Medicina familiar: En el corazón de la comunidad

Hace 42 años surgió el Programa del Médico y la Enfermera de la Familia, una iniciativa impulsada por Fidel.

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Ilustración de Alfredo Martirena sobre la medicina familiar en Cuba.
(Ilustración: Alfredo Martirena)
Lety Mary Alvarez Aguila
Lety Mary Alvarez Aguila
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03 Febrero 2026

Un pequeño dolor, a cualquier hora, tiene antídoto o remedio a pocas cuadras de la casa. Un niño, una gestante, acuden a ese bastión de dos pisos donde batas blancas los esperan. El adulto mayor, con sus constantes dudas y naturales achaques, pasa y saluda al médico de la familia. Le ofrece un café a la enfermera, que también labora allí desde temprano. El lugar, aunque tranquilo y austero por fuera, concentra en sus paredes la calidez y la disposición. La salud ha de primar, para bien común, en todos los rinconcitos de Cuba. 

Hace 42 años surgió el Programa del Médico y la Enfermera de la Familia, una iniciativa impulsada por el líder histórico de la Revolución cubana. La visión de Fidel, guía permanente de los rumbos de la nación, particularizó un Sistema de Salud que se convertiría en una de las más grandes conquistas de la etapa revolucionaria. En el afán de prestar servicios de calidad para el pueblo, se pensó en la prevención y la participación comunitaria, de modo que se afianzó una cadena más allá de las altas instituciones de la salud pública: individuos, familias y contexto representaron eslabones primordiales, tal y como sucedía con otros aspectos del país.

Con la existencia de los policlínicos, varias actividades de atención ambulatoria se ejecutaban mediante programas que perseguían erradicar o controlar enfermedades en los distintos grupos etarios. A medida que avanzaron los años, esta forma de trabajo se perfeccionó e incluyó otros programas de atención integral. En 1984, se materializan las figuras del médico y la enfermera de la familia como nuevos agentes de las prácticas asistenciales. Ello trajo consigo cambios y modificaciones en la llamada atención primaria de la salud. La idea de Fidel consistía en un médico nuevo, capacitado para cuidar a la mujer embarazada y acompañar, posteriormente, la niñez de esa criatura. Asimismo, este especialista debía velar por la vejez y la vida familiar y en sociedad. Dichas necesidades otorgaron peso y reconocimiento al proceso formativo del médico general integral; el cual, sin dudas, haría falta en cualquier lugar. 

Con el fin de transformar, de manera positiva, los indicadores de salud, la medicina familiar incidió en garantizar bienestar y calidad de la vida a la población mediante un contacto directo y sistemático. Entre los objetivos trazados por este programa figuran la contribución a mejorar conocimientos y hábitos saludables en la población, así como prevenir la aparición de riesgos y padecimientos que puedan afectar de modo general a la ciudadanía. Este esquema también se propuso realizar acciones integrales en ambientes específicos como la escuela o los barrios vulnerables. 

Desde sus inicios, el programa de medicina familiar ha significado un pilar fundamental en el sector de la Salud, sin embargo, nadie niega el sinnúmero de limitaciones y desafíos que la actualidad impone. Vivimos tiempos donde, más que nunca, urge extender la mano sin renunciar a la más pequeña pizca de sensibilidad humana. Es necesario que las dinámicas se transformen o actualicen según la realidad de cada zona, que los equipos básicos trabajen en función de identificar afectaciones. La intersectorialidad se ha convertido en una palabra clave, y una concreción real de esta alianza contribuye a la eficiencia de todos los procesos. Por otra parte, la raíz se sitúa en el control popular y las acciones pertinentes en cuanto a sanidad y otras problemáticas dentro de cada territorio. 

Con un enfoque clínico−epidemiológico y social, el programa aún mantiene su condición de perfectible, aún busca reinvenciones y vence batallas que la realidad convulsa le arroja. En diálogo reciente con Vanguardia, la doctora Tania Cecilia Casanova Arencibia, especialista en medicina familiar y jefa del Departamento de Atención Primaria en Villa Clara, explicó como se ha transformado con el tiempo esta experiencia, y destacó la importancia del médico y la enfermera como equipo básico, sobre todo en los momentos complejos que se enfrentan.

A decir de Tania Cecilia, ellos se hallan en la primera línea de combate, como ese puerto (primero y seguro) al que el paciente acude. La misión radica en seguir y soñar en esta nueva era de investigaciones, compromisos, empeños y desvelos. La trinchera permanece ahí, en ese centro de humildes sonrisas y brazos abiertos al que muchos llaman consultorio.

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