Varias décadas de amistad, que incluye laborar juntos en el Inder, en la Escuela Provincial de Educación Física (EPEF) y la Facultad de igual nombre, no facilitó en absoluto esta entrevista. ¿El motivo? La extensa y variada obra de mi entrevistado. Placeteño de nacimiento, santaclareño por antigí¼edad; este incansable cultor de la Recreación Física continúa su andar, sin prisa, pero sin pausa.
Al estar repleto de reconocimientos nacionales e internacionales, de aportes, líneas y proyectos de investigación, de algunas poesías y numerosas obras artísticas, hace imposible detallar todo su camino. Por eso, ante su fecundo tránsito, intento este «brevísimo » relato. Su nombre; Desiderio Alberto Sosa Loy, 69 años recién cumplidos, primer Doctor en Ciencias de la Cultura Física en Cuba, y esta es una mirada actual a lo que ha sido y es hoy la historia de su vida.
Casi como todos los niños, participó en lo que se conoce como los juegos tradicionales, el fútbol, el béisbol y el baloncesto. Por supuesto que también bailó trompos y jugó a las canicas e incursionó en el ajedrez, pero fue el tenis de mesa en el que más brilló, sobre todo, cuando ya graduado de la Escuela Superior de Educación Física (ESEF) como entrenador, ganó el primer lugar regional y promovió varios tenistas a la Escuela de Iniciación Deportiva Escolar (EIDE).
Dos momentos claves
Paralelo al deporte, estuvo en un círculo de interés de pintura con el profesor Pulido y ahí aprendió a dibujar, algo de caricaturas y trazar algunos rasgos del rostro humano. ¿Sería esto el preámbulo de lo que sucedería muchos años después?
Le gustó la pesca deportiva (carrete de madera, nailon, lombrices, la vara criolla) y hasta integró un famoso team acrobático en su natal Placetas. Sin embargo, tal vez sin imaginarlo, el ganarse un plan vacacional le sembró en el subconsciente la semillita que germinaría décadas más tarde.
¿Has pensado que estos hechos pueden haber sido decisivos para llegar a lo que eres hoy, un profesional de alto nivel, reconocido nacional e internacionalmente?
Guarda silencio, su mirada parece que se remonta a aquellos tiempos de su infancia, se pasa la mano por su clásica melena toda blanca. Tal vez no se había detenido a pensar en esto. Sonríe.
Es posible, hermano, en sexto grado me destaqué en aritmética con un primer lugar en un concurso y una mención en español, me premiaron con dos cuentas en el banco de diez pesos cada una, imagínate, yo, un niño, ya tenía dinero en una tarjeta bancaria.
Los ojos le brillan, saborea ese momento y se alisa el cuidado y canoso bigote.
«También el Plan Vacacional en Cienfuegos fue importante. Era la primera vez que salía tantos días de mi casa. Allí jugué mucho béisbol, y nos enseñaron técnicas de orientación por los astros y la brújula, y participé en una fogata cómo olvidarlo. Sí, pensándolo bien eso caló hondo en mí, tal vez… ».
Desiderio, alias Yeyo, como casi todos lo llaman, porque según me explica en esa época se les decía así a todos los que les ponían ese nombre. No habla rápido, casi siempre se nota que piensa dos veces antes de hablar una; eso sí, los gestos de sus manos, su mirada, sus expresiones faciales son diáfanas, tanto en lo bueno, lo pícaro como en lo no tan bueno.
¿Y la incursión con la pintura en el círculo de interés?
Aquello fue importante, un día el profesor Pulido orientó que pintáramos el perfil de alguien del grupo, si mal no recuerdo se autopropuso el guajiro Piky o algo así. Yo estaba ensimismado en mi labor, pasó el tiempo, y cuando miro a mi alrededor no quedaba nadie, me viro y todos estaban a mis espaldas, muy callados, incluyendo al profe, concentrados en lo que hacía. Me dieron un aplauso que no olvidaré nunca.
Yeyo pudo haber sido un buen caricaturista o pintor, pero el deporte se impuso poco a poco y esa veta artística quedó, no olvidada, sino como un virus, escondido, esperando reclamar su eclosión, pero en este caso un virus bueno, muy bueno como veremos después.
De villano a héroe
Ya muy joven, integró un equipo de béisbol en la llamada Villa de los Laureles, y con los ojos bien abiertos y las cejas algo levantadas…
«Estaba en primera base cuidando al corredor, entonces dan un roletazo, capturo la bola, tiro a segunda para sacar doble play que parecía fácil, pero le metí la pelota en la espalda al jugador. Casi nada. El estadio estaba repleto, el público me cayó encima gritándome de todo… ».
Se pone la mano en la frente, se acomoda en la silla, me dice algunas de las impublicables «lisonjas » que le regalaron, no puedo evitar reírme a gusto, total, somos amigos y se contagia, y de paso se relaja.
«Yo quería que la tierra me tragara. Fíjate que en cuanto pude, cambié de posición con uno que jugaba tercera base, pero llegó tarde y lo colocaron en el jardín derecho y me fui para allí, y él en primera. Lo hice sin decirle nada al entrenador, y soy tan dichoso que dieron una línea por ahí mismo, me lancé hacia delante y fildié como se dice de cordón de zapatos. Saqué un importante out, no sin antes enredarme en la red de la portería de fútbol; recuerda que, en la plazoleta, como le decían al estadio, se practicaban los dos deportes ».
¿Y entonces?
Nada, tremendo aplauso, el público de pie y cualquier cantidad de «piropos ». Ahora era un héroe. Ya en el noveno inning con dos outs, hombres en segunda y tercera, otra línea, pero más corta, le partí de frente, la capturo al primer baund, tiro lo más duro que puedo a primera y ganamos el juego, lluvia de aplausos y elogios. No obstante, al llegar a la casa, colgué el guante para siempre. Comprendí que ese no era mi camino.
¿Por qué?
El deporte de rendimiento está concebido para ganar, no hay alternativas, y el público, si lo haces bien te premia, pero si fallas… Por favor, a mí me gritaron flaco, suelta ese guante, es más grande que tú, pareces una…
Lo observo, todavía le da pena, a pesar de que han transcurrido algo más de cuatro décadas. Le confieso: «Tranquilo, yo también hubiera hecho lo mismo ».
A pesar de ese trance, Yeyo no dejó a un lado la actividad física, al contrario, cuenta que era muy delgado y sentía un poquito de complejo, por lo que entrenaba escondido. El famoso de aquella época Charles Atlas y su método de tensión dinámica lo motivó, consiguió varias revistas de culturismo, y hasta hizo tracciones dentro de su casa en los travesaños de una habitación a otra, tal era su empeño.
¿Entonces estabas decidido a estudiar en el «Fajardo », como lo hiciste?
Respira hondo, vuelve a acariciar su bigote, se ve muy cómodo, sabe que me va a sorprender, es muy astuto, hay algo que no sé y desde ya disfruta lo que va a decirme. Me activo. Estoy en alerta máxima. ¿Qué habrá?, me pregunto.
Quería ser mecánico automotor.
Se hecha a reír, como un niño travieso. Pongo los papeles sobre mis muslos, esta sí es noticia, al menos para la mayoría que lo conocemos desde hace tanto tiempo. Solo le digo: no jodas chico…
¿Era tu vocación?
Siempre decía en casa que iba a ser mecánico automotor, tal vez por la influencia del esposo de una de mis hermanas que lo había estudiado en la antigua Unión Soviética, estaba convencido de que sería bueno en eso.
Cambio de rumbo
Por suerte para la cultura física dos amigos lo hicieron cambiar de opinión, Miguel Vidal y José Carmona.
En esos tiempos los profesores de Educación Física vestían de blanco, eran populares y tenían muchas novias.
También lo motivó el secreto deseo de mejorar su físico, así que logró matricular en el «Fajardo », pero esta vez sería en Jibacoa, no en La Habana. Corría el año 1967.
«Me adentré en el monte y en una mata de guayabas vi un gajo bien horizontal que se convirtió en una rústica, pero útil barra fija que con el tiempo me regaló la mejoría en mi apariencia física que tanto anhelaba ».
Y no solo mejoró su físico, también modeló su carácter y los valores que ya tenía, pues participó en cuatro zafras del pueblo, numerosos trabajos voluntarios y la educación patriótica militar. Se graduó como tercer expediente a nivel nacional.
En la EPEF
De su andar por el tenis de mesa, llega a la Escuela Provincial de Educación Física y se decidió por lo que sería quizá sin saberlo, por la recreación física, en la que se especializó en 1980 cuando culminó la licenciatura en la filial villaclareña.
A partir de ese instante, Desiderio no da ni pide tregua en su entrega ilimitada. Parece que el tiempo se detiene y lo deja hacer…
Comenzó con varias líneas de investigación, estudios y proyectos nacionales e internacionales, que favorecieron los más de 100 trabajos de diplomas, tutorados, varias tesis de maestría y tres de doctorados; estas últimas después que defendió con éxito su tesis el 13 de octubre del año 2000 y lo ancló como el primer Doctor en Ciencias de la Cultura Física en Cuba.
Hoy, en Santa Clara se desarrolla la primera Maestría en Recreación Física en el país, de la cual es el creador y coordinador, además de varios cursos, posgrados y diplomados.
En ultramar
Otro tanto sucede en varios países como Brasil, Venezuela y Colombia, donde colaboró algunos años con asesorías en instituciones deportivas y en más de 20 universidades, las invitaciones a congresos panamericanos y latinoamericanos que le suman, además, decenas de talleres, conferencias y más, mucho más.
Algunos reconocimientos hasta hoy:
-Premio al XVII Congreso panamericano. Panamá. Julio 1999.
-Reconocimiento III Convención Internacional de Educación Superior.
-Vanguardia Nacional, 2002.
-Personalidad Distinguida. Villa Clara, 2014.
-Premio al Mayor Impacto Social «José Yáñez Odaz », 2017 y 2018.
-Educador Destacado del Siglo XX, 2017.
-Premio del Rector, 2018.
-Premio por la Utilidad de la Virtud, 2018.
-Medalla Rafael María de Mendive.
-Medalla Trabajador Internacionalista. Firmada por el Secretario del Consejo de Estado.
Nombre artístico
Para colmo, D2ASLoy es su identidad artística, y comenzó oficialmente…
«En 1984. Nunca me acerqué a ninguna institución de la cultura ni a algún profesional de las artes plásticas. Todo es pura inspiración, me gusta hacerlo. Consigo un pedazo de madera, lo observo y “veo algo en élâ€, entonces empiezo a tallarlo, y con el tiempo; sale ».
Las obras de Yeyo más de 50 piezas abarcan desde el negro africano hasta el aborigen cubano, y otras según él, totalmente amorfas para algunos observadores, pero que reflejan el sentido e interpretación personal del autor.
Es tal su dedicación y entrega ¿perfeccionista? que tiene un total de 79 exposiciones, 43 de ellas personales, y atesora cinco premios y cinco menciones y otros siete reconocimientos. Es miembro de la Asociación Cubana de Artesanos Artistas (ACAA), de la comisión de dichas artes del Fondo de Bienes Culturales y otras. Me quedo pensando unos minutos mientras detallo por ejemplo al Rebelde, una de sus obras más simbólicas y…
¿Cómo puedes hacer tanto en tan poco tiempo y tan bien?
Solo sonríe y no da la última. Asiento con la cabeza, mas no estoy conforme. Insisto, pero nada. ¡Qué zorro me ha salido este paisano!
No obstante, voy a la carga. ¿Aceptas un breve duelo de preguntas y respuestas rápidas como si fuera una partida de ajedrez?
No puedo escribirlas todas, dejo algunas para el video de esta ya larga conversación. Medita unos instantes y acepta.
¿La mentira? «Trato de no incurrir en ella, pero a veces es necesario. Están los mentirosos… ». Hace un gesto elocuente. No hace falta describirlo.
¿La verdad? «Sigo a Aristóteles, por sus estudios. Es un atributo bello del ser humano, aunque en ocasiones perjudica ».
¿Las mujeres? Se ríe. «Si te digo la verdad, me embarco. Igual que tú… Soy incapaz de denigrarlas. Mejor ver lo positivo ».
¿Momento más feliz? «El nacimiento de mis hijos y cuando terminé el doctorado ». Yeyo tiene tres hijos, Gisleidy, de 38 años; Joan, de 32, y Yohana de 17, más una nieta, Vilma, de 11 añitos ».
¿Momento más triste? Se lo siente. Respira, se toma su tiempo. «La muerte de mis padres. Al menos murieron tranquilos ».
¿Enemigos? «Algunos disfrazados con trajes de compañeros, pero varios ya no están aquí ».
¿Amigos? «Muchos ».
¿Sinceros todos? «No, varios nos apreciamos y hago el esfuerzo por conservarlos ».
¿Momento muy tenso? «Cuando me atracaron en un cajero en Colombia ».
¿Decepciones? Con la cabeza deja clara su respuesta. Sin comentarios.
¿Tienes secretos? «Sí, claro ».
¿Me puedes decir, aunque sea uno solo? «Si lo hiciera, entonces dejaría de ser un secreto… ».
Nos reímos de lo lindo, recordamos trastadas, alegrías, sorpresas, temores, incertidumbres… Pero aquí estamos.
Y aunque me quedo con la gran interrogante de cómo pudo hacer tanto y tan bien en tan poco tiempo, no me rindo del todo, porque ahora estoy casi seguro de que descubrí uno de sus secretos mejor guardados, aunque no se lo diga, Desiderio Albero Sosa Loy, Yeyo, compañero y amigo, es el cómplice del tiempo.