La misión de explorar el universo infantil

Addys Pérez Fernández,  especialista de Segundo Grado de Psiquiatría Infantil platica sobre su labor y su quehacer social como miembro de la Federación de Mujeres Cubanas.

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Laura Zaita Arjona
321
10 Marzo 2026

Pocas especialidades demandan un equilibrio tan exquisito entre el rigor científico y la sensibilidad humana como la psiquiatría infantil. Addys Pérez Fernández, especialista de Segundo Grado en esta rama y jefa del Servicio de Salud Mental del hospital pediátrico universitario José Luis Miranda, de Villa Clara, ha fundamentado su ejercicio profesional en dicha premisa. Con una trayectoria marcada por la defensa del bienestar emocional de los más pequeños y un fuerte compromiso social, la doctora ofrece a Vanguardia una visión íntima de un su labor, los desafíos de su campo y el arte de acompañar el mundo interior de niños y adolescentes.

Doctora Addys Pérez.
Addys Pérez Fernández, miembro del Comité Nacional de la Federación de Mujeres Cubanas, con una trayectoria de 10 años como integrante no profesional del secretariado de la organización en el municipio de Santa Clara. (Foto: cortesía de la entrevistada)

—¿Cuál fue su motivación para elegir la especialidad? ¿Hubo alguna persona o experiencia que influyera en dicha decisión?

—Durante mi rotación por el Hospital Pediátrico en la carrera de Medicina, me apasionó el trabajo con los niños y supe desde entonces que mi futuro profesional se orientaría hacia la pediatría. Opté por la psiquiatría infantil porque considero que cada niño posee un mundo interior que merece ser escuchado y protegido. Me conmovió la fragilidad emocional de los infantes y sentí que podía acompañarlos en ese camino.

«Ese trayecto, sin embargo, no lo transité sola. Desde el primer año de la carrera hubo una psiquiatra infantil que me acompañó: la Dra. Marta María Pino Torrens —hoy jubilada—, con quien, una vez graduada, me vinculé al área de consultas en la comunidad. Su carisma único y su entrega a la profesión hicieron que me fuera enamorando de este campo».

—Durante sus años de formación, ¿qué realidad encontró respecto a la psiquiatría infantil y qué fue lo que más le impactó de ese período?

—Durante mi formación descubrí que, históricamente, la psiquiatría general e infantil tenían escasa visibilidad. La provincia contaba con pocos recursos y reducidos especialistas para su abordaje, lo que me impulsó a comprometerme aún más con mi preparación académica. Lo que más me impactó, sin embargo, fue constatar cómo el sufrimiento infantil muchas veces pasaba inadvertido.

—En su consulta diaria, ¿cómo logra adentrarse en el mundo de un menor que muchas veces no sabe o no quiere explicar lo que siente? ¿Cuál es su técnica para «ganárselos»?

—Para conectar con ellos empleo estrategias que favorecen la empatía y les permiten expresarse con mayor naturalidad. En el ejercicio de la psiquiatría infantil no existe un guion predeterminado, pues cada niño o adolescente es distinto. Por ello, lo primero es considerar su edad, etapa de desarrollo, características psicológicas y la actividad rectora propia de cada fase. Esto me permite adecuar la exploración a sus intereses y motivaciones, de manera lúdica y flexible: con juegos para los más pequeños, dibujos o narrativas adaptadas a sus gustos. Ante todo, procuro escucharlos sin juzgar y ganarme su confianza desde la paciencia y el respeto.

—La salud mental infantil requiere una sensibilidad muy especial. ¿Cómo logra equilibrar la rigurosidad científica con la empatía y la ternura necesarias para tratar con niños?

—La ciencia aporta el conocimiento sobre lo normal y lo patológico en la infancia, así como las herramientas terapéuticas para abordarlo. Pero es la ternura, junto a la sensibilidad humana, las que tienden el puente hacia el mundo emocional del niño y establecen la empatía necesaria para viabilizar cualquier intervención.

«El psiquiatra infantil no se limita a aplicar ciencia ni a ofrecer consuelo; debe articular ambas dimensiones para que el menor se sienta comprendido y protegido mientras recibe una atención sólida y eficaz, sin caer en extremos. Solo ese equilibrio logra que la práctica clínica sea verdaderamente transformadora, tanto para el paciente como para su familia».

—Un psiquiatra infantil no trata solo al niño, sino que debe lidiar también con la familia. En este sentido, ¿cuál es el obstáculo más grande que enfrenta con los padres?

—El mayor reto consiste en superar la resistencia inicial y el estigma que aún rodea a la salud mental. Se trata de lograr que las familias tomen conciencia de que sus hijos necesitan atención y comprendan que su participación en el proceso terapéutico resulta vital. Además, han de aceptar que el cambio implica reestructurar el pensamiento del niño y la dinámica familiar; de ahí que se trate de un proceso necesariamente lento. Sin embargo, a menudo los padres esperan soluciones rápidas y no comprenden que este camino exige tiempo y compromiso.

—¿Hay algún caso de un paciente que recuerde con especial cariño o que le haya marcado profundamente?

—Recuerdo, en particular, a un adolescente de 15 años que presentaba un cuadro psicótico. Su familia quedó devastada ante el diagnóstico, pues creían que su futuro estaba perdido. Sin embargo, gracias al trabajo de todo el equipo logramos que pudiera reintegrarse a la escuela, presentar los exámenes de ingreso a la Educación Superior y culminar una carrera universitaria vinculada a la docencia. Además, formó una familia y hoy tiene un desempeño laboral excelente, hasta convertirse en un referente para sus propios alumnos. Para mí, lo más gratificante de esta labor es ver los resultados concretos en la reinserción social de quienes atendemos.

—Desempeñarse como dirigente del Centro de Salud Mental del Hospital Infantil implica una gran responsabilidad. ¿Cómo llegó hasta esa posición? ¿Cuáles son los principales desafíos profesionales que ha enfrentado?

—Ocupo la jefatura desde 2012. Asumí esta responsabilidad en un momento de gran escasez de psiquiatras infantiles en la provincia. Estaba recién graduada, pero convencida del poder de la dedicación y el trabajo en equipo. Mis mayores desafíos han sido formar nuevos especialistas para descentralizar la atención hacia los municipios y fortalecer la colaboración, además de incentivar la superación profesional de nuestro equipo. Igual de fundamental ha resultado lograr una integración efectiva con otros sectores y organizaciones —Educación, Prevención de Menores, Ministerio del Interior, Federación de Mujeres Cubans, entre otras— y mantener una labor estable, sistemática y sostenida en el tiempo.

—En un mundo donde tradicionalmente ciertas jefaturas han sido ocupadas por hombres, ¿cómo ha sido para usted abrirse paso y ejercer el liderazgo desde una perspectiva femenina?

—Ejercer liderazgo desde una perspectiva femenina ha significado demostrar que la autoridad no se mide únicamente en términos de poder, sino también en sensibilidad, escucha y capacidad de construir consensos. Al inicio, enfrenté prejuicios y miradas que dudaban de mi capacidad, quizás por mi inexperiencia profesional, pero convertí esas resistencias en impulso para mostrar resultados concretos. 

«He aprendido a hacerme sentir desde el respeto. Ser mujer no es una limitación para asumir una jefatura, sino una ventaja. Me ha permitido aportar una visión distinta, más inclusiva y humana, que puede enriquecer la gestión y abrir caminos para otras mujeres. Cada paso ha sido también un acto de responsabilidad hacia las generaciones venideras, porque sé que mi presencia en estos espacios es una señal de que las mujeres también podemos llegar y transformar realidades».

—¿Cómo ha sido su experiencia como colaboradora de la Casa de Orientación a la Mujer y la Familia? ¿Qué la motiva a mantener ese compromiso además de sus responsabilidades profesionales?

—Vincularme como colaboradora de la Casa de Orientación a la Mujer y la Familia (COMF) ha enriquecido profundamente mi desempeño profesional. Mi labor en el Equipo Técnico Asesor Multidisciplinario de Tribunales de Familia me ha permitido dotar a los jueces de herramientas que favorecen la conciliación en procesos familiares, velando siempre por el interés superior del menor y su bienestar psicológico.

«En la COMF he encontrado un espacio donde la escucha activa y la solidaridad se convierten en instrumentos de transformación. He aprendido a valorar la fuerza de la interdisciplinariedad: trabajar junto a juristas, educadores, psicopedagogos, trabajadores sociales y otros profesionales amplía mi perspectiva y me permite ofrecer respuestas más integrales. Además, me ha enseñado a ser más humilde y a reconocer el valor del trabajo colectivo.

«Para mí, la Casa de Orientación no es solo un lugar de trabajo; es un símbolo de esperanza, de construcción colectiva y de empoderamiento femenino. Me impulsa el compromiso social y la posibilidad de acompañar a mujeres y familias en momentos difíciles. Es un espacio donde siento que mi labor trasciende lo clínico para convertirse, sencillamente, en apoyo humano».

—Usted posee la distinción 23 de Agosto, de la FMC. ¿Qué significó dicho reconocimiento?

—Haber recibido la distinción el pasado año ha sido fuente de orgullo y de compromiso. Orgullo, porque representa la validación de un esfuerzo colectivo, de años de entrega en la defensa de los derechos de la mujer y las familias. Compromiso, porque me recuerda que cada logro personal está ligado a la responsabilidad social de seguir trabajando, y ayuda a inspirar a otras mujeres y a mantener viva la memoria de quienes hicieron posible que hoy tengamos voz y espacio.

—El 8 de marzo se celebró el Día Internacional de la Mujer, ¿qué mensaje le enviaría a todas esas niñas y adolescentes que sueñan con ser profesionales de la salud?

—Mi mensaje para ellas es que este es un campo que exige vocación y entrega, pero las mujeres hemos demostrado una y otra vez que somos vencedoras de imposibles. Cuando existe deseo e interés genuino por una labor, las mujeres tienen la capacidad de crecerse y superar adversidades para transformar el futuro. Por eso les digo: nunca apaguen sus sueños, porque cada niña que sueña con sanar está sembrando esperanza en el mundo.

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Omar

Miércoles, 11 Marzo 2026 09:31

La doctora Addys es ejemplo de la excelencia profesional , por su entrega infinita y sus valores humanos.