Luis Machado Ordetx
Luis Machado Ordetx
@MOrdetx
3101
24 Julio 2016

Con planos, a veces corregidos en la premura del tiempo, Fidel llegó a las inverosí­miles zonas del Escambray para fundar una esperanza. A partir de marzo de 1959 los rostros guajiros, surcados de arrugas, se iluminaron. Los titulares de los rotativos especificaban: « ¡La tierra es suya! », una sentencia recordatoria de celebraciones de congresos campesinos y los recorridos del lí­der de la Revolución por zonas de Pinar del Rí­o, la Ciénaga de Zapata, el centro de Las Villas y Camagí¼ey, lugares menos conocidos a partir de la epopeya combativa de la Sierra Maestra.

Vanguardia publicará, con frecuencia mensual y en saludo al cumpleaños 90 de Fidel,  una serie de reportajes  que recogen momentos trascendentales de su presencia en el Escambray.  

 El 10 de octubre de ese año, desde un secadero de café en El Nicho, Camilo Cienfuegos interviene en el Primer Congreso Campesino del Escambray. También anuncia que pronto Fidel estará en las alturas de Guamuhaya, al sureste villareño. Allí­ habí­a un territorio idóneo para desarrollar todos los conceptos económico-sociales que requerí­a el paí­s.

El terreno tení­a unos 4295 km2  de superficie.   Era una las 58 regiones de las entonces provincias cubanas. Durante años formó parte, casi permanente, de los desvelos del Comandante en Jefe por desencajar de manera radical el entorno de aquellas 12 antiguas y atrasadas municipalidades.

A partir de 1960 se crean las primeras granjas del pueblo con el Plan Especial Escambray.

El panorama desolador de aquellos lugares comenzó a cambiar, mientras el pueblo uniformado desarticula bandas contrarrevolucionarias. A finales de 1962 se celebra la Primera Feria Agropecuaria de Manicaragua. Durante la edición del sábado 29 de diciembre de ese año Vanguardia destacó que allí­ se daban a «conocer a los villareños en particular y a los cubanos en general, el resultado obtenido   hasta la fecha por lo que Fidel explicó serí­a un plan especial que se aplicarí­a a esta región de Las Villas en beneficio de los campesinos de las montañas del macizo central de Cuba, que no habí­an recibido de la Revolución los beneficios que otras zonas agrí­colas del paí­s estaban disfrutando desde hace tiempo ».

Representó un camino para fundir esfuerzos de ciencia y técnica, o cultura y educación, así­ como salud y bienestar públicos y gratuitos en la consagración de quienes surgí­an en defensa de las conquistas anunciadas por Fidel en el Programa del Moncada, un instante luminoso que devolverí­a patria y humanismo al cubano.

Vista al paraí­so

Fidel, hombre previsor, refiere la edición de Vanguardia del miércoles 26 de junio de 1963, visitó la Universidad Central «Marta Abreu » de Las Villas y en su Facultad de Ciencias Agropecuarias orientó la inmediata creación de una unidad de producción de semillas de alta calidad y rendimientos en cultivos de maí­z y otros viandas y vegetales. Escogerí­an 20 caballerí­as de suelos apropiados en zonas del Plan Especial del Escambray, lugar en el cual también los graduados desarrollarí­an labores de extensionismo agrario con campesinos serranos.

Ingeniero agrónomo Jesús Guzmán Pozo.
El ingeniero agrónomo Jesús Guzmán Pozo atesora un valioso material documental que agrupa las disposiciones del Comandante en Jefe asignadas al desarrollo de la serraní­a villareña. (Foto: Luis Machado Ordetx)

El centro docente contaba con estudios de variedades de boniato, de yuca y de maí­z, y obtení­a excelentes resultados en el hí­brido D-1, aptos todos para el consumo humano y animal, así­ como de diferentes indagaciones en tipos de fertilizantes en combinaciones de nitrógeno, fósforo y potasio.   Ya, con una profunda visión de futuro, estaba ideando lo que vendrí­a después…  

El Escambray apenas tuvo tiempo para fundar pueblos, o fomentar caminos y transformar los agrestes territorios. Hasta que se erradicó el bandidismo todo fue un imposible. Por esa fecha el paí­s adquirió recursos materiales y humanos para emprender las lí­neas de desarrollo de la región. El 23 de junio de 1969 Fidel efectuó una visita sorpresiva al Escambray. Estuvo en Los Pinos, Manicaragua, capital económica de la región, pues la polí­tica se situó en Trinidad.

Aquí­ comienza el renacer de las transformaciones: escuelas, caminos, comunidades agropecuarias, instalaciones industriales o turí­sticas y de cultura, y servicios asistenciales a la población. Son las mujeres y los hombres del lomerí­o los encargados de ascender a otro paraí­so: el diseñado por el Comandante en Jefe con recorridos sorpresivos en los cuales a veces los periodistas de Vanguardia ofrecieron un seguimiento inmediato, y en su defecto, reconstruyeron aquellos periplos que demostraron cómo Fidel es un hombre que «gusta trabajar lo más sigilosamente posible », como afirmó en una ocasión.

Jesús Guzmán Pozo, ya octogenario, es ingeniero agrónomo, y desde muy joven lo apodan el Médico, por su afán en escudriñar en los misterios de las ciencias naturales. En 1970 era director del Centro de Investigaciones Agropecuarias de la Universidad Central «Marta Abreu » de Las Villas, y acababa de regresar de Australia, paí­s en el cual participó en un congreso internacional de pastos y forrajes destinados a bovinos.

Entonces Nicolás Chaos Piedra, primer secretario del PCC en la regional Escambray, lo invita a ese territorio y le cuenta: «Fidel me ha bajado una tarea de envergadura y necesito orientaciones especializadas en la dirección técnica del sector ». «Es cuando formo parte de un grupo multidisciplinario que envió el lí­der de la Revolución para proyectar el desarrollo del lomerí­o. Eran expertos en planificación fí­sica, en arquitectura. Yo era un ingeniero integral, formado en la parte de pastos, forrajes y pecuaria explica Guzmán.

Notas de Fidel Castro Ruz sobre desarrollo del Escambray.
Notas originales que envió Fidel a Hermenegildo (Mejero) Curbelo Morales y José M. (Chomy) Miyar Barruecos, rector de la Universidad de La Habana,  orientando la entrega de semillas para el fomento de cultivos de pastos y forrajes. (Foto: Cortesí­a de Guzmán Pozo)

«Rosa Elena Simeón dirigí­a el grupo, integrado, además, por Gina Rey, Gladys Moner, Francis Secada y yo, que hací­a los estudios de ganaderí­a-agricultura. Visitábamos los lugares y realizamos una división del territorio, según suelos, posibilidades de agua, pastos y forrajes para vacas Holstein partes llanas, así­ como de cruzamientos premontaña, y la de mayor altura destinada a animales finos. O sea, para lecheros exquisitos, mestizos y cebú.

«Los hombres del DESA (Desarrollo Agropecuario) se encargarí­an de las construcciones de vaquerí­as, viviendas y escuelas. Nada faltarí­a en el Escambray. Todo se diseñó en un tráiler-campamento que se ubicó en Los Pinos. Era una especie de oficina-albergue con todas las condiciones para el trabajo profesional. Allí­ se trazaron las pecuarias El Tablón, La Vitrina, Breña, El Abra y San Pedro de Palmarejo, en Trinidad. Abarcábamos desde Mataguá hasta Trinidad. Era un vasto territorio casi inexplorado.

«Chaos Piedra formó, incluso, un equipo de meteréologos para observar las corrientes de los vientos y las lluvias. Se hizo un estudio ecológico de la parte de Marí­a Rodrí­guez, próximo a Báez, y La Parra, en Cumanayagua, sitios para ubicar vacas finas, según ideas de Fidel. Eran supervacas. En Marí­a Rodrí­guez habí­a temperaturas ideales para animales Holstein, pero carecí­an de agua suficiente para el riego. Eso obligó a escoger La Parra de acuerdo con la perspectiva de construcción de la presa Avilés y el canal Paso Bonito-Cruces. Creo, si no me equivoco, es lo único que tiene vida en la actualidad. En la zona de Galdós se proyectó la base lechera aledaña a Yaguanabo.

«Se llegaron a terminar 100 instalaciones pecuarias. En La Vitrina estuvo previsto el riego de agua, pero no se hizo la presa por la imposibilidad de interrumpir la carretera que conduce de Mataguá a Manicaragua. Las vaquerí­as en El Tablón tienen cuatro caballerí­as, y en La Vitrina, ocho. Entonces surgió la crí­tica, pero Fidel dijo que cuando se dispusiera de represas, las lecherí­as de la segunda serí­an idénticas a la primera. Ese es el motivo de las diferencias, todaví­a actuales.

«En Valle Mena no podí­a sembrarse alfalfa, y Chaos Piedra me pregunta: ‘‘ ¿Tú te atreves a decirle a Fidel?’’. ¡Claro!, le respondí­. Un dí­a me dijo: ‘‘Monta en el jeep que Fidel viene a un recorrido’’. La conversación se promueve hasta llegar al punto del porqué ese cultivo no era recomendable en la zona. Las conversaciones con el Comandante en Jefe son difí­ciles. Hay que tener argumentos y hacer detalles minuciosos. Fidel lo calcula todo, y hasta te enreda en preguntas y respuestas ».

Guzmán Pozo sonrí­e, y recuerda aquel enfrentamiento de puntos de vista con Fidel, momento en el cual le expuso que los suelos allí­ eran muy ácidos y requerí­an grandes enca ­la ­mientos, y no se obtendrí­an las respuestas esperadas en un cultivo que requiere climas templados no acordes con nuestro invierno. «Ya eso lo experimentamos en la Universidad, pues de noviembre a abril hay buenos rendimientos, pero hasta octubre la plantación es invadida por las malas hierbas. El Comandante se quedó meditando, y dijo: ‘‘Está bien, ¡estoy de acuerdo!’’, y resaltó:

«Ahora ustedes buscan todas las leguminosas tropicales y las experimentan aquí­.

«Montaremos los estudios en Valle Mena, dije.

«Así­ encontramos que fue la glicina la de mejores comportamientos. No tení­amos suficiente semilla, y entonces Fidel las facilitó según las necesidades. Dio orientaciones a José M. Miyar Barruecos para las entregas de la bermuda cruzada, un alimento para el ganado que entró al Escambray por disposiciones del Comandante en Jefe.

Fidel Castro y un grupo de participantes en la reunión del 3 de abril de 1971, en Santa Clara.
Fidel y el grupo que intervino en la reunión del 3 de abril de 1971. Tercero a la izquierda, Arnaldo Milián Castro. El testimoniante (marcado con una flecha) no olvida un acontecimiento que marcó un antes y un después en su labor profesional: fueron años intensos en sus investigaciones agropecuarias. (Foto: Cortesí­a de Jesús Guzmán Pozo)

«En la Granjita del Partido, en Santa Clara, Fidel convocó a una reunión el 3 de abril de 1971. Allí­ estaba Arnaldo Milián Castro, primer secretario del Partido en Las Villas, así­ como Chaos Piedra y Aldo Dí­az Guadarrama, director del DESA, además de especialistas cubanos y soviéticos. Analizábamos el proyecto de riego de agua en El Tablón, muy diferente al dispuesto por la dirección nacional de ganaderí­a. Allí­ pasé el susto más grande de mi vida. Los especialistas soviéticos proponí­an un sistema más económico, con menos conductoras de riego, de pastoreo dirigido y no de autopastoreo. Serí­an 21 cuartones en vez de 40 para vacas (baja, media y alta), y seca en potencial productivo. Se harí­a una conductora de agua, con cuartones más amplios.

«Todo eso aconteció antes del diálogo con Fidel. Tuve que estudiar el proyecto de los soviéticos, y hasta hice consultas con muchos especialistas. Llegó el dí­a de la reunión, y respondí­ a Chaos Piedra que los soviéticos tení­an razón en sus ideas de pastoreos, con menor inversión y fácil manejo de los animales.

« ¿Cómo? indicó el dirigente partidista. ¿Acaso lo que dice Fidel no sirve? Hay que explicárselo muy bien.

«De acuerdo.

«Primero expusieron los soviéticos, y luego argumenté el porqué se pasaba del autopastoreo al sistema dirigido. Antes hice una indagación práctica en vacas Holstein en El Tablón. Lo desarrollaron Paula Tabeada y Marí­a Emilia Cabrera, estudiantes universitarias, y tomamos el comportamiento de alimentación, de ordeño y de sombra, entre otros parámetros. Los cálculos eran exactos: los animales pastaban más de noche que de dí­a por un problema de temperatura y los rendimientos eran superiores.

«Fidel precisa que lo mostrado hasta entonces por los ganaderos no sirve. Aquello se puso feo. Milián Castro tiró una toalla salvadora, y aclaró en su dejo pausado: ‘‘Fidel, interpreta; lo que ellos están diciendo es verdad. Los soviéticos y el Médico tienen razón’’. El Comandante en Jefe caminaba de un lado al otro, y pensaba en voz alta, como para confirmar lo expuesto. De pronto aclaró: ‘‘Entonces los autorizo a que hagan eso en el Escambray nada más, y el resto del paí­s no me lo toquen’’. Tomé notas de todas las orientaciones para hacer una vaquerí­a diferente al resto del paí­s. Incluso, modificamos hasta la construcción, y ahorramos recursos materiales en tubos metálicos de las colleras prefabricadas al sustituirlas con pillas de concreto, tal como están ahora.

«Milián Castro, viejo sabio al fin, dejó un precedente con aquella intervención que, según lo proyectado, se extendió después a todo el paí­s. Aquel susto de la reunión con Fidel no lo olvidaré jamás, y sus sueños ganaderos, hasta la división polí­tico-administrativa de 1976, se cumplieron en el Escambray », aclaró por último Guzmán Pozo, quien dejó otros apuntes sobre el tintero del diálogo que sostuve hace apenas unos dí­as.

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