Es la misma que ha ahuyentado a empresas extranjeras, que ha amenazado a países proveedores y que ha multiplicado la crisis energética hasta extremos que ni en los peores momentos del periodo especial.
El miembro del Buró Político del Partido y canciller cubano, Bruno Rodríguez Parrilla, lo dijo en la ONU con la claridad que da la razón y la dignidad: entre marzo de 2025 y febrero de 2026, los daños del bloqueo ascendieron a más de 8 000 millones de dólares, un récord histórico.
Entonces uno se pregunta: si realmente les preocupan los cubanos, ¿por qué les niegan el combustible, la comida, los medicamentos? No, la guillotina no la mantiene el Gobierno cubano sobre sus ciudadanos, la guillotina la fabrican en Washington, pieza por pieza, sanción por sanción, decreto por decreto, y la dejan caer sobre un pueblo que no ha cometido otro pecado que negarse a renunciar a su libertad.
No, no es un cerco imaginario, es un crimen de lesa humanidad, y la comunidad internacional lo sabe: 136 votos en la ONU –contra apenas nueve– a favor de la solicitud de Cuba de abrir el debate sobre el bloqueo, pero claro, para Washington las mayorías no cuentan cuando no les son favorables.
Lo hacen a sabiendas de que el mundo lo rechaza, de que es ilegal según el derecho internacional y de que viola los principios más elementales de la Carta de la ONU.
Así, cuando el mundo les señala la incoherencia, repiten el libreto de siempre: «Cuba es una amenaza, hay bases chinas y rusas de espionaje», algo desmentido hasta por el Pentágono.(Raúl Antonio Capote)