Fracción espiritual de Feijóo

Roland, el caricaturista en Melaíto,  retomó, en encuentro único, el brío de cubanía dejado por Samuel Feijóo, el folclorista cubano.

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Luis Machado Ordetx y Rolando González (Roland)
Roland, a la derecha, durante un encuentro de la tertulia La Voz del Otro, habló sobre su cuentística rural. (Foto: Ramón Barreras Valdés)
Luis Machado Ordetx
Luis Machado Ordetx
@MOrdetx
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07 Agosto 2026

De aquellos primeros tiempos en Vanguardia —otra de las residencias, ahora de aniversario—, recuerdo cuando en las escaleras, mano a mano en conversación, el prolífero Samuel Feijóo y el caricaturista Rolando (Roland) González Reyes se debatían en un profundo diálogo que parecía interminable, mientras otros colegas o visitantes pasaban, en ascenso o descenso, por los peldaños que conducen a la redacción o las afueras del edificio.

Samuel, director de Signos, hablaba de mangas blancas y de limones criollos en el delirio de disponer a su antojo de la prometida jaba de saco de yute repleta con los frutos existentes en el traspatio familiar de Dobarganes, recinto hogareño del entonces redactor de Melaíto, el semanario humorístico del periódico.

Con insistencia, casi en imploración, se escuchaba una voz que resonaba a poesía, y también exigía: «¡Lo prometiste; lo prometiste y eso es Ley entre hombres!», decía Samuel en su plegaria.

«Ahorita llegará el mandado, antes de almuerzo, porque lo ofrecido es deuda. También traeré los dibujos para que los incluyas en alguna de las ediciones de la revista», dijo Roland al otro, en tanto las personas que intentaban transitar por la escalara miraban de soslayo a Samuel, cortés y con cierta reverencia, cuando franqueaba el paso a los caminantes no sin antes lanzar una pisada estruendosa en el peldaño revestido de granito.

Otras historias de (des)encuentros ocurrieron entre ambos artistas, muy diferentes en molduras. No obstante, confluían, a pesar de las distancias propias del ideario estético, en «abrir puertas» y descubrir jóvenes creadores perdidos en los más incontables confines de la ciudad o el campo.

Sin embargo, esa no fue la única ocasión en que encontré a Feijóo —asiduo visitante de la redacción de Melaíto— dispuesto, mano a mano, a la conversación con Roland, en diálogos por momento rápidos e insistentes sobre periodismo, poesía, el cuento popular, la caricatura humorística o el más variado de los temas en una época en la cual Signos, con la supervisión directa del folclorista, estaba en franca retira de su primera etapa.

Eduardo Francisco muestra obra obsequiada por Roland.
Eduardo Francisco, a la derecha, junto a un vecino, hizo historias referidas al obsequio de Roland. (Foto Luis Machado Ordetx)

La historia anterior, entre otras anécdotas, al cabo de casi cuatro décadas, la conté hace poco al fraterno amigo Eduardo Francisco Alfonso Peña, quien, como colofón del diálogo, mostró un obsequio que un tiempo antes de morir, en enero de 2020, le cedió Roland en instantes, tal vez, de libaciones etílicas.

La pieza, una acuarela que recrea transparencias guajiras, está excelentemente conservada y constituye un detalle expresivo relacionado con Feijóo.

En el texto dice: «Ya el invierno dejó su piel antigua en las ramas recientes de los árboles y avanza a saltos cortos por el prado [hay una flecha] la primavera de delgado talle [incluye un asterisco] porque te siento lejos y tu ausencia habita mis desiertas soledades, que profunda esta tarde derramada sobre los verdes campos inmortales». Todo bordea el dibujo, un perfil de mujer, a imagen y semejanza del aprendiz de ilustrador.

Obra de Roland.
Pieza artística, con todos los detalles, concebida por el humorista para recordar a su amigo Feijóo. (Foto: Luis Machado Ordetx)

Dentro del contexto generalizador del cuadro el autor precisa en la escritura ubicada en los contornos: «Al gallo y sus gallinas…Heros, no te puedo olvidar: Isis o Roland». En el descanso, en la parte inferior, hay una abigarrada imagen, con detalles de la flora y la fauna cubanas, de monte adentro, propia de los delirios y el gusto inalterable de Feijóo. Ahí reza: «A la coleta de Alain y al pequeño Adrián». A la derecha y en los bajos de la imagen se incluye: «El Zarapico de mi amigo Feijóo». Después aparece: «Roland 92», la firma del autor.

Al dorso de la pieza reza: «10/7/1992: Un obsequio de Roland. El día de la defensa de mi Tesis de Grado en la UCLV». Hasta la fecha es sorprendente: cuatro días después, el 14 de julio, en La Habana, falleció Feijóo a los 78 años.

En esa fecha el folclorista de San Juan de los Yeras, y de Cuba, enfermo ya, llevaba un tiempo sin visitas a Santa Clara. Sin embargo, resulta obvio que esos encuentros, a veces cercanos y en otras ocasiones distante y ácidos, con Roland u otros fundadores de Melaíto, seguro datan de la llegada naciente de la revista Signos en 1969, unos meses después del surgimiento del suplemento humorístico.

Un agrado por la décima, o las estampas deslumbrantes que salían del campo cubano, envolvía el espíritu natural de esos creadores. Una  parte de la cofradía autodidacta prefirió siempre un gusto desmedido por un idéntico lenguaje: el humor que conduce a la reflexión, o a la risa, a partir de la crítica y la interpretación devenidas en armas originales para hacer pensar a todos en lo cotidiano.

Así en la distancia, luego de la imagen artística que mostró Eduardo Francisco, veo a Roland, el caricaturista de Melaíto, el semanario humorístico de Vanguardia, zambullido en un pequeño fragmento del  bosque espiritual de Feijóo.

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