces nos descubrimos inexpertos ante un hecho. ¡Qué año este para demostrárnoslo!
A quienes hojean cada sábado las páginas de un Vanguardia pronto sexagenario, «calientan » el debate con sus comentarios en el diario digital, buscan el humor dulce de Melaíto y nos demandan cada día más desde la comunidad que se gesta en las redes sociales, toda nuestra gratitud.
Por ustedes, salimos a diario a tensar la cuerda que divide las sensibilidades profesional y humana, porque padecemos lo mismo que contamos.
Por ustedes, nos alejamos durante meses de nuestro «cuartel general » y llevamos un pedacito del periódico a cada casa, para escribir, ilustrar, diseñar y revisar mientras nos cuidábamos y cuidábamos a los nuestros.
Por ustedes, rebosantes de coraje, con el valor a media asta o colmados de temores, nos tocó hablar sobre la vida y la muerte, oxigenar las historias cuando a todo un país le costaba respirar, y encontrar el tono justo para criticar sin herir o exaltar sin cursilerías.
Como ustedes, sufrimos aislamientos y contagios, y perdimos trozos de alma, tanto en casa como en la Redacción. Muchas noticias preferiríamos no contarlas, y el dolor amordazó al oficio cuando despedimos a Juana Osmaira González Consuegra, Manuel de Feria García y María Mercedes Rodríguez García.
En medio de la contingencia sanitaria fuimos un poco epidemiólogos, intensivistas, médicos de familia, pediatras y psicólogos. Una campaña de vacunación sin precedentes nos sumergió en la inmunología, las amenazas atmosféricas nos vistieron de meteorólogos, las peripecias económicas nos dejaron con una calculadora en la mano y un hueco en los bolsillos, los continuos ciberataques político-ideológicos nos lanzaron a un campo de batalla virtual, y ahora nos sumamos al debate sobre el futuro legal de las familias en Cuba. Todo ello acompañado de las penas y glorias de siempre.
Por ustedes, seguiremos como eternos inconformes, haciendo de la agenda un espejo social, diseccionando en cada línea los fragmentos de la realidad que vivimos; explicando, con argumentos sólidos, las hazañas y pesares de la sociedad, y renovando el compromiso con la prensa revolucionaria que nos regaló José Martí el 14 de marzo de 1892.