Inédito Primero de Mayo

No fuimos a la Plaza, la Plaza del Che estuvo en casa: no tan cuantiosa, ni colorida, ni bulliciosa; no tan extensa, no aglomerada, más bien arrebujada; dibujados árboles y palmas en paredes; traspuestos fuentes, mármoles y bronces en puertas y ventanas.

Primero de Mayo
(Foto: Carlos Rodríguez Torres)
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Qué desfile tan especial de banderitas blanquiazules y rojinegras pegadas en los muebles; de diminutos carteles dando vivas a Cuba guindando de una esquina a la otra del tejado. Y como ayer, y antes de ayer, música, películas, juegos digitales. Y pasa un día, y pasa otro, y llega este  viernes de peculiar alboroto.  

—¡Vamos a jugar, mamá! … A la rueda-rueda de pan y canela, dame un besito y vete pa' la escuela… ¡Ah, qué ganas tengo de volver a la escuela! ¿Cuándo será de nuevo?

¡Inédito Primero de Mayo!

(Ilustración: Alfreddo Martirena)
(Ilustración: Alfreddo Martirena)

Por primera vez en tantos revolucionarios años no fuimos a la Plaza. La Plaza estuvo en casa. En el tapete y las toallas ondulando en el cordel del traspatio, acompañados ahora de cuadraditos de tela con pares de tiritas a cada lado, especie de antifaces para proteger la vida.

—Léeme un poco, papá, mi hermana nunca tiene tiempo, siempre anda enrollada con la laptop, la cama y las almohadas.

—No, chico, tranquilo, ella duerme, está cansada, trabaja por las noches, de madrugada, como la tía enfermera y el primo panadero.

Y sí, ¡seguro!, despertará ahorita, y saldrá del cuarto envuelta en cadenetas y estrellas, como si fuera un hada proletaria; o mambisa, como María Silvia, la de Elpidio; o la Maga Maguísima, o Granito de Canela o la traviesa Nené de nuestro Apóstol. Y nos dará su canto, y nos dará su risa para compensar la angustia de todos estos días.

¡Inédito Primero de Mayo!

Festiva congregación de corazones chateando en los portales, en los balcones, por donde mismo suenan aplausos que vuelan por las noches, a las nueve, y recorren la isla y atraviesan los mares hacia naciones donde curan y ayudan los compatriotas de las batas blancas.

No fuimos a la Plaza, la Plaza estuvo en casa. Era la cocina, saturada de olores cotidianos; la sala sin visitas; la mesa puesta, precaria de carnes y ensaladas; el agua fresca almacenada en los cubos, o cayendo tibia desde el tanque a la ducha; el escaparate intocable del abuelo y la abuela, que los queremos y cuidamos mucho…

No fuimos a la Plaza. La Plaza del Che, de Santa Clara. La Plaza estuvo en casa, rinconcito de paz y de resguardo. Es verdad, Guevara, un tantico cansados del encierro, del beso y del abrazo prorrogados, de esta convivencia a distancia por salvar y salvarnos.

¡Inédito Primero de Mayo!

Nunca la fecha tuvo tan grandes desafíos.

 

 

 

Se han publicado 1 comentario

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  • mariano

    Muy lindo escrito.