Desde que tengo razón de ser todo empieza con un madrugón. Al cuarto llega el olor a ropa recién planchada y empiezas a despertarte aunque no lo quieras. A mí me disfrazaban de verde olivo. Recuerdo que tenía una saya y un par de estrellitas en cada hombro, y a mí, en lo particular, me hacía creer importante. Pasaron los años y a aquella falda le faltaban muchos centímetros para cubrirme, pero los desfiles siguieron siendo parte de la familia; luego, asuntos de la escuela.
Por estos días he encontrado la saya, con olor a pasado. Y créanme, a pesar del madrugón, una recrea aquella costumbre del 1.o de Mayo. A veces con añoranza, porque la fecha en Cuba a pesar de que es un triste recordatorio internacional de una matanza de trabajadores en Chicago es un día para reencontrarse también con la gente de la que una vez fuiste parte y conjunto.
Este lunes no será un lunes más; no sé por qué extraña razón los primeros de mayo en Cuba son distintos, eso, siempre lo he dicho, a diferencia del mundo. Sí sé la razón, pero no hay que ponerse obvios, ni redundar, ni hacer francas imitaciones de Perogrullo o malgastarse en propagandas infértiles. La razón esencial es la misma que hace que estemos todos gritando Patria.