Lima 2019: Adolescente de plata

Entrevista a la familia de un subcampeón de los Juegos Panamericanos 2019: Reinier Carrera Monteagudo, medallista de plata en el K 4 a 500 metros en Lima.

Tripulación cubana del K4 a 500 metros, plata en los Panamericanos de Lima 2019.
Reinier (tercero de izquierda a derecha), junto a sus compañeros Fidel Vargas, Renier Mora y Robert Benítez, con nuestra enseña nacional en el momento de la premiación en Perú. (Cortesía de los entrevistados)
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Lograr una medalla de cualquier color en un evento deportivo internacional siempre es relevante; si se alcanza en unos Juegos Panamericanos yes plateada, ¡qué bueno! Y si la consigue un adolescente de 17 años, entonces se convierte casi en una proeza y la presea refulge con luz propia, con luz de gigante.

Fin de la prueba k4 a 500 metros en los Panamericanos de Lima 2019.
Final de la prueba k4 a 500 metros, ganada por Argentina (embarcación del centro), y en la que Cuba fue segunda y México ocupó la tercera plaza. En la embarcación antillana se puede apreciar a Carrera. (Foto: Tomada de Internet)

Reinier Carrera Monteagudo, oriundo de Falcón, poblado al oeste del municipio de Placetas, en Villa Clara, protagonizó la hazaña al conquistar, a puro corazón, el segundo lugar en el K4 a 500 metros en Lima, la capital no solo de Perú, sino del deporte continental hasta el 11 de agosto.

En el terruño natal del joven subcampeón panamericano, todavía las emociones aumentan y a la familia le cuesta contener las lágrimas, aunque, en la medida en que me hablaban de su muchachito, llegó la relajación, vinieron la risa, la confianza... 

«Nos sentimos muy contentos, con fe en que iba a alcanzar la medalla, muy orgullosa, al igual que toda la familia», cuenta Leidis Monteagudo Balderas, la madre.

Su esposo, Reinaldo Carrera Viera, se ríe nerviosamente, como si no supiera cómo empezar, y solo dice: «Igualmente». Después susurra que no se lo creía cuando lo escuchó por la radio, que le parecía mentira. Luego, rápido y enfático agrega: «Él iba por bronce».

Ceremonia de premiación del k4 a 500 metros en los Panamericanos de Lima 2019.
Ceremonia de premiación del k4 a 500 metros en los Panamericanos de Lima 2019. (Foto: Tomada de Internet)

—Y cuando se enteró de que era cierto…

¡Imagínate!…

—Él hasta lloró, tú ves, no puede ni hablar —recuerda Leidis.

—Me pongo nervioso… —confiesa—, y las lágrimas vuelven a fugarse de sus ojos, como el agua en cada paletada de su bisoño Reinier. El suyo es un llanto sincero, profundo; su rostro no deja dudas de ello, y tampoco, las primeras palabras cuando logra recuperarse un instante: «Es un niño, es menor de edad…»

Su mirada se remonta tal vez a esos pocos años atrás cuando, con escasos 11 años, se fue a practicar a la Academia Provincial de Remos, en Manajanabo, a pocos kilómetros de Falcón.

—Es que enseguida lo captaron para La Habana, y figúrese era muy chiquito..., lo apoya la madre, que permanece ecuánime mientras conversamos:

—Quién lo motivó para el canotaje?

—Mi hermano, que es entrenador de ese deporte, Liván Monteagudo, siempre le vio condiciones de buen atleta.

Yno se equivocó, porque en los Juegos Escolares de Alto Rendimiento logró tres medallas de oro consecutivas, y en casa —me cuentan— atesoran más de 25 de ellas.

Padres del kayakista villaclareño Reinier Carrera.
(Foto: Carlos Rodríguez Torres)
Reconocimiento a Reinier Carrera, atleta de canotaje de Villa Clara.
(Foto: Carlos Rodríguez Torres)

Leidis es quien sostiene el diálogo, y solo sonríe cuando intercambia cómplices miradas con Reinaldo. Insisto en que me describan lo que sintieron al saber que su hijo era subcampeón panamericano, y entonces desvía la mirada, pero hacia abajo, y los segundos parecen alargarse: «Mucho orgullo, porque imagínese…», y por primera vez siento que su tranquilidad es solo aparente, como en aquellos días en que, seguramente, le daba ánimos al niño para que fuera para la Academia de Manajanabo:

—Yo no quería, era muy niño, yo no quería…, pero este (apunta hacia Reinaldo) me decía: «Sí, déjalo que se vaya, que se abra camino»; pero yo no quería…

—¿Y hoy?

—No, ahora sí, que siga pa’lante, y que siga por más.

Entonces sí se miran complacidos, muy sonrientes, y como reafirmando que al fin están de acuerdo, se aprueban mutuamente.

—¿Y creen que Reinier siga con buenos resultados?

Hablan casi al mismo tiempo:

—Es el inicio—Reinaldo.

—Si no se echa a perder…—añade Leidis, y el lenguaje gestual de ambos es más elocuente que las palabras, entonces…

—Él es muy serio, no es fiestero, es tranquilo, pero usted sabe cómo es la juventud… —ella retoma la idea, y él mueve la cabeza de un lado al otro, mientras ratifica casi en un murmullo:

—No se echará a perder, mira, va a ser un gran deportista y va a traer muchas medallas. No fuma ni bebe, es un niño educado.

—El niño tampoco es muy hablador.

—Se parece al padre —acepta Reinaldo, y ambos ríen copiosamente.

—¿Cómo van a recibir al niño?

También en esto están de acuerdo los padres, al igual que Lisbeth, una prima de Reinier que está presente y es maestra de la escuela primaria en Falcón: habrá una gran caldosa, para todo el barrio, y quizá algo más…

—Y, por supuesto, también la prensa está invitada, y los entrenadores, a quienes les estamos muy agradecidos, a todos. Así que prepárate, mi primo.Muchas felicidades, mi querer, te vamos a recibir como te lo mereces.

Que así sea entonces. Y que el muchachito de Falcón, hoy Adolescente de Plata en Lima, siga dando paletadas que lo hagan brillar con luz de gigante. 

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