¿Por qué desaprovechar el biogás?

En el fomento del desarrollo sostenible propugnado por Cuba, y más en el actual contexto, sería un gran pecado no retomar el empleo del biogás como una fuente económica para generar energía y preservar el medio ambiente, y una vía segura para ahorrar importantes recursos a la nación.

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Vanguardia - Villa Clara - Cuba
(Ilustración: Martirena)
Freddy Pérez Cabrera
Freddy Pérez Cabrera
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22 Abril 2026

Por estos días se ha vuelto a tratar, con bastante insistencia, la importancia de rescatar el uso del biogás como fuente alternativa de energía; una idea que hace algunos años cobró muchísimo valor en varias partes del país y que, por múltiples razones, se abandonó, como ocurre con otras tantas buenas propuestas.

Es cierto que entonces, gracias a los convenios porcinos, el fomento de proyectos en la avicultura y la ganadería contribuyó a incentivar la construcción de biodigestores en varias regiones, en lo cual el Ministerio de Ciencia Tecnología y Medio Ambiente (Citma) y la ANAP desempeñaron un rol fundamental.

Recuerdo el ejemplo del municipio de Placetas, líder durante muchos años en la producción porcina en el país. Allí llegaron a contar con cientos de campesinos que construyeron sus propios biodigestores, aprovechando la presencia de excretas de cerdo en sus fincas, e incluso, uno de ellos, Santiago Cuéllar Magdaleno, llegó a dirigir un proyecto que le permitía cocinar los alimentos, alumbrarse con biogás y hasta hacer funcionar su refrigerador utilizando esa fuente de energía.

Sin embargo, la mentalidad poco avizora de algunos y la falta de entusiasmo de otros que no apoyaron la idea como debían —sin tener en cuenta las características de nuestro país, asediado por EE. UU. y escaso en recursos—, propiciaron que poco a poco esa iniciativa fuera muriendo, hasta casi desaparecer.

Ciertamente, tras la pandemia y con la intensificación del blo queo hubo una caída importante en el programa porcino, la gana dería y la avicultura, a lo cual se unió la carencia de materiales de construcción como áridos, cemen to, bloques, ladrillos y cabillas, los más utilizados en la construcción de los biodigestores.

Ahora, cuando el cerco a la entrada de combustibles a la mayor de las Antillas se acrecienta, resurge la necesidad de fomentar las fuentes renovables de energía, tal como se hace hoy con la generación fotovoltaica.

En el fomento del desarrollo sostenible propugnado por Cuba, y más en el actual contexto, sería un gran pecado no retomar el empleo del biogás como una fuente económica para generar energía y preservar el medio ambiente, y una vía segura para ahorrar importantes recursos a la nación.

Según criterios científicos, un metro cúbico de biogás equivale a 0.7 litros de petróleo, con lo cual pudieran generarse 1.6 kW de corriente, aunque actualmente existen tecnologías en el mundo que por cada metro cúbico (m³) de biogás entregan 2 kW/h, lo que demuestra la importancia de impulsar el programa de aprovechamiento de las excretas de animales.

El biogás es una mezcla de gases, compuesta básicamente por metano (CH4), dióxido de carbono (CO2) y otros gases en volúmenes de trazas, que son resultado de un procedimiento denominado digestión anaerobia (sin oxígeno). Entre los elementos que pueden utilizarse para obtenerlo figuran los desechos de la agricultura, las excretas de los animales y del hombre, así como otros residuos de la industria alimentaria.

El tratamiento de los excrementos constituye actualmente una necesidad para evitar la contaminación del medio ambiente, además de traer consigo otras ventajas. El efluente, por ejemplo, puede ser empleado como fertilizante orgánico, mientras que el biogás es un combustible que se utiliza para generar electricidad y calor.

Estudios especializados indican que el metano es un potente gas de efecto invernadero, con un poder de calentamiento 80 veces superior al del dióxido de carbono (CO2). Sin embargo, su manejo adecuado, resultante de la des composición de los residuos agrícolas y el estiércol, puede generar valor y ser una solución rentable para evitar la contaminación de las aguas y los suelos.

Por ello, su extracción y uso energético, sobre todo en entornos rurales y periurbanos, puede reducir el consumo de electricidad y ayudar a combatir el cambio climático, para lo cual valdría la pena generar nuevos incentivos para que personas e instituciones estatales y no estatales instalen biodigestores allí donde sea posible.

En ese sentido, las mejores condiciones para incentivar el uso del biogás las tiene el entorno rural. Para ello es necesario crear facilidades económicas como préstamos para la construcción de biodigestores, bonificación a las personas por producir esa energía, y el acceso a comprar lámparas, ollas y hasta refrigeradores que puedan funcionar a base de biogás.

Aunque la crisis económica que hoy vive la nación ha impactado de manera muy negativa en la producción porcina, avícola y vacuna, también es cierto que mu chas vaquerías, polleras y cochiqueras no saben qué hacer con el excremento diario, que bien empleado pudiera convertirse en una fuente de ahorro y de dividendos económicos.

Según el Atlas de bioenergía 2022, Cuba dispone de un potencial de producción de biogás de 615 595 m3 al año, a partir de producciones agrícolas e industriales; este volumen representa 189 227 toneladas equivalentes de petróleo anuales o 710 095 megavatios por hora al año.

Estas cifras demuestran la importancia de acometer esta tarea en bien de la economía de un país que tanto necesita lograr, en el plazo más breve, la mayor soberanía posible en materia energética.

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