Nadie podrá robarnos la esperanza

La proeza que comenzará a escribirse este primer día del noveno mes del año, será un capítulo más en la historia de un país que niega a rendirse.

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Madre hijo en los preparativos para el inicio del curso escolar.
(Foto: Freddy Pérez Cabrera)
Freddy Pérez Cabrera
Freddy Pérez Cabrera
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01 Septiembre 2026

Desde hace varios días en la casa de Rujaine González y Niurbis Moya hay un ajetreo inusual. Al alistamiento de los uniformes y el calzado que portarán sus hijos el 1.o de septiembre, se ha unido la compra de nuevas mochilas, el forrado de las libretas y todo lo demás que tenga que ver con los preparativos del nuevo curso escolar.

En medio de su inocencia infantil, los pequeños desconocen el tremendo esfuerzo que han debido realizar los padres, y su abuelita Irene, para que ese no se convierta en un día más; si no, en una jornada especial, donde lo más importante sea la alegría de los niños.

Como la inmensa mayoría de los cubanos, esa familia también sufre las carencias del momento, los duros apagones, la galopante inflación y otras consecuencias del cerco genocida que nos ha impuesto la potencia del norte; lo cual, no ha sido un inconveniente para preocuparse por todo lo que tiene que ver con la educación de sus hijos.

Atrás han quedado muchos días de desvelo y de búsqueda incesante de los recursos imprescindibles, a pesar de lo menguado de sus salarios y de la carestía de la vida, a lo cual se une la certeza de que este será un curso diferente, marcado por las carencias materiales de todo tipo.

En este contexto tan adverso, puede que en determinadas circunstancias haya que buscar alternativas, ante la falta de algún maestro, que el uniforme escolar no llegue a tiempo, o que un día la merienda no sea como ellos quisieran, entre otras dificultades; más, lo que sí estará seguro será la voluntad de un país, que a pesar de estar exigido al límite de sus posibilidades, jamás dejará de luchar por el futuro de sus hijos.

Por eso, de seguro que este primer día de clases, será de regocijo para Melany, Maikol y los miles y miles de infantes que se reencontrarán con sus amiguitos después de unas vacaciones, también diferentes; y de encuentro con esos maestros, que dejando atrás los muchos problemas que los laceran, estarán frente a las aulas, para brindar lo mejor de sí.

La proeza que comenzará a escribirse este primer día del noveno mes del año, será un capítulo más en la historia de un país que niega a rendirse ante el imperio más poderoso de la tierra, muy similar a la guerra librada por el pequeño David contra el gigante Goliat, o la que desplegó Don Quijote de la Mancha contra aquellos molinos de viento que intentaban interponerse en su camino.

Cuando pasen los años, habrá que escribir también la historia de todos los niños y jóvenes que supieron crecerse ante las adversidades para ganar la batalla del saber; la de sus padres, que al costo de muchísimos sacrificios pusieron por delante la formación de sus hijos; y las de los cientos de maestros y profesores que no dudaron en cumplir la tarea que les exigió el crucial momento histórico que vive la Patria.

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