Servicios necrológicos en Villa Clara: aclaraciones dolorosas

Sobre el incremento de la demanda de servicios necrológicos en Villa Clara, las ampliaciones de varios cementerios de la provincia, el funcionamiento del incinerador de cadáveres y otros temas tan imprescindibles como dolorosos indagó Vanguardia.

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Entrada principal del cementerio de Santa Clara.
En el caso de los fallecidos por causas ajenas a la COVID-19, se permite un velatorio de dos horas con los familiares más cercanos. No están permitidos los velatorios a domicilio ni el traslado de cadáveres hacia otras provincias. (Foto: Carlos D. Quiroga Morejón)
Mónica Sardiña Molina
Mónica Sardiña Molina
@monicasm97
11350
28 Agosto 2021

¿Cuántas veces ha multiplicado esta pandemia el dolor de una pérdida cercana? Demasiada tristeza encierran la ida sin regreso al hospital, la esperanza ahogada a través de un teléfono, la fe incapaz de llenar el vací­o en casa, mientras un alma querida se bate con la muerte y pierde en cada intento por respirar.

A la impotencia por la partida repentina se suman la búsqueda inútil del descuido o el responsable del contagio. Queman los besos frustrados y los abrazos vací­os, a veces desde el más recio confinamiento, porque este maldito virus no nos permite ni despedir a los muertos como se merecen.

Más allá de la vida robada, la agoní­a se cuela en los trámites póstumos, el traslado fúnebre, la orfandad del velatorio y el deseo de una sepultura digna. Hasta los predios de la muerte llega la COVID-19 con sus picos, urgencias y escaseces.

Construcción de nuevas bóvedas en el cementerio de Santa Clara.
Bajo el implacable sol de agosto, los obreros de la Empresa de Construcción y Montaje de Villa Clara erigen 1002 bóvedas dentro del cementerio y otras 1000 en el área de ampliación.  (Foto: Mónica Sardiña Molina)

Durante los últimos dí­as, el silencio habitual en el cementerio de Santa Clara se ve interrumpido por el movimiento de vehí­culos pesados y la labor de unos 150 trabajadores de la Empresa de Construcción y Montaje de Villa Clara.

Según Guillermo Ramí­rez Cárdenas, subdirector de Higiene y Necrologí­a en la dirección provincial de Servicios Comunales, la intervención contempla 1002 nuevas bóvedas, 450 osarios y un crematorio para desechos dentro del perí­metro original. En el área lateral, destinada a la ampliación del camposanto, se prevé la construcción de otras 3000 bóvedas, y ya se trabaja en el primer tercio de las planificadas.

Por primera vez estos albañiles en su mayorí­a jóvenes asumen un encargo distante de los hospitales, puentes, escuelas, hoteles y otras obras sociales a las cuales están acostumbrados. Para cumplir sin tardanzas tan sensible misión, emprenden jornadas diarias desde las 7:30 a.m. hasta pasadas las 6:00 p.m., durante toda la semana, según reconoció Arelys Pino Rodrí­guez, directora adjunta de la entidad encargada del proyecto.

En ningún lugar encontró esta reportera las fosas comunes que «adornan » titulares falsos y exacerban a los lectores más desinformados dentro y fuera de Cuba. Así­ lo corroboró Nilka Ramos Méndez, directora provincial de Servicios Comunales.

«La fosa común es una trinchera abierta de grandes dimensiones, donde se depositan varios cuerpos, con la mortaja que se determine, y con la identificación en la boca o en un pie. Aquí­ no hay fosas comunes. Todos los cadáveres van en un ataúd, tienen un certificado de defunción y una boleta de enterramiento. Sí­ hemos tenido que inhumar en parcelas estatales (directamente en tierra), porque las capacidades son bien reducidas, pero es terreno nuestro.

Camión concretera para la construcción de nuevas capacidades en el cementerio de Santa Clara.
Con la ampliación de las capacidades del cementerio de Santa Clara en el área lateral a este, cerca del incinerador de cadáveres, quedan concentrados los servicios necrológicos de la ciudad.  (Foto: Mónica Sardiña Molina)

«Con todo el respeto que merecen las ví­ctimas y sus seres queridos, hemos dignificado estas sepulturas: están delimitadas por un borde de cemento, todas tendrán sus cruces y la identificación, y estamos haciendo aceras para que los familiares no tengan que caminar sobre la tierra. Luego, podrán venir a pintar, poner flores o lo que decidan », esclareció.

Durante el recorrido entre los sepulcros, Guillermo Ramí­rez señaló la tumba donde reposan los restos de un matrimonio que murió a causa de la COVID-19, con apenas unas horas de diferencia. Aclaró que cuando las dimensiones de la parcela lo permiten, se inhuman dos fallecidos, sin margen para confusiones: están en ataúdes distintos, debidamente identificados y muchas veces los divide una pieza de madera. Lo mismo ha ocurrido siempre con las bóvedas particulares que tienen capacidad para más de un cadáver.

Hace semanas que la muerte caprichosa le arrebató relojes y calendarios a Gustavo Fuentes Regalado, administrador del cementerio santaclareño, y a los 15 sepultureros les quitó hasta la tranquilidad. Por las mañanas trabajan todos, tres o cuatro se marchan al mediodí­a para regresar por la noche, y descansar al dí­a siguiente.

Osvaldo y Rogelio Alonso padre e hijo no consiguen dormir sin sobresaltos. Los dos han salido de la cama en mitad de la siesta, dispuestos a sepultar féretros que se les cuelan en sueños, como eco del más terrible ajetreo que han conocido. Incapaces ya de precisar cifras, apelan al estimado de 30 a 40 entierros en 24 horas como hipérbole del cansancio.

Enterramiento de fallecido por la COVID-19.
Según la última actualización de los protocolos sanitarios, los fallecidos por COVID-19 reciben el mismo tratamiento que el resto, aunque sin velatorio. Se entierran en parcelas estatales los cadáveres cuyos familiares no disponen de bóvedas u otros espacios.  (Foto: Mónica Sardiña Molina)

La directora provincial de Servicios Comunales reconoce sin tapujos el colapso del cementerio general San Juan de Dios, de Santa Clara. Su construcción data del siglo xix y, a pesar de las sucesivas ampliaciones, más del 50 % del espacio corresponde a propietarios particulares, herederos de las familias acomodadas de la ciudad.  

En el artí­culo «Que no falte el respeto en los servicios necrológicos », publicado en Granma, el 18 de enero de 2018, la periodista Lisandra Fariñas Costa ilustró un panorama nacional bastante desalentador. De los 805 cementerios existentes en Cuba, 77 se encontraban colapsados, en 42 resultaba imposible la ampliación y en otros 163 no se podí­an realizar exhumaciones. Además, la cifra de fallecidos cremados en los años 2016 y 2017 no representaban ni la quinta parte del total de defunciones.

Si bien las labores constructivas en los camposantos de Santa Clara, Quemado de Gí¼ines, Cifuentes, Miller y los civiles de Placetas y Encrucijada coinciden con el alza de fallecidos que experimenta el mes de agosto, Nilka Ramos Méndez y Guillermo Ramí­rez Cárdenas aseveraron que las ampliaciones constituyen solicitudes constantes de la Dirección Provincial de Servicios Comunales, y están incluidas en el presupuesto que destina el Estado a este sector.

La funcionaria explicó cuán complejo resulta encontrar un terreno apto para sepulcros, pues requiere el consenso de varias instituciones, y se dificulta también por el crecimiento poblacional y urbaní­stico alrededor del cementerio.

Construcción de aceras en áreas de ampliación del cementerio de Santa Clara.
Para dignificar las sepulturas en parcelas estatales, se delimitan las tumbas con cemento, se colocan cruces para la posterior identificación, y se diseñan aceras para facilitar el paso a los familiares.  (Foto: Mónica Sardiña Molina)

Aprobadas las áreas, el plan de inversiones se detuvo durante los primeros meses del año, debido a la paralización de industrias y la consecuente falta de materiales de construcción. El reinicio de estas producciones dio un impulso a las labores en varios municipios, fundamentalmente, en la capital provincial.

Aunque no constituye la causa principal del colapso, Ramos Méndez y Fuentes Regalado insistieron en la necesidad de sensibilizar a las familias que, luego de los dos años y un dí­a establecidos para la descomposición del cadáver, no acuden a la exhumación, y mantienen ocupado un sitio que otros necesitan.

Particular connotación adquiere este hecho para los santaclareños que se han visto obligados a enterrar a sus seres queridos en los cementerios de otros municipios por falta de espacios en la ciudad. En la voz de Nilka se reconoce, sin duda, la explicación más difí­cil que ha dado en años:

«Hemos tratado de hacerlo en cabeceras municipales, como Placetas, Cifuentes, Manicaragua, pero desde la noche del pasado domingo tuvimos que desplazar los enterramientos a poblados como Mata y Calabazar de Sagua.

«Con todo el respeto al duelo de los familiares, les comunicamos la situación, comprendemos las reacciones negativas; pero no nos queda otra alternativa. Les aseguramos un ómnibus para que asistan al sepelio, y podrán traer los restos a Santa Clara cuando los exhumen dentro de dos años ».

A pesar de que la media histórica de fallecimientos crece en el mes de agosto, este año se cuadruplicaron los servicios necrológicos en Villa Clara. Aparejada a la COVID-19 y sus secuelas, se mantiene la elevada incidencia de las enfermedades del corazón, tumores malignos, afecciones cerebrovasculares, influenza y neumoní­a, patologí­as crónicas de las ví­as respiratorias inferiores, padecimientos circulatorios, diabetes mellitus y otras de las principales causas de muerte en el paí­s.

Frente a tan complejo panorama, la dirección provincial de Comunales ha adoptado varias alternativas para satisfacer la elevada demanda de servicios. En primer lugar, Ramos Méndez se refirió a la concentración de los recursos humanos de los municipios para apoyar a la cabecera provincial, sobre todo, coordinadores de funeraria, choferes fúnebres y sepultureros. En cuanto al transporte, la ciudad cuenta con el apoyo de «paneles » de varias empresas aptos para el traslado intermunicipal de cadáveres.

La producción de féretros también exigió medidas urgentes. Según Juan Antonio Conde Martí­nez, subdirector de Aseguramiento y Transporte en la propia entidad, Villa Clara cuenta con dos fábricas de ataúdes. La de Quemado de Gí¼ines abastece a los municipios de Corralillo y Sagua la Grande, y la de Santa Clara, al resto de los territorios.

«Ninguna de las dos está diseñada ni equipada para producir todo lo que necesitamos hoy, por lo que recurrimos a cinco empresas que ya están apoyando en Placetas, Manicaragua, Ranchuelo y debe comenzar pronto Encrucijada. Varias de ellas hacen, incluso, labores de tapicerí­a.

«De los 10 tipos de ataúdes que nosotros fabricamos, solo les encargamos el modelo que más se utiliza, para evitar problemas con el corte de la madera. Si necesitamos alguno con otras dimensiones, lo hacen nuestros trabajadores, que tienen mayor experiencia.

«Cada dí­a mejoran en cuanto a calidad y cantidad. Hasta el momento contamos con suficiente madera, tela y puntillas, aunque no tenemos cartón; ninguna familia ha tenido que esperar por este servicio », expuso.

Sobre el estado del incinerador de cadáveres, Nilka Ramos Méndez despeja toda confusión: «Se trata de un equipo de alta tecnologí­a que requiere un cuidado especial, con pausas para descanso y mantenimiento. Al principio admití­amos a todos los casos, y muchas veces nos excedí­amos, pero para protegerlo tenemos que limitarnos a ocho turnos diarios.

«No tiene ningún problema. Siempre que interrumpimos el servicio, lo comunicamos a través de los medios de prensa. De hecho, en ocasiones se ha roto y lo hemos arreglado en tiempo récord, sin afectar a la población ».

Serí­a un atrevimiento adivinar cuántas dedicatorias de dolor quedan por escribir en cada lápida, cuántos sepelios a media noche y cuántas búsquedas urgentes de un espacio para el reposo definitivo de nuestros seres queridos. De este lado, les corresponde a ellos multiplicar el respeto y la sensibilidad en cada servicio, y a nosotros, extremar los cuidados, para que no sea la muerte lo que nos recuerde cómo protegernos.

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