Conectados al abismo

Una mirada a la adicción tecnológica y los juegos virtuales.

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Ilustración de Alfredo Martirena sobre la adicción a los juegos virtuales.
(Ilustración: Alfredo Martirena)
Kevin Duval Espinosa Pereira
91
15 Octubre 2026

El Condado lleva varias horas sin electricidad, pero las partidas de DLS 2026 (videojuego de fútbol Dream League Soccer) y Free Fire («de tiros») comienzan a ver la luz en este instante. Algunos muchachos del barrio no encuentran mejor entretenimiento. Tienen solo 16 o 17 años, y sus dedos se mueven sobre el cristal templado del móvil con una tanta agilidad y precisión que podrían hipnotizar. La despreocupación de algunas familias llega a ser inquietante, mientras los niños siguen absortos en sus pantallas. Sus miradas solo reflejan luces y efectos especiales que apresuran el tiempo y debilitan su realidad.

Lo que sucede en este barrio de Santa Clara no es un hecho aislado. Cada día resulta más común encontrar adolescentes y jóvenes que dedican gran parte de su tiempo libre a los videojuegos, las redes sociales y otras formas de entretenimiento digital. Aunque la tecnología ha traído beneficios para la comunicación y el acceso a la información, también ha provocado preocupaciones relacionadas con el uso excesivo de estos medios.

Muchos encuentran en los videojuegos una forma de escapar de los problemas cotidianos. En un contexto marcado por dificultades económicas, apagones y pocas opciones recreativas, el mundo virtual se convierte en un espacio atractivo donde pueden distraerse y relacionarse con otras personas. Allí encuentran retos, recompensas y emociones que muchas veces no experimentan en la vida real. Sin embargo, detrás de esa aparente diversión pueden aparecer consecuencias negativas. Profesores y familiares señalan que algunos estudiantes disminuyen su rendimiento académico debido a las largas horas dedicadas a jugar. Otros presentan dificultades para concentrarse, alteraciones en los horarios de sueño o conflictos familiares cuando se les limita el acceso al teléfono o a internet.

Los especialistas explican que la adicción tecnológica funciona de manera similar a otras dependencias. La necesidad constante de revisar el celular puede generar ansiedad e irritabilidad. Además, los adolescentes son más vulnerables a este tipo de conductas, ya que se encuentran en una etapa importante de desarrollo emocional y social.

La familia desempeña un rol fundamental en este proceso. En ocasiones, algunos padres consideran que el celular es un medio seguro de mantener entretenidos a sus hijos. Sin embargo, cuando no existe supervisión ni límites adecuados, el uso excesivo de la tecnología puede convertirse en una adicción.

A pesar de ello, los expertos coinciden en que la solución no consiste en eliminar completa mente la tecnología. Los dispositivos móviles también permiten estudiar, informarse y comunicar se. El desafío está en aprender a utilizarlos de manera responsable y balanceada.

Algunos jóvenes han logra do encontrar ese equilibrio con la combinación del tiempo en pantalla y actividades deportivas, recreativas o culturales. Estas experiencias demuestran que es posible disfrutar de la tecnología sin depender completamente de ella.

El Condado, barrio de gente humilde, recupera su luz cuando los muchachos regresan a las calles para divertirse. Siguen con sus juegos de fútbol y de tiros, pero sin pantallas, en una batalla ganada a la succión virtual. En fin, la adicción tecnológica es un fenómeno complejo que forma parte de la realidad actual. Comprender sus causas y consecuencias es necesario para ayudar a las nuevas generaciones a aprovechar las ventajas de su uso, sin quedar atrapadas en ella. Más que prohibir, necesitamos educar.

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