Aunque Rodo solo tiene 17 años, posee una fascinante percepción del mundo. En su árbol genealógico habitan él y su madre, la única persona a quien mira a los ojos. Creció junto a ella, dentro de cuatro paredes que albergan estrictos comportamientos.
En ese hogar colmado de amor se imponen reglas: las de Rodo. Puedes convivir allí si te lavas asiduamente las manos, respetas los sonidos de alarmas, si te despojas de tus zapatos y haces toques de contraseña antes de entrar a la habitación del adolescente o evitas el contacto físico... Demasiadas exigencias, ¿no? Así se presentan el protagonista y sus encantadores misterios.
Hace pocos domingos lo conocemos, y me atrevo a decir que ya lo quiere la gran mayoría. Amílcar Salatti y Magda González Grau lo han vuelto a hacer. Pausa para los aplausos. La misma dupla creativa que regaló al público cubano la popular Calendario regresa ahora a las pantallas con Las reglas de Rodo, una serie peculiar que, a lo largo de ocho episodios, nos hará reír, reflexionar y encontrar la sensibilidad en lo diferente.
Quienes hayan podido disfrutar de sus primeras emisiones notarán la ausencia de puntos en contacto con su antecesora. Las reglas... parte de un grupo pequeño de personajes en torno a la figura principal, aspecto que contribuye a entender su narrativa con la mayor atención y claridad. Cada individuo que interactúa con Rodo asume una misión específica que marcará cambios en la trama. Por primera vez, el audiovisual cubano incorpora el trastorno del espectro autista (TEA) al rol protagónico de una serie dramatizada. En este caso, el conocido síndrome de Asperger se introduce como el grado del espectro que padece el curioso joven.
Uno de los aspectos que más ha llamado la atención hasta el momento ha sido la mezcla entre humor y drama para abordar los conflictos. Pese a la dosis de seriedad y responsabilidad que conlleva tocar un tema tan complejo, esta entrega televisiva deleita con todas sus escenas y parlamentos. Si bien puede parecer exagerada en ocasiones, no podemos dudar del engranaje ingenioso que existe detrás. No hay nada aquí diseñado arbitrariamente. En su aparente «rareza» todo encaja. Y no se podía esperar menos de la pluma de Salatti, apodado el Rey Midas en su arte del guion. Para el creador, la intención nunca fue recrear el autismo desde la tragedia, y sí emplear la comedia con el fin de otorgar al público otras formas de asimilación.
Igual postura adoptó Magda González Grau, esa directora experimentada que, durante años, ha trabajado y domina como nadie el universo juvenil en televisión. Según declararon en entrevistas, ambos artífices se acercaron al género de la comicidad —descrito por muchos como un reto— para abordar la condición sin provocar efectos repulsivos en la audiencia.
Las reglas de Rodo ofrece múltiples visiones del fenómeno con un tratamiento respetuoso. Su tono, aunque ligero y divertido, evade los estereotipos y demuestra la diversidad de mundos interiores que se manifiesta en las personas con espectro autista. Se hace evidente el profundo trabajo de investigación de sus hacedores en cuanto a rasgos, comportamiento, percepciones y modos de interacción de quienes lo portan. Además, la consulta de referentes foráneos sirvió de base a la hora de concebir una temática con poca presencia en la ficción audiovisual de nuestra isla.
El novel actor Ignacio Hernández Casado da vida a Rodo. De una manera muy convincente, lo borda con todos sus matices. El intérprete, que también tuvo una participación en Calendario, conecta con el televidente de forma natural. Desde el minuto uno, descubrimos su inteligencia y cultismos en el habla, su voz interna, su pasión por la ciencia, los astros, los inventos, la música clásica... Rodo habla de metáforas, cuestiona todo a su alrededor, repite una misma frase varias veces cuando se encuentra nervioso. Asimismo, abriga curiosidades, experimenta su sexualidad y transita por diferentes estados que Ignacio Hernández maneja con organicidad.
La llegada de una abuela a la que creía en el fondo del mar resultó un punto de giro en la galaxia de Rodo. Su relación con Sara coloca las reglas en una cuerda floja; sin embargo, lo más interesante radica en las sorpresas, secretos y situaciones que traerá consigo este vínculo. En la piel de la intrépida bayamesa, la actriz Yamira Díaz se luce una vez más. Con la innegable vis cómica que la caracteriza, Yamira complementa el núcleo familiar con risibles momentos y un acento dulcísimo.
Por otra parte, Clarita García se despoja de la profe Amalia para encarnar a Magaly, una mujer que, aunque alejada de su rol en Calendario, transmite emociones similares en su retroalimentación con Rodo. La carismática actriz se vale aquí de sus recursos para la comedia en una sintonía perfecta con sus compañeros de escena. Pero más allá de las carcajadas y ocurrencias, Magaly actúa como espejo social. Dado el compromiso de la ficción con la conciencia ciudadana, esta madre se construye a raíz del accionar y los sentimientos de otras mujeres que buscan la inclusión de sus hijos y promueven otras miradas hacia el TEA.
De manera general, el resultado, hasta ahora, ha merecido más elogios que críticas, a lo que se suma algún que otro reproche por la breve duración de los capítulos. Aún no sabemos hasta qué punto se diluirán las risas y el drama. Todavía no imaginamos qué personas o peripecias sacudirán a Rodo o cómo armará su cubo de Rubik. Suceda lo que suceda, volveremos aquí para hablar de esta propuesta que, más que entretenimiento y creatividad, coloca sobre la mesa un tema necesario para la familia y la sociedad ¿Una sugerencia? Pensar en azul.
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Martes, 11 Noviembre 2025 17:12
creo es una buena serie por q hay muchos casos mal manejados, solo vi los primeros 2 cap. y me quedé con la impresión q la abuela lo va a orientar mejor q la mama
Martes, 11 Noviembre 2025 17:13
creo es una buena serie por q hay muchos casos mal manejados, solo vi los primeros 2 cap. y me quedé con la impresión q la abuela lo va a orientar mejor q la mama