Llegó el verano y con él las altas temperaturas en una temporada que promete ser lluviosa debido al paso de vaguadas y ondas tropicales por el mar Caribe.
Si bien las precipitaciones son bienvenidas, porque benefician la agricultura y el llenado de embalses para enfrentar en mejores condiciones el período seco, estas no son favorables para los desechos sólidos, que se acumulan por más de una semana en cualquier esquina de la ciudad de Santa Clara, y tras largas horas expuestos al sol y la humedad, se convierten en un problema ambiental, al fomentar la proliferación de moscas, mosquitos y roedores, dañinos para la salud humana.
Aun cuando las restricciones con el combustible y las limitaciones de recursos son la causa principal de una problemática agravada por el recrudecimiento de las medidas de asfixia económica impuestas por el Gobierno de los EE. UU. contra Cuba, que impide, además, la compra de nuevos equipos, así como partes y piezas para reponer el parque de camiones, no es menos cierto que el acopio de la basura resulta un tema por resolver.
El mal o nulo tratamiento de los residuales generados por la población perjudica a todos por igual, cuando se trata de la higiene ambiental, y aunque se han puesto en marcha alternativas para su recogida en Santa Clara, con la incorporación de triciclos eléctricos en el consejo popular Centro y el uso de la tracción animal en otras barriadas, estas no son suficientes para intervenir las 18 zonas de Servicios Comunales de la ciudad, y garantizar alrededor de 70 viajes diarios al vertedero municipal.
La situación se torna más compleja, barrio adentro, donde la basura se incrementa con el correr de los días y aumentan las indisciplinas sociales asociadas al tema, sin que se avizore una solución.
Todo comienza cuando alguien deposita una pequeña jaba en una esquina para deshacerse de ella, y a esa le siguen otras más, hasta convertirse en un microvertedero en crecimiento.
Hay quienes prefieren botar los desechos en las aguas de los ríos Bélico y Cubanicay que atraviesan la ciudad, un problema que si bien en otro momento, con mayores recursos, resultaba preocupante, ahora es mucho más alarmante, pues ocasiona obstrucciones en la corriente fluvial e inundaciones en las viviendas situadas en zonas bajas, con perjuicios para las familias y el riesgo de perder sus bienes.
Otros vierten los residuos en los registros del alcantarillado, con las consiguientes tupiciones, las cuales limitan el libre paso de las aguas.
Con vistas a dar respuesta a una de las problemáticas que hoy afectan a Santa Clara, fueron ubicados contenedores en distintos espacios de la ciudad para facilitar la deposición y recogida. Sin embargo, de aquel significativo número, en cuya compra invirtió fondos el Gobierno municipal, quedan pocos, como resultado de su progresivo deterioro, al prender fuego a los depósitos plásticos para «apaciguar» los residuos sin acopiar; mientras en otros depositaron escombros o fueron víctimas de hurto por parte de personas inescrupulosas.
Para paliar la actual situación habrá que apelar a las entidades estatales situadas en distintas barriadas de la urbe, para que cumplan con su encargo social y contribuyan con la recogida de basura generada en su entorno. Así podría evitarse la presencia de basureros que afectan la estética citadina, en una urbe que en otro momento fue considerada la más limpia de Cuba.
También las mipymes y otras formas de gestión no estatal deberán darles un adecuado destino a los desechos que generan; entre ellos, el cartón, que podrían vender a la Empresa Provincial de Recuperación de Materias Primas, y de esa forma contribuirían con la economía circular.
Una mirada a un tema recurrente en las páginas de Vanguardia se torna vital en tiempos tan difíciles. Todos estamos implicados y, por tanto, demanda asumir con mayor responsabilidad nuestro actuar diario, mientras llegan las mejoras y aparecen nuevas alternativas para cambiar el actual escenario, que atenta contra la estética urbana.
Unidos debemos trabajar por el bien de los santaclareños y el entorno en que vivimos y, de esta forma, podremos reducir los problemas de nuestra cotidianidad, a favor de la salud ambiental.