Todavía se recuerda con tristeza aquel accidente masivo que se produjo en 2003 en un tramo de la Autopista Nacional, perteneciente a Villa Clara, el cual ocasionó la muerte de 34 personas y 72 lesionados, incluyendo varios menores, además de cuantiosos daños materiales.
La causa del siniestro fue la presencia de un animal suelto en la vía, que propició la colisión entre una guagua de pasajeros y una rastra, tragedia que debió haber servido para una reflexión más profunda de todos los que tienen responsabilidad en que hechos como ese no volvieran a repetirse.
Casi 25 años después, la vida dice que aún no se ha tomado la conciencia necesaria, tanto por los dueños de los animales, que permiten que vacas, terneros, toros o carneros salgan a pastar en la faja de las carreteras, como por aquellas instituciones que están para poner coto a esa situación, en especial la Agricultura, máxima responsable del control del ganado.
Es este un problema generaliza do que afecta a la mayoría de los territorios. Basta recorrer cualquier sitio de la geografía cubana para contemplar a uno o varios anima les atravesados en la vía, principal mente en las carreteras ubicadas en las zonas rurales, lo cual constituye un grave peligro para la circulación.
Se conoce del esfuerzo realiza do por las autoridades correspondientes, que en medio de las fuertes limitaciones económicas que sufre el país realizan recorridos para enfrentar esa indisciplina, lo que ha conllevado a la recogida de animales, el decomiso y la aplicación de multas a los infractores; medidas que, a todas luces, no han resultado suficientes para detener ese tipo de infracciones.
Datos publicados por la Dirección General de la Policía Nacional Revolucionaria han reconocido que en 2025 se produjeron en Cuba 7538 accidentes de tránsito, que dejaron un saldo de 750 fallecidos y 6718 lesionados. Lo más significativo de estos números es el notable aumento de la mortalidad, que en el año recién concluido perdieron la vida por esta causa 112 personas más que en 2024, algunos de los cuales estuvieron relacionados con la presencia de animales sueltos en la vía.
A ese nocivo fenómeno, se suma el mal estado de las vías, a partir de las limitaciones en las inversiones para su mejoramiento, y la incorporación a la circulación de miles y miles de ciclomotores, lo cual también complica la seguridad vial.
Cifras aparte, urge una mayor cohesión entre quienes deben encarar y resolver definitivamente ese problema, que está dado por la negligente actuación de los propietarios privados y directivos de entidades estatales dedicados a la cría y desarrollo del ganado mayor y menor en el país.
En ese sentido, aunque la legislación vigente deja claro que el Ministerio de la Agricultura es el organismo encargado de organizar y llevar a cabo la recogida y el decomiso de animales que se encuentren en la vía pública y en otros lugares ex presamente prohibidos por la ley, urge una mayor coordinación entre todos los implicados en esta tarea.
De igual manera, se impone ejercer un mayor control sobre las personas que emplean la tracción animal en la transportación de cargas o pasajeros, muchos de los cuales transitan a cualquier hora del día o de la noche sin los medios requeridos para lograr una buena visibilidad, incluso, luego de haber ingerido bebidas alcohólicas, lo que ha generado no pocos accidentes.
Resulta obvio que, para resolver el problema, más allá de los operativos que puedan realizarse, los dueños de los vacunos y equinos tienen la obligación de revisar las cercas de los potreros y cuartones, además de comprobar el buen estado de la soga utilizada para amarrarlos. Cuando de preservar la vida se trata, ninguna medida está de más.