Aunque al cierre de agosto el índice de infestación por el mosquito Aedes aegypti se estableció en 0,15 por debajo de la media histórica e inferior al de la misma etapa del 2015, el 60 % de la focalidad aún se localiza en el sector residencial, especialmente en los tanques bajos y otros depósitos para almacenar agua.
Durante el último ciclo, tres municipios villaclareños acumulaban el 85 % de todos los focos del vector en la provincia, con mayores afectaciones en las áreas de salud de los policlínicos Nazareno, Santa Clara, Chiqui Gómez y XX Aniversario (en la capital provincial), la de Esperanza, en Ranchuelo, y en el írea Norte, de Placetas.
Según informó la Dra. Belkis Torres Machado, subdirectora provincial de Epidemiología, Villa Clara se mantiene sin evidencias de transmisión de dengue ni de otras arbovirosis bajo vigilancia zika, chikunguña y fiebre amarilla. Sin embargo, este período resulta el más complejo del año, debido a las abundantes precipitaciones, las elevadas temperaturas, la reducción del ciclo de reproducción del mosquito y la proliferación de depósitos artificiales. «Es por ello que apelamos al apoyo de la población para cerrar el 2016 con una situación epidemiológica estable. No basta con garantizar la limpieza de la vivienda, sino la de los alrededores, los patios y toda zona proclive a convertirse en un criadero de larvas. La participación ciudadana en el saneamiento constituye una de las principales fortalezas de nuestro programa. Se pueden organizar radiobatidas y fumigaciones extradomiciliarias en las zonas donde existen casos sospechosos, pero sin higiene y vigilancia permanentes nuestra labor no rendirá frutos », enfatizó la especialista.
Asimismo, Torres Machado anunció la puesta en práctica de una técnica con probado éxito en otras regiones del país. Los contenedores de abate cuya fabricación artesanal solo demanda de pomos de agua o refresco de un litro y medio (para los depósitos de gran volumen, como tanques elevados y cisternas), y de frascos plásticos de 500 ml en el caso de los tanques de 55 galones incrementan sustancialmente la efectividad del larvicida.
Solo es necesario abrir un par de ventanas por encima del segundo nivel del envase, echar el abate en el fondo (en la proporción que indique el operario, de acuerdo con el volumen) y ponerlo cerrado con su tapa dentro del depósito. A través de las ventanas, el abate podrá ascender a la superficie del agua, que es donde se alimentan las larvas.
Antiguamente, este larvicida se echaba en el fondo de los tanques y las personas botaban el agua antes de que llegara a la superficie. Con los contenedores, solo es necesario sacarlos para fregar los depósitos, con lo que mantiene su efectividad hasta diez cambios de agua.