Tío Luis, el travieso

En una pequeña superficie de suelo, allá en Placetas, un octogenario obtiene alimentos y plantas medicinales que, desde su modestia productiva, mitigan carencias en la comunidad.

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Luis Vega Cuéllar en su patio de referencia Las 3 rosas del Cayo. (Foto: Luis Machado Ordetx)
Aprovechar cada palmo de suelo vacío constituye una práctica diaria para Luis Vega Cuéllar, un hombre aferrado a su comunidad. (Foto: Luis Machado Ordetx)
Luis Machado Ordetx
Luis Machado Ordetx
@MOrdetx
1009
23 Febrero 2026

En «Las 3 Rosas del Cayo» Tío Luis discurre parte de su tiempo libre bajo las frondas de los plantas de frutales, medicinales y cultivos varios que, por años, sembró en dos pequeñas parcelas que delimitan el espacio trasero de edificios ubicados en el consejo popular Los Chinos-Pujols, sitio que lo acogió en adopción hace más de diez lustros.

El lugar adquiere el nombre del territorio más cercano a sus afectos íntimos: la madre, la esposa y la hermana, y también a él, porque proviene de Caibarién, localidad que denomina con adoración el Cayo.

Luis Vega Cuéllar, promotor de la agroecología.
Las acciones agroecológicas, con el empleo de residuos de cosechas, enriquece y caracteriza al patio del productor. (Foto: Luis Machado Ordetx)

En Placetas, dijo, echó sus raíces. Ahora tiene 80 años de vida y durante el primer cuarto de siglo ocupa, en la circunscripción 31, las funciones de delegado del Poder Popular.

La «barriada, con unos 1184 electores y una población mayor, es tranquila, y los principales planteamientos aquí se centran en el deterioro de las calles, o en el canal norte convertido en vertedero de desechos sólidos», apuntó.

Pozo artesiano construido por Luis Vega Cuéllar.
Pozo artesiano construido para irrigar, con una regadera ante carencias eléctricas, las plantaciones agrícolas. (Foto: Luis Machado Ordetx)

«Es la población, sin ánimos de justificar nada, la causante en ocasiones de esos males mayores. Sin embargo, creo que el deficiente reparto de los horarios prolongados de apagones constituye nuestra principal amenaza en una zona eminentemente comercial. El apagón no es lo molesto, sino la forma que, a veces, se “reparte” entre todos. Los problemas de educación ambiental y del arreglo de las vías los resolvemos en el ámbito de la comunidad. Lo otro, el apagón, depende de la solvencia de combustible constreñido por el cerco económico. Por eso tomamos alternativas con la instalación de paneles solares, principalmente en centros de Salud», afirmó.

Tal es así que «aquí dispongo de dos parcelas, pequeños patios, para la siembra de plantas medicinales, cultivos varios, frutales y ornamentales. Están detrás de los edificios, y antes eran lugares vacíos en los cuales los vecinos arrojaban todo tipo de basura. Aposté por convertirlos en jardín, y hasta hice un pozo, a fuerza de barreta, para que el agua no faltara en el riego de las siembras. Desde hace años son patios de referencia de la agricultura urbana, y las producciones, como plátano fruta o vianda, se entregan de manera gratuita al hogar de ancianos, o se venden a precios módicos a la comunidad», sentenció el hombre de hablar pausado y dispuesto a exhibir realidades agrícolas.

«Todo aquí se fomenta con materia orgánica. Nada de venenos químicos para contrarrestar plagas o enfermedades en las plantaciones. Ahí usted ve las flores, o el plátano que en época de invierno retrae el crecimiento de los frutos. Lo importantes es sostener constancia en lo que uno hace, y pensar siempre en positivo porque la voluntad del hombre y su actuar serán mucho más fuertes que cualquier carencia material que se presente en el camino. Es nuestra filosofía y en el ocaso de la vida, con una esposa con enfermedad oncológica, no me detengo en el andar continuo: de aquí para allá voy arriba de cualquier problema», acotó.

Luis Vega Cuéllar observa racimo de plátano en su patio de referencia.
Ahorita el racimo de plátano está listo para llegar a los consumidores, dice el agricultor. (Foto: Luis Machado Ordetx)

Allí donde siempre se reclama una ayuda, o un brazo extendido, está Vega Cuéllar, como el primero para dejar su aporte a la colectividad: «si hace falta una flor para una época señalada se regala; también una planta medicinal; una vianda o una fruta, y todos disfrutamos por igual de lo que aquí crece por días. Ahí están mis travesuras para sonreír a la vida», argumentó.

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