Por un idioma sin manchas

Desde la sección Al pie de la letra, compartimos algunas recomenda­ciones lingüísticas cuyo desconocimiento genera no pocos errores en la expresión cotidiana, sobre todo entre los hablantes cubanos.

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Vanguardia - Villa Clara - Cuba
(Foto: Tomada de Internet)
Lisvany Martín Rodríguez
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26 Abril 2026

El pasado 23 de abril celebramos el Día del Idioma Español. La elección de esta fecha obedece a que en el año 1616 se notificó la muerte de Miguel de Cervantes y Saavedra, autor de la emblemática obra El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. Además, aunque con algunas variaciones en los registros, se ha asumido que en otros momentos de la historia fallecieron perso­nalidades de la literatura universal como el dramaturgo inglés William Shakespeare y el escritor peruano Garcilaso de la Vega.

De acuerdo con el más reciente anuario del Instituto Cervantes, el español ya cuenta con 635 millones de usuarios potenciales, cifra que lo convierte en la tercera lengua materna del mundo y el segundo idioma más popular en Internet. Los datos demues­tran su creciente presencia en todos los continentes, de ahí que seamos muchos más los encargados de preservarlo y defenderlo.

A propósito de estas jornadas de cele­bración, compartimos algunas recomenda­ciones lingüísticas cuyo desconocimiento genera no pocos errores en la expresión cotidiana, sobre todo entre los hablantes cubanos. Dominar las particularidades siguientes constituye un acto de responsa­bilidad y formación cultural.

La minúscula de los cargos

Según consta en la Ortografía de la lengua española (OLE), los sustantivos que designan títulos nobiliarios, dignidades y cargos (ya sean civiles, militares, religio­sos, públicos o privados) deben escribirse con minúscula inicial por ser nombres comunes, tanto en usos genéricos («En la actualidad, el rey ostenta un poder mayo­ritariamente simbólico») como en mencio­nes referidas a una persona concreta («El papa Francisco dejó un legado de amor y fe más allá del catolicismo»).

El «haber» impersonal

El empleo del verbo «haber» genera un error común entre los hablantes, mantenido a lo largo de los años en la prensa y la comunica­ción cotidiana. Tal cual indica el Diccionario panhispánico de dudas (DPD), cuando este se usa para denotar la mera presencia o existencia de personas o cosas, funciona como impersonal y, por tanto, lo adecuado en la lengua culta es acudir a él solo en tercera persona del singular: «Hay varias oportunida­des de trabajo en esa empresa».

El DPD añade que el elemento nominal que acompaña al verbo en estos casos no es el sujeto, sino el complemento directo. En consonancia con lo anterior, no resulta correcto colocar el verbo en plural cuan­do el mencionado elemento se refiere a varias personas o cosas, pues la concor­dancia del propio verbo la determina el sujeto —inexistente aquí— y nunca el complemento directo. Así, debemos decir, por ejemplo, «Había varias personas en la parada» y no «Habían varias personas en la parada».

Ortografía de los nombres propios

A diferencia de lo que muchas personas piensan y defienden con vehemencia, los nombres propios no pueden escribirse de cualquier forma, sino que poseen una grafía fijada por la tradición y se acen­túan gráficamente según las reglas. Así lo establece la OLE y otras obras académicas lo ratifican. Cuando exista un error en el registro, lo recomendable es corregirlo para evitar las problemáticas inadecuacio­nes en los documentos oficiales.

Las tildes en las mayúsculas

Pese a la idea generalizada de que las mayúsculas no se tildan, la Ortografía básica de la lengua española aclara que estas se acentúan obligatoriamente cuan­do la palabra lo requiera, sea al inicio de un término o al escribirlo enteramente en mayúscula. Por tanto, lo adecuado es «Los Ángeles» y «ATENCIÓN».

De acuerdo con la Fundación del Es­pañol Urgente (FundéuRAE), la práctica de no tildar las mayúsculas se extendió durante la época de la composición ma­nual en las imprentas, por los problemas técnicos que provocaba. Luego se mantuvo cuando llegó el auge de las máquinas de escribir, por razones de tipo estético. En la actualidad no existe ningún motivo para omitir los acentos.

Nuestra lengua no debe entenderse como un fenómeno rígido o invariable. Como ya hemos afirmado en otras entre­gas, somos los propios hablantes quienes transformarnos las formas de expresión y las adaptamos a los contextos contem­poráneos. Más allá de cualquier variedad lingüística, nos corresponde unirnos en defensa del español para que siempre sea un idioma sin manchas.

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