Responsabilidad y compromiso ante la adversidad

Ante la crisis energética y el bloqueo, los estudiantes cubanos enfrentan un curso marcado por múltiples limitaciones. A diferencia de la pandemia, hoy las barreras son mayores, pero la responsabilidad individual, el apoyo familiar y las alternativas que ofrece el sistema buscan garantizar el ingreso a la universidad.

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Laura Beatriz Zaita Arjona
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03 Abril 2026

El aprendizaje en la Cuba contemporánea transita por un entramado de limitaciones que obstaculizan el desarrollo habitual del curso escolar. Este contexto se ve agravado por la crisis de combustible y su impacto en el sector electroenergético, ambos consecuencia del bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos. En Villa Clara, como en el resto del país, sortear estas barreras constituye una constante para el alumnado y representa un desafío mayor para quienes se disponen a ingresar a la educación superior.

La situación actual permite evocar el auge de la COVID-19, cuando la instrucción a distancia y semipresencial se erigió en estrategia pedagógica para garantizar la continuidad de los procesos formativos y, a la vez, resguardar la salud de docentes y educandos. Durante la crisis epidemiológica, si bien resultó determinante la sinergia entre actores del escenario socioeconómico cubano, la infraestructura existente desempeñó un papel clave al posibilitar el despliegue de las diversas opciones educativas. Ello favoreció la circulación de materiales académicos a través de múltiples plataformas digitales, con acceso gratuito, ya fuera desde la modalidad Nauta Hogar o mediante datos móviles. De igual modo, durante el aislamiento, la relativa estabilidad del servicio eléctrico facilitó en gran medida la recepción de las teleclases. 

Ilustración de Alfredo Martirena sobre el ingreso a la educación superior.
(Ilustración: Alfredo Martirena)

Si bien la experiencia brindada durante la pandemia allanó el camino, hoy la isla se encuentra en circunstancias aún más críticas. Los prolongados cortes de energía no solo trastocan las rutinas de estudio y generan frustración, sino que, para muchos, implican la pérdida total de conectividad hasta el restablecimiento del servicio. A ello se suman las restricciones en la adquisición de paquetes de datos móviles, obstáculo particularmente severo para quienes carecen del servicio Nauta Hogar. Pese a las concesiones de Etecsa, el excedente ofertado resulta a menudo insuficiente ante el elevado consumo de megas que demanda la consulta de información en plataformas extranjeras para trabajos académicos. Paralelamente, los recortes en el transporte público han convertido la asistencia a los centros escolares que aún mantienen la presencialidad en una empresa titánica.

En medio de esta vorágine, hablar de responsabilidad individual y familiar no constituye un cliché, sino una exigencia ineludible. En este sentido, aprender implica asumir que el crecimiento intelectual y la obtención de una carrera universitaria requieren constancia y compromiso. Por tanto, corresponde al estudiante definir su margen de acción con los recursos disponibles, emplear sus habilidades en favor de su bienestar educativo, sortear la pereza y el desánimo, y trazarse metas progresivas hasta alcanzar sus objetivos. 

A la familia también le competen deberes insoslayables: velar por que las condiciones domésticas favorezcan la concentración, supervisar la sistematización de los contenidos, mantener una comunicación fluida con los docentes y transmitir al alumno la certeza de que el esfuerzo invertido vale la pena. Así, el respaldo familiar se erige en anclaje emocional y logístico para que el joven sostenga sus aspiraciones sin rendirse ante los obstáculos cotidianos.

No obstante, el sistema educativo también debe velar por la correcta preparación de los estudiantes. Alexander Iván Vázquez Vega, jefe del departamento preuniversitario de la Dirección General de Educación en Villa Clara, mencionó que en mayo comenzará la sistematización con vistas a los exámenes de ingreso. Para ello se contará con las teleclases —que posteriormente serán analizadas en conjunto por profesores y educandos—, accesibles mediante soportes digitales, dispositivos USB o sus emisiones en vivo, según el territorio y las condiciones energéticas. Además, los aspirantes pueden complementar su aprendizaje con modelos de convocatorias anteriores, igualmente a su disposición.

En cuanto a otras modalidades de estudio, el directivo se refirió a un grupo de alumnos matriculados en la enseñanza de jóvenes y adultos que, desde septiembre, reciben preparación para el ingreso. Enfatizó, asimismo, que quienes no puedan asistir a su escuela en el horario matutino pueden recibir la misma formación en esos centros durante la tarde.

Respecto a las opciones para los aspirantes, destacó las tres convocatorias vigentes para acceder a la universidad: la primera, para quienes aprueben los tres exámenes; la segunda, para quienes desaprueben alguno; y la tercera, que, a diferencia de cursos anteriores, está abierta a todos los que hayan concluido el bachillerato, independientemente de la vía de egreso.

En definitiva, el tránsito de los estudiantes hacia el nivel de enseñanza superior se presenta como un panorama tan complejo como revelador. Las barreras estructurales persisten, pero la confluencia del esfuerzo individual, el compromiso familiar y la capacidad del sistema para ofrecer alternativas flexibles constituye el motor de la futura fuerza laboral cubana.

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