Al cierre de 2025, Cuba logró avances significativos en la recuperación del Sistema Eléctrico Nacional, pese al recrudecimiento del bloqueo estadounidense, que incluyó la incautación de un barco con un millón de barriles de combustible en diciembre.
Según explicó el ministro de Energía y Minas, Vicente de la O Levy, en la Mesa Redonda, el país implementó una estrategia integral: se recuperaron más de 1000 megawatts (MW) en generación distribuida, se incrementó la producción de gas nacional, se repararon unidades termoeléctricas clave y la penetración de energías renovables saltó del 3 % al 10 % en un año.
Dijo que las afectaciones persisten y que 2026 estará enfocado en consolidar lo alcanzado e introducir sistemas de acumulación de energía, así como extender el servicio de gas manufacturado.
—¿Cuál era el punto de partida del programa de recuperación energética y qué resultados concretos se obtuvieron en 2025?
—Partíamos de una situación muy compleja. A finales de 2024, la generación distribuida apenas disponía de unos 350 MW de los casi 3000 instalados, por falta de piezas y financiamiento. En 2025 logramos recuperarla hasta superar los 1000 MW, lo que resultó vital durante el ciclón que afectó a Granma, Guantánamo, Holguín y Las Tunas, provincias que se quedaron desconectadas del sistema nacional y vivieron gracias a esa generación.
«También recuperamos unidades térmicas como la 3 y la 4 de Céspedes y la 5 de Renté en Santiago de Cuba. La unidad 4 de Céspedes se atrasó por errores de planificación y calidad en los mantenimientos, pero ya está en línea».
—¿Qué papel jugó el gas nacional y las energías renovables?
—Fue uno de los saltos más significativos. Perforamos nuevos pozos y aumentamos la producción de gas acompañante. Llegamos a generar 370 MW de una capacidad instalada de 380 MW, con una media estable de 340, funcionando con combustible propio. En cuanto a las renovables, comenzamos 2025 con un 3 % de penetración y lo terminamos con un 10 %, un incremento de siete puntos porcentuales en un solo año.
—¿Cómo afectó el bloqueo energético impuesto por ee. uu. a partir del 29 de enero?
—Fue brutal. El último barco entró el 8 de diciembre y no recibimos más hasta el barco ruso con 100 000 toneladas. A partir del 29 de enero se trancaron las posibilidades de adquirir combustible por temas arancelarios y la presencia militar en el Caribe. Ahora se habla de sanciones contra países enteros, lo que disuade cualquier suministro.
«Esto paralizó todo lo que depende de combustible importado: Mariel, Moa, las patanas de La Habana. Llevamos meses solo con nuestras termoeléctricas, el gas y el sol. Si restamos 2 000 MW de indisponibilidad menos 1 400, nos dejarían 600 MW de afectación; con combustible la mejoría hubiera sido extraordinaria».
—¿Se tomaron decisiones para proteger la economía pese a los apagones?
—Sí. Se decidió priorizar sectores vitales como la agricultura, la producción de alimentos y los generadores de divisas. Protegimos 631 circuitos eléctricos en todo el país, que demandaban más de 800 MW y solo se afectaban en condiciones extremas. Eso permitió el riego del tabaco, el maíz y la soya, y mantener industrias exportadoras. Hubo más horas de apagón de lo previsto porque destinamos parte de la energía a la producción; no podíamos continuar con fábricas paradas.
—¿Cuál es el programa para 2026 y qué novedades trae?
—El Programa de Gobierno tiene 62 acciones detalladas mes a mes, evaluadas semanalmente. En 2026 no se trata solo de crecer, sino de consolidar y sostener lo recuperado. Hoy tenemos 1 114 MW de generación distribuida disponible. Continuaremos aumentando la producción de gas y petróleo —ya detuvimos el decrecimiento y estamos creciendo—.
«La gran novedad es la incorporación de sistemas de acumulación de energía: los recursos ya están en Cuba, en fase de instalación. También reanudamos el programa de gas manufacturado para cocción en La Habana, que se había detenido por falta de gas. El objetivo es sumar 25 000 nuevos clientes, lo que reduce la demanda eléctrica.
«La prioridad es sostener las termoeléctricas con crudo cubano, porque sin ese combustible estaríamos en apagón total.
«Compramos crudo y no derivados porque es más viable económicamente: de él obtenemos gasolina, fuel, diésel y GLP. Importar cada producto por separado encarece los fletes y la refinación externa.
«No todo el combustible refinado va para electricidad; parte del diésel y fuel (unas 6 000 toneladas) se destina a hospitales, grupos electrógenos y transporte. El gas licuado irá a hospitales con calderas de gas y centros de producción de alimentos.
«En el caso del barco ruso, no pudo entrar a Cienfuegos por problemas de calado, así que se descargó en 90 horas en otro puerto, se transfirió por cabotaje a embarcaciones menores y se inició la refinación».
—¿Cuál es el principal desafío logístico y cuándo se notó mejoría?
—Los tanques están vacíos. Si distribuimos 1800 toneladas diarias de diésel por carretera, se consume al instante. Llevarlo a extremos del país hace que cuando llegue a un lado, el otro ya no tenga. Decidimos levantar inventarios mínimos para arrancar todo a la vez. El fuel va por barco a Mariel y Moa, con logística de 24 horas.
«La mejoría se notó desde el 17 de abril: no la deseada, pero significativa. Distribuimos 800 toneladas diarias de las 1600 necesarias. Si usáramos 1 600, habría menos apagón, pero duraría la mitad del tiempo. Este barco alcanza hasta finales de abril y hacemos gestiones para la continuidad».
—¿Por qué hay desigualdad en los apagones entre provincias y se pueden planificar los imprevistos?
—No hay dos provincias iguales eléctricamente. Teóricamente la fórmula es equitativa, pero si una provincia tiene más servicios vitales, tiene menos circuitos apagables y su población se afecta más.
«Planificamos a las 12 de la noche, pero en medio se va Mariel u otra planta térmica, el sol cambia o llegan sargazos que tapan las tomas de Energás, y hay que afectar. Nadie planifica los sargazos ni la salida por avería de una termoeléctrica».
—¿Qué le falta a la energía solar para ser estable y cuál es el objetivo de la transición energética?
—Le faltan baterías. La solar fluctúa, lo que genera variaciones de frecuencia, voltaje y consumo. Las baterías estabilizan. Existen cuatro grandes emplazamientos en Cuba, de 200 MW en total, para cuando tengamos 3000 MW renovables. Las baterías ya están en el país.
«El primer emplazamiento de 50 MW permitirá superar los 900 MW. El objetivo de la transición energética es alcanzar soberanía para todos los portadores. No solo parques: recuperar los 7827 molinos de viento (ya 5673 disponibles), bombeo solar para ganadería e hidráulica, y las 409 plantas de biogás (solo 124 operan)».
—¿Qué soluciones concretas se han implementado con financiamiento escaso?
—Compramos 15 000 equipos solares (tipo Ecoflow), modificados para cargar solo con sol. Se entregaron a maestros, médicos, héroes del trabajo y niños electrodependientes (171 iniciales, luego 263 más). Además, 5000 sistemas solares se destinaron a policlínicos, hogares maternos, hogares de ancianos, funerarias, bancos, oficinas de la Unión Eléctrica, emisoras y Etecsa.
—¿Qué avances existen en la transición energética?
—La transición avanza en varios frentes. Hoy cerramos con un 15 % de penetración de energías renovables si sumamos todo lo que hace el sector privado, las empresas estatales y los organismos. En total sumamos unos 1 700 MW entre generación y ahorro por bombeo de agua con fuentes renovables. Empresas enteras han resuelto el 100 % de la energía de sus trabajadores con sus propios presupuestos. El sector privado también ha respondido, financiando iluminación en avenidas de La Habana.
—¿Cuál es el plan por etapas hacia la soberanía energética total?
—La primera etapa es alcanzar el 24 % de energía renovable en 2030. La segunda, llegar al 40 % en 2035, lo que nos permitiría eliminar la importación de combustible, ahorrando más de un millón de toneladas anuales. La tercera etapa, hacia 2050, es la soberanía total con 100 % de energía renovable. Cuba tiene un potencial gigantesco en biomasa forestal, hidráulico, eólico e incluso mareas. Este año comenzamos a instalar las torres del parque eólico Herradura 1.
(Wennys Díaz Ballaga y Carmen Maturell Senon)