El chantaje como método

A pocos días de que la Asamblea General de Naciones Unidas examine, un año más, el informe sobre la necesidad de poner fin al bloqueo contra Cuba, el Gobierno de Estados Unidos ha desplegado una intensa campaña de presión y chantaje sobre jefes de Estado y de Gobierno de varios países.

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Vanguardia - Villa Clara - Cuba
(Foto: Osval)
Tomado de la edición digital del periódico Granma
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16 Octubre 2026

A pocos días de que la Asamblea General de Naciones Unidas examine, un año más, el informe sobre la necesidad de poner fin al bloqueo contra Cuba, el Gobierno de Estados Unidos ha desplegado una intensa campaña de presión y chantaje sobre jefes de Estado y de Gobierno de varios países.

La denuncia la formuló este miércoles el miembro del Buró Político y ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Bruno Rodríguez Parrilla, desde su cuenta en la red social X. «El secretario de Estado de EE. UU., nervioso y ansioso frente a otra nueva derrota en Naciones Unidas, está presionando y chantajeando a jefes de Estado y Gobierno de varios países para que cambien su voto contra el bloqueo en la Asamblea General de la ONU», escribió el Canciller.

No se trata de una acusación retórica. El propio Rodríguez Parrilla ha dado a conocer el costo del bloqueo entre el 1ro. de marzo de 2025 y el 28 de febrero de 2026 en 8 083,3 millones de dólares, la cifra más alta registrada y un 7 % superior a la del periodo anterior. El total acumulado desde el inicio del embargo supera los 178 700 millones de dólares a precios corrientes.

Detrás de esas cifras hay una estrategia que no se limita a la asfixia material. La presión sobre los votos en la ONU forma parte del mismo diseño: aislar políticamente a la Isla para que el castigo económico parezca una condena universal y no una decisión unilateral de Washington.

En ese orden de ideas, el viceministro de Relaciones Exteriores, Carlos Fernández de Cossío, describió el mecanismo de esa ofensiva. «A la mayor potencia económica, tecnológica y militar del planeta no le basta con imponer un castigo colectivo a todo el pueblo de Cuba, y deprimir el nivel y las condiciones de vida de toda la población con el ánimo de inducir una crisis humanitaria», señaló en redes sociales.

Ante el aislamiento político y moral que genera esa agresión, añadió, Washington «dedica cuantiosos recursos para presionar a los gobiernos del mundo con el objetivo de que estos cambien su tradicional posición en demanda de que se ponga fin al abuso y el crimen».

El Vicecanciller fue más lejos al retratar la conducta del secretario de Estado Marco Rubio. «Anda zancajeando de país en país y llamando por teléfono a mandatarios en desesperado esfuerzo de intimidar, chantajear y prometer zanahorias a gobiernos de todas las latitudes», escribió.

Esa imagen del Secretario de Estado recorriendo capitales con promesas y amenazas no es una licencia literaria, es la descripción de una diplomacia que ha convertido el chantaje en instrumento cotidiano.

Tenemos el patrón bien claro: cuando la presión no logra revertir la mayoría, busca al menos reducirla, cada voto perdido es presentado después como evidencia de un supuesto aislamiento de Cuba, aunque la abrumadora mayoría siga respaldando el fin del bloqueo.

La votación de este año está prevista para el 28 de octubre, pero ya no basta con el cerco económico, se añade la intimidación directa a los representantes de los Estados miembros, la promesa de beneficios a cambio de un voto y la fabricación de pretextos para justificar lo injustificable.

Pero lo que está en juego no es solo el resultado de una votación, es la posibilidad de que el multilateralismo funcione como espacio de deliberación soberana, porque cuando la potencia más poderosa del planeta presiona a países pequeños y medianos para que alineen sus votos con sus intereses, no solo ataca a Cuba, ataca el principio mismo de la igualdad soberana de los Estados, consagrado en la Carta de las Naciones Unidas.

Bruno Rodríguez lo dijo con claridad: Washington intenta «silenciar el acto de castigo colectivo que comete contra el pueblo cubano y hacer cómplice de esa barbarie al resto de la comunidad internacional». Es la descripción exacta de lo que ocurre cuando el chantaje se convierte en método de trabajo diplomático (Raúl Antonio Capote)

 

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