En el mes de mayo coinciden dos aniversarios cerrados en relación con Martín Magdaleno Dihigo Llanos, considerado por muchos el mejor pelotero cubano de todos los tiempos.
El miércoles 20 de mayo se cumplieron 55 años de la partida física de quien fuera bautizado como el Inmortal o el Maestro, y este lunes 25 se conmemorarán 120 años de su natalicio en el ingenio Jesús María (Cidra), actual municipio de Limonar, Matanzas.
Sobre Dihigo se pueden relatar innumerables hazañas, pero me referiré a un hecho que revela toda su grandeza, y es que se trata del primer pelotero cubano en ser exaltado al Salón de la Fama de Béisbol de Cooperstown, Nueva York, por el Comité Especial de Ligas Negras, y el segundo latino —después del legendario puertorriqueño Roberto Clemente— instalado allí desde 1973, un año después del trágico accidente de aviación que tronchó su vida a los 38 años de edad.
La noticia de la elección de Don Martín se divulgó el 3 de febrero de 1977, pero no fue hasta el 8 de agosto de 1977 que se colocó la placa que le abrió un espacio entre los peloteros inmortales de todos los tiempos.
He escrito en reiteradas ocasiones que muchos de los que lo vieron jugar decían que era el jugador más completo que había pisado un terreno de béisbol. Por algo, al confeccionarse el equipo negro Todos Estrellas de todos los tiempos, lo denominaron como el más versátil por su facilidad para desempeñarse en las nueve posiciones.
De él dijo el legendario lanzador Leroy Satchel Paige: «Dihigo es el pelotero más completo al que me he enfrentado en las Ligas Negras. Era una estrella en cada posición. Tenía unas manos fuertes, seguras, gran velocidad, pero, sobre todo, gracia para jugar a la pelota».
También con ese criterio coincidió otro estelar, Back Leonard, quien afirmó: «Dihigo lo hacía todo bien, jugaba cualquier base y, además, era un pitcher que hubiese ganado al menos veinte juegos en las Mayores. Lo veía y no salía de mi asombro, todo lo hacía con soltura y elegancia, tenía vista, tenía piernas, tenía brazo y era inteligente».
Así de grande era Martín Dihigo, elevado al Salón de la Fama de Cooperstown, sin haber transitado por las llamadas Ligas Mayores, debido a la barrera racial establecida en ese nivel hasta 1947; aunque es bueno aclarar que en 2020 las Grandes Ligas anunciaron que reconocerían oficialmente como jugadores del llamado Big Show a los peloteros que se desempeñaron en las Ligas Negras.
Debido a esa decisión alrededor de 155 cubanos de las Ligas Negras fueron reconocidos como si hubieran actuado en Las Mayores, entre ellos, por supuesto, Don Martín.
Después accedieron a ese sitio otros cinco peloteros cubanos, para convertir a nuestra nación, junto a Puerto Rico, en el único país latino con seis jugadores en el honorable recinto.
En 2000 fue exaltado el avileño Atanasio (Tony o Tany) Pérez Rigal, considerado entre los más destacados impulsadores de carreras (1652) en la década del 70, cuando se desempeñaba con la Gran Maquinaria Roja de Cincinnati.
Seis años más tarde ingresaron en el nicho de los inmortales el jardinero cienfueguero Cristóbal Carlos Torriente y el lanzador matancero José de la Caridad Méndez Báez, conocido como el Diamante Negro.
Transcurridos dieciséis años, en 2022 fueron exaltados dos cubanos más, el guardabosque matancero Saturnino Orestes (Minnie) Armas Miñoso y el patrullero pinareño Antonio (Tony) Oliva López, único jugador de la Mayor de Las Antillas que ha conquistado tres títulos de bateo en el mejor béisbol del mundo.
A Tany Pérez y Tony Oliva el reconocimiento les llegó en vida, pero Dihigo, Torriente, Méndez y Orestes Miñoso ya habían fallecido cuando fueron exaltados al prestigioso Salón.