Eternamente jóvenes

Este 4 de abril los jóvenes cubanos celebran el orgullo de pertenecer a dos organizaciones que nacieron con la Revolución.

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Vanguardia - Villa Clara - Cuba
(Foto: Ramón Barreras Valdés)
Lety Mary Alvarez Aguila
Lety Mary Alvarez Aguila
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03 Abril 2026

Hay edades que arrancan suspiros y persiguen sueños, que dibujan el entorno con las sonrisas de lo posible. Hay edades para depositar la esperanza del mundo y oxigenarlo con bríos que no se apagan. Todo comienza con los primeros pasos y frases, con percepciones que se gestan y latidos que, en segundos, captan la esencia más pura de la salvación. 

Ser niño, y después joven, significa sembrar el amor y extenderlo en todas las formas probables. Pero, más que eso, supone llevar dentro una luz verde para el cambio. Un espíritu genuino se desarrolla bajo la encomienda de transformar el hoy y asumir las riendas del mañana. 

En Cuba, las infancias felices y juventudes encendidas han constituido, desde los albores de la Revolución, una prioridad incuestionable. Pese al esquema de valores que impregnaba naturalmente la familia, surgieron asociaciones para orientar, movilizar y canalizar intereses mediante las perspectivas de la Educación y la propia ideología. 

A inicios de la década del 60 nacieron dos organizaciones hermanas, dos vehículos casi en una misma dirección, dos hogares que acogen y representan a la muchedumbre de uniformes y las canteras de la vanguardia política. A partir de ese momento, la Organización de Pioneros José Martí (OPJM) y la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) han guiado el quehacer de niños, adolescentes y jóvenes con proyecciones que han trascendido los espacios académicos o laborales. Se han comprometido con el país y sus anhelos de crecimiento, justicia, paz y equidad. 

La OPJM no siempre tuvo su nombre actual, sin embargo, sus lemas, en distintos tiempos, reafirman la disposición de estar «siempre listos» ante cualquier llamado. De Fidel, arquitecto y constructor de la Cuba socialista, los pioneros recibieron la misión de ser como el Che y defender las conquistas con vehemencia.

La organización, que aglutina a los educandos de las enseñanzas Primaria y Secundaria Básica, promueve el interés por el estudio y fomenta entre sus miembros el patriotismo. Fuera de las aulas, la OPJM se enfoca en realizar actividades vinculadas al deporte, la cultura y la recreación. 

Dentro de ese núcleo colmado de emblemas, banderas, símbolos y atributos se opera desde varios principios. Se ceden espacios a la creatividad, la voluntariedad, el vínculo con la naturaleza o el concepto de vida colectiva.

La pluralidad de rostros y almas que alzan la mano para el saludo pioneril u honran a Paquito González Cueto, primer pionero mártir, también lleva consigo la actitud crítica, la necesidad de combatir lo incorrecto y hacer de lo correcto una constante para el futuro. 

Por tal sendero transita la UJC; que, a pesar de que se constituyó un año después (1962), funge como hija y hermana mayor, debido a su alta responsabilidad de conducir la nación mediante pensamientos y acciones. Esta organización política, erigida en los cimientos de la Asociación de Jóvenes Rebeldes (AJR), llegó en un período donde la victoria del socialismo ya era un hecho, y la masa juvenil crecía y se unificaba. La UJC sigue la tradición heroica de esos tantos que, con pocos años de vida, lo arriesgaron todo en aspiración a la soberanía. Bajo las ramas del Partido Comunista de Cuba (PCC), mantiene concepciones que no solo moldean sus estructuras, sino que rigen pequeños y grandes actos de nobleza y solidaridad.

Ellos son los primeros en dar el sí, en esparcir el entusiasmo, en utilizar cualquier ropa o instrumento para sumarse a procesos importantes. Ellos también ofrecen el corazón a los más vulnerables y entregan su sangre para salvar una vida. 

Este 4 de abril, como siempre, habrá fiesta. Tal vez no encontremos los mismos escenarios que la nostalgia ponga en nuestra en mente. Quizás ya no lo vivamos entre globos, música, una infinita mesa de dulces o una pizarra pintada. Pero, mientras exista voluntad y energía, ellos harán lo imposible por celebrar y celebrarse. La OPJM y la UJC arriban a nuevos aniversarios con actividades de diversa índole. Ahora la conciencia y el deber adquieren mayor proporción. Los tiempos que corren demandan ideas y mejoras salidas de la colectividad. 

El contexto incita a repensar, a maniobrar y, sobre todo, a no olvidar que estas organizaciones no implican solo siglas: construyen un diálogo entre generaciones. Aprovechar las oportunidades de confluencia, proponer iniciativas e incluso cuestionar su propio funcionamiento orgánico deben encabezar el «orden del día» durante este y muchos abriles. ¿De qué no podemos despojarnos? De las ganas, la adrenalina, la alegría contagiosa y el orgullo de pertenecer a dos hermanas que, aunque sexagenarias, poseen el privilegio de ser eternamente jóvenes.

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