Arturo Chang
Arturo Chang
@arturochang
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23 Septiembre 2016

Los combatientes del Ejército Rebelde -hombres y mujeres que en la Sierra, el Llano y la clandestinidad hicieron posible la Revolución-, sintieron el triunfo como propio, y también de los mambises.

De aquellos, un grupo de veteranos tuvo la dicha de vivir para ver cómo una nueva generación daba continuidad a las acciones emprendidas por ellos en la manigua redentora y cumplí­a los deseos libertarios que guiaban las cargas al machete contra el colonialismo español.

Hoy, están entre nosotros los mambises del siglo XX que asaltaron el Moncada, vinieron en el Granma, participaron en la invasión de Oriente a Las Villas, y libraron acciones en la Sierra, el Llano y la clandestinidad.

Esos combatientes cargados de historia, tienen la dicha de coexistir en el tiempo con los continuadores de sus acciones e ideas en las arenas de Playa Girón, donde fueron a defender la Patria enarbolando las banderas del Socialismo.

Y también gozan del privilegio de defender la Revolución, unidos en las filas de los participantes en la lucha contra bandidos, aquellas bandas de asesinos armados, financiados y entrenados por imperialismo para crear el caos y el terror dentro del paí­s, en particular en las zonas montañosas.

Sin esos titanes que derrocaron la invasión mercenaria en menos de 72 horas y eliminaron las bandas contrarrevolucionarias, el proceso iniciado el Primero de Enero de 1959 no hubiera podido consolidarse, ni tampoco cumplir una deuda de gratitud con pueblos hermanos donde practicaron masivamente el internacionalismo.

Las palabras de Fidel: “Nosotros entonces hubiéramos sido como ellos, hoy ellos habrí­an sido como nosotros”, dan respuestas a quienes puedan preguntarse cuál serí­a la manera de hacer Revolución en cada instante, pues para cambiar todo lo que debe ser cambiado, hay que proceder con sentido del momento histórico tal, y como dijera el Comandante en Jefe, el 1ro de mayo del año 2000, en el concepto de Revolución.

Todos unidos reclaman hoy compartir honores, como dignos continuadores de la lucha iniciada por Carlos Manuel de Céspedes, el 10 de octubre de 1868.

Y mientras otro tipo de atenciones puedan llegarles, sin más dilaciones en las comunidades y centros de trabajo debemos manifestar el cariño y la gratitud que sentimos hacia ellos.

No olvidar tampoco en el seno familiar, a padres y abuelos protagonistas de los asaltos a los Moncadas de estos tiempos, pues, quizás ningún estí­mulo les sea mayor que la oportunidad de contarnos sus anécdotas e interesarnos por sus razones para defender la Patria

Nadie que combatió por la victoria de 1959, ni la generación que hizo su aporte para consolidarla, aspiró a nada material, a glorias u homenajes, pero ante la dureza de estos tiempos, merecen mucho más.

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