El magisterio como vocación

Hoy, 22 de diciembre, se cumplen 57 años de que Cuba se proclamara territorio libre de analfabetismo. Día propicio para agasajar a quienes enfrentan cada jornada con la tiza en la mano.

Una maestra especial

Futuros profesores de la enseñanza técnico profesional en el IPI General Lázaro Cárdenas del Río, Santa Clara.
De izquierda a derecha: Ania Milagros, Daniela, Zurit, Yusmary yJosé Ángel, jóvenes que se preparan como futuros profesores de la enseñanza técnico profesional en el IPI General Lázaro Cárdenas del Río. (Foto: Ramón Barreras Valdés)
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Ya no son tiempos de jugar a la escuelita. Ahora los celulares y tabletas hacen que los niños se mantengan más horas «pegados» a esos artefactos. Resultan pocos los infantes que en sus ratos libres se entretienen imitando a sus maestros.

Si a ello le sumamos que muchas familias se oponen a que sus hijos elijan la Pedagogía como profesión, entonces se hace complejo encontrar soluciones al déficit de educadores.

Hoy, 22 de diciembre, se cumplen 57 años de que Cuba se proclamara territorio libre de analfabetismo. Desde 1961, el día se convirtió en el más propicio para agasajar a quienes enfrentan cada jornada con la tiza en la mano. Frente al pizarrón o con el uso de las nuevas tecnologías transmiten sus conocimientos a niños, adolescentes y jóvenes. Son los voceros de la enseñanza. Muchos han sacrificado horas de sueño y dedicación a la familia para inculcarles a los hijos de otros los valores cívicos de la sociedad cubana.

Por eso regocija en fecha como esta visitar centros educacionales donde se forman los maestros y profesores del mañana. Hablar con alumnos de la Escuela Pedagógica Manuel Ascunce Domenech o del IPI General Lázaro Cárdenas del Río alienta. Conocer de sus inquietudes, expectativas y maneras de pensar reconforta. Porque en Villa Clara, como en toda Cuba, existe una imperiosa necesidad de contar con personas que tengan al magisterio como vocación.

Escuela de escuelas

La «Manuel Ascunce Domenech» siempre fue una institución formadora de maestros. En sus inicios graduó cientos de ellos. Vestían de verde, y en el recuerdo de muchos quedan aquellas oleadas de muchachas y muchachos que llegaban al aula para ejercer la profesión escogida.

Luego de ser la Escuela de Instructores de Arte —inaugurada por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz el 18 de febrero de 2001—, el plantel retomó sus funciones fundacionales en septiembre de 2010. En la actualidad allí cursan estudios 1250 educandos en 12 especialidades. La de Maestro Primario es la de mayor demanda, con una matrícula de 355 en los cuatro años. Pero también se preparan para Maestro Primario en Inglés, Educadoras de la Primera Infancia, Educación Especial, profesor de Secundaria Básica en Química, Física, Matemáticas e Historia y otras especialidades en el orden de la Enseñanza Artística.

Al decir de su directora, la máster Ada Andrade Rodríguez, la escuela pedagógica  de Villa Clara es una escuela de escuelas. 

Ada Andrade Rodríguez, directora de la Escuela Pedagógica Manuel Ascunce Domenech.
Ada Andrade Rodríguez, directora de la Escuela Pedagógica Manuel Ascunce Domenech. (Foto: Ramón Barreras Valdés)

 «En estos momentos tenemos un 98,8 % de retención escolar, por lo que constituye una  excelente opción  para formar los futuros educadores, al tiempo que garantiza la continuidad de estudios superiores sin limitación de capacidad y sin realizar exámenes de ingreso», apuntó. 

Aunque reconoce que la eficiencia en el ciclo no se corresponde con las aspiraciones del claustro. Para elevar este indicador se han buscado alternativas. La más efectiva ha sido ubicar como guías de grupo a profesores que sean graduados de la misma especialidad que cursan los alumnos. 

«Sobre todo en el primer año, cuando se debe fortalecer la atención a los educandos para que se enamoren de la profesión», dijo.

Otra de las acciones se realiza desde la organización estudiantil. Así lo explicó Neury González Gallego, miembro del secretariado de la Federación de Estudiantes de la Enseñanza Media (FEEM). «Entre nosotros hablamos de la importancia de estudiar en este plantel. Lo necesario que es formarse como maestros para el futuro personal y del país. Lo hacemos a nuestra forma. Bien sea en los albergues, aulas o pasillos. No tiene que ser necesariamente en las reuniones mensuales del grupo, aunque también utilizamos esos espacios».

Ella cursa el segundo año de Enseñanza Especial. Es de Mataguá y afirma sentirse feliz por la elección de ser maestra. No le preocupa dónde será ubicada para laborar, pues lo principal es que le gustan los niños y si tienen dificultades en el aprendizaje, pues se motivará más para enseñarles el mundo de las letras y los números.

Juventud y experiencia

Puede parecer una afirmación manida. Pero cuando juventud y experiencia se combinan, todo lo propuesto puede lograrse. Así ocurre entre los profesores Bárbara Carreras López e Isvey Vázquez Domínguez.

Ella es la secretaria del Comité del Partido, mientras él, del Comité de la Juventud. Juntos realizan una labor de formación política e ideológica en la que involucran a educandos y docentes.

«Hemos realizado actividades extracurriculares relacionadas con el pensamiento de Fidel y el Che, en las que la participación del estudiantado ha sido vital», explica Bárbara.

Ambos son graduados de la especialidad de Historia, asignatura de la cual hablan con apasionamiento.

«Me agrada impartirla. No tengo preferencia por ninguna, pues todas, bien sea la universal, de América o de Cuba, las domino y me satisface transmitirles mis conocimientos a quienes luego serán profesores de esas materias en la secundaria básica», explica Isvey.

Isvey Vázquez Domínguez, miembro del claustro de la Escuela Pedagógica Manuel Ascunce Domenech.
Isvey Vázquez Domínguez, miembro del claustro de la Escuela Pedagógica Manuel Ascunce Domenech. (Foto: Ramón Barreras Valdés) 

Entre tanto, Bárbara asevera que también es profesora de Reflexión y Debate en segundo año. «Se trata de una asignatura que me exige preparación diaria, estar actualizada acerca del acontecer nacional e internacional para poder establecer el necesario intercambio con los estudiantes. Me baso en nuestras tradiciones históricas, desde los mambises hasta la vida de hoy», dice.

Al preguntarle sobre su mayor satisfacción, afirma que es formar a las nuevas generaciones. Ofrecer una obra mejor cada día. Multiplicar sus experiencias en cada uno de sus discípulos, inculcarles que amen la Patria.

En estos ocho cursos, la escuela pedagógica ha graduado a más de 1200 maestros, que ya se enfrentan al aula. Cuenta con un personal docente de excelencia, la mayoría de ellos máster en Ciencias de la Educación. Según Ada, el mayor reto que ha enfrentado en los últimos tres años —tiempo durante el cual asume la dirección— ha consistido en lograr que se cumpla el perfil del egresado, que estén lo mejor preparados, con fortalezas en valores y herramientas metodológicas para enfrentar el proceso docente educativo con calidad.

Otro de los factores decisivos resulta el vínculo con la familia. Con padres y madres realizan reuniones cada mes. También, efectúan intercambios entre los alumnos de noveno grado y miembros del núcleo familiar en cuanto a las acciones de orientación profesional y formación vocacional.

«Durante los meses de octubre, noviembre y diciembre realizamos las puertas abiertas. Vienen los alumnos de noveno de los trece municipios de la provincia interesados en matricular en la escuela. Así conocen cómo funciona. Luego, a partir de abril, regresan acompañados de sus padres y se albergan durante una semana. Saben de la convivencia, de los servicios médicos que ofrecemos, las actividades curriculares y culturales, en fin, de nuestra labor educativa. Es un momento muy importante, porque la familia influye en las decisiones de sus hijos».  

Los profesores de la ETP

Para nadie resulta un secreto el éxodo de profesores que enfrenta Villa Clara. En este sentido, una de las enseñanzas más deprimidas es la Técnico Profesional (ETP). Por ello desde hace tres cursos se comenzó la formación de profesores con este perfil en el IPI Lázaro Cárdenas del Río.

Leonardo Castro Pozo es el jefe de Departamento de Formación Pedagógica en dicha institución docente. Al respecto nos dice:

«Contamos con una matrícula de 180 estudiantes. De ellos, 14 ya cursan  el tercer  año, 74 el segundo y 92 el primero. El incremento de la matrícula se debe a la apertura de nuevas especialidades, pues empezamos solamente con Informática y ahora se han sumado Construcción Civil, Contabilidad, Agropecuaria, Electrónica y Servicios».

En diálogo con varios estudiantes en formación, conocimos de sus motivaciones. Todos coinciden en el gusto por enseñar lo aprendido en la escuela. Todavía no se han enfrentado al aula, pero saben que lo harán con seguridad.

Para Ania Milagros Jiménez Aquino, por ejemplo, será una experiencia inolvidable. Ya desea que alguien la llame profesora. Al  hablar es muy locuaz y expresa que la especialidad de Servicio la tiene muy motivada. Sobre todo, las asignaturas Tecnología de elaboración de alimentos y Belleza. «Podré impartir cualquiera de las dos», afirma, convencida de que el magisterio le apasiona.

José Ángel Frómeta Morales, por su parte, cursa el segundo año de Construcción Civil. Por sus características personales se proyecta como un futuro directivo de un politécnico.

«Aquí me siento realizado —dice—, estoy satisfecho con las clases que recibo, pues contamos con muy buenos profesores».

Con él coinciden Daniela Estévez Falcón, Zurith Saday Expósito Ferrer y Yusmary Montes de Oca Martínez, alumnas de Informática. Todos concuerdan en que en el ejercicio del magisterio deberán poseer mucha paciencia. «Sabemos que los muchachos de hoy son muy inquietos», añade Daniela.

«Si logramos imponer respeto, nuestra tarea será cumplida», agrega Yusmary.

Otra cuestión fundamental será cumplir con la ética profesional y establecer buena comunicación con los alumnos.

Una vez que concluyan el cuarto año de la especialidad, todos podrán matricular —sin realizar exámenes de ingreso y en cursos para trabajadores— una carrera afín en la Universidad Central «Marta Abreu» de Las Villas.

En cada caso cuentan con el apoyo de la familia, lo cual es fundamental. Ojalá experiencias como las aquí descritas no sean las excepciones y sí la regla para que los claustros villaclareños se nutran de jóvenes con vocación por el magisterio. 

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