La huella a pesar de las balas

Este 19 de mayo se cumplen 122 años de la muerte de José Martí­ y los cubanos lo recordamos para no dejar morir sus ideales.

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José Martí. Pintura de Ernesto García Peña.
José Martí. Pintura de Ernesto García Peña. (Tomada de Internet).
Osmaira González Consuegra
Osmaira González Consuegra
@oglezc
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18 Mayo 2017

Mayo 19 de 1895. El dí­a se hace triste para la Patria. Ha muerto José Martí­, el Delegado del Partido Revolucionario Cubano.

En su primer combate, allí­ donde se cruzan los rí­os Cauto y Contramaestre, las balas le enfrí­an el cuerpo.

Según narra el investigador y periodista Ciro Bianchi fue impactado por tres disparos. Uno le penetró por el pecho, al nivel del puño del esternón, que quedó fracturado; otro por el cuello, que le destrozó, en su trayectoria de salida, el lado izquierdo del labio superior. El tercero lo alcanzó en un muslo.

El cadáver fue reconocido y recogido por el enemigo, pese a los constantes ataques de los cubanos empeñados en recuperar el cuerpo. Se le dio sepultura en el cercano pueblo de Remanganaguas.

El alto mando español ordenó exhumarlo y trasladarlo a Santiago de Cuba, para su cabal identificación. En esa ciudad fue sepultado, en la necrópolis de Santa Ifigenia.

Los restos de José Martí­ se mantuvieron en el nicho 134 de la galerí­a sur de ese camposanto hasta 1907, cuando fueron trasladados a un pequeño templete de estilo jónico, erigido en el lugar exacto que ocupara el nicho. A mediados de 1951, en el mismo cementerio, quedó inaugurado el mausoleo que desde entonces guarda sus restos.

Muy cerca de allí­ reposan las cenizas de quien fuera su mejor discí­pulo: el lí­der histórico de la Revolución cubana, Fidel Castro Ruz.

Respecto a la trascendencia de la muerte del Maestro, en sus Reflexiones del 18 de mayo de 2010, Fidel dirí­a: «La magnitud de su grandeza no serí­a posible valorarla sin tener en cuenta que aquellos con los cuales escribió el drama de su vida fueron también figuras tan extraordinarias como Antonio Maceo, sí­mbolo perenne de la firmeza revolucionaria que protagonizó la Protesta de Baraguá, y Máximo Gómez, internacionalista dominicano, maestro de los combatientes cubanos en las dos guerras por la independencia en las que participaron. La Revolución Cubana, que a lo largo de más de medio siglo ha resistido los embates del imperio más poderoso que ha existido, fue fruto de las enseñanzas de aquellos predecesores ».

Hoy, a 122 años de la caí­da del Apóstol, aún nos quedan sus enseñanzas, ese pensamiento que sobrevivió a las balas, para que los cubanos no dejen morir los ideales del Héroe de Dos Rí­os.

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