Ernesto Alejo y los 15 años del «Trompo»

Ernesto Alejo habla sobre el festival Para Bailar en Casa del Trompo con orgullo paternal. Ahora, este hijo arriba a los 15 años para beneplácito del público.

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Resulta imposible hablar de la danza en Villa Clara y no mencionar a Ernesto Alejo Sosa. Tampoco se pueden omitir sus dos «hijos»: la compañía Danza del Alma y el festival Para Bailar en Casa del Trompo. Cada diciembre, Ernesto hala la pita de este encuentro danzario y Santa Clara se deja llevar por el compás de ritmos contemporáneos.

Ernesto Alejo, director de la compañía Danza del Alma.
Ernesto Alejo, director de la compañía Danza del Alma. (Foto: Ramón Barreras Valdés)

Vanguardia aprovechó la ocasión y se acercó a este reconocido artista del patio para conocer un poco más sobre esta cita anual que arriba a los 15 años y que él, como buen padre, se niega a abandonar.

—¿Cómo se concibió en la Santa Clara de 2004 un festival de tal magnitud y con este formato?

—La Casa del Trompo surgió en un momento en que la ciudad estaba muy deprimida, con la casa de cultura  y el teatro cerrados. Por alguna razón, toda la gastronomía ofrecía sus servicios en los alrededores del parque, y me parecía horrendo que quedaran llenos de grasa y bebida después de un gran jolgorio popular, que puede llegar a ser devastador. También era muy frustrante entonces no contar con un sitio para presentarnos. Se cumplían diez años de Danza del Alma y me dije: «¡Hay que celebrar!». Y con esa preocupación que tengo por las lagunas en el arte, que pueden resultar terribles, decidí irnos a la calle.

«De no haberlo hecho, creo que se hubiese perdido un gusto por el teatro. En ocasiones, las autoridades olvidan la importancia del arte en la sociedad, y cuando lo quieren retomar ya es muy tarde porque no hay público para ello.

«Entonces involucré a amigos, al Gobierno, al Partido. En un primer momento tuvimos que buscar al público, pero hoy es al revés. El nuestro es un auditorio educado, conocedor de la buena danza, y por ello los invitados adoran venir. Aquí ha estado desde el Ballet Nacional de Cuba, Danza Contemporánea —que celebró sus 45 años junto a nosotros—, Danza Abierta y muchísimas agrupaciones más.  

«Otra intención noble del evento fue la mirada hacia la enseñanza artística. La columna vertebral de la cultura cubana comienza en las academias, y es bueno que los niños tengan su espacio. Nosotros hemos sido plataforma para que se presenten y choquen con la realidad de una audiencia.

«Para Bailar en Casa del Trompo desplazó los demás eventos de diciembre; con este festival se dice adiós al año viejo y se saluda el nuevo. Creo que es la oportunidad de interrumpir el paso a los transeúntes y regalarles una puesta digna que a veces no tienen la posibilidad de apreciar en otra ocasión. Pienso que eso es algo mágico, como también lo fue que hubiese 300 bailarines este año en el desfile inaugural».  

—¿Cuál fue el objetivo de este festival cuando nació?

—Desde un primer momento surgió para que la danza contemporánea tuviera un espacio más. Pueden parecer muchos, pero realmente son muy pocos los espacios en el país dedicados a su desarrollo. Aunque esencialmente es para los bailarines contemporáneos, casi siempre invitamos una compañía de danza folklórica, que también tiene su público. Además, hacemos una distinción hacia el mundo aficionado con «Nuestra América», por la excelencia de su discurso.

—¿Se siente satisfecho con lo logrado?

—Quienes me conocen saben que soy muy inconforme y la competencia la hago siempre conmigo mismo. Tengo un compromiso y una lealtad con la danza que trasciende al público y lo compromete con lo que hacemos y con esta ciudad, que, como siempre digo, es santa y clara.

—Este año ha resultado muy difícil para el país y no son pocos los eventos que se han cancelado. ¿Por qué se mantuvo Para Bailar en Casa del Trompo?

—Pregunta difícil de contestar, porque este evento no es solo de Ernesto Alejo, sino de un ejército de personas que creen en lo que hacemos. Ciertamente han existido muchas contingencias este año, y hay que saber dónde está cada centavo que se invierte. Pero me quedo asombrado con el respeto de las autoridades. Nunca se ha suspendido, ni siquiera en momentos muy difíciles. No podemos quitarles el aire a las personas; la cultura, si es buena y legítima, es oxígeno. En Santa Clara este es el evento de mayor impacto en el público luego de la Feria del Libro, estadísticamente hablando. Entonces tenemos que luchar por él.

Compañía Danza del Alma.
La compañía Danza del Alma está festejando su aniversario 15 y prepara estrenos para el año 2020. (Foto: Ramón Barreras Valdés)

—Sorprendió en esta ocasión a los habituales que no haya estreno mundial de Danza del Alma.

—Esta ausencia se debe a la propia dinámica de nuestro trabajo. No pudimos concluir una nueva puesta, y el público se merece solo lo mejor. Pero ayer presentamos un fragmento de la pieza en que trabajamos y que debemos estrenar oficialmente el 29 de abril, Día Mundial de la Danza. La Unesco nos ha pedido para ese día que saquemos a las calles los ensayos, las clases, los estrenos, y así lo haremos.

—En 2020 son los 25 de Danza del Alma. ¿Existe algún proyecto para celebrarlos?

—Mi vida es un eterno proyecto. A mí me agobia saber que voy a vivir tan poco; la brevedad de la vida me entristece porque me quedarán tantas cosas por hacer. Todos los días en la compañía estamos creando algo nuevo, trabajando, ensayando. Les digo a diario a mis bailarines que lo único que abre las puertas y calla las bocas es el trabajo duro.

«Pero sí, tenemos actividades programadas e incluso estamos proyectando una gira nacional, pero aún es muy pronto para hablar de ello».

—Son casi 30 años de vida profesional. ¿Cómo se siente después de toda una vida dedicada a la danza?

—He tenido dos mujeres: mi madre y la danza. La danza es mi novia, mi mujer, mi amante, mi amiga, y tengo que respetarla. Tengo que hacer danza porque si no moriría con tantos movimientos comprimidos dentro del corazón. Ella es mi todo, a ella me debo.

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