Dicen que uno nunca está preparado para los cambios, pero si el cambio implica mover una roca gigantesca en medio de un camino por medio siglo, pues: ¡Uf, qué alivio! El día cero para la normalización de la relación diplomática entre Estados Unidos y Cuba, congelada por años, ha comenzado.
Por meses los cubanos venían atando cabos, algo se cocinaba en la política del vecino. Seis editoriales del The New York Times abogando por la eliminación del bloqueo (embargo, el término que allá usan para suavizarlo) y las crecientes declaraciones de comerciantes norteamericanos, quienes seguían sin entender cómo se mantenía un mecanismo fracasado. La normalización llega, aunque este asunto sigue sobre el tapete. Habrá que dar grandes pasos, ambos pueblos lo merecen.
En Cuba no se renunció a uno solo de sus principios, por ello que la causa de los Cinco haya triunfado, hace la dicha total e infinita. Llega el fin del 2014, y con él, parece que el último indicio de «guerra fría ». Es 17 de diciembre, día de milagros para gran parte del pueblo cubano, día donde la gente cree y cree. Donde se prenden velas y se ponen flores. Hoy sucedió, hoy todos vivimos el milagro. Los de aquí y los de allá, juntos, como siempre hemos estado. Hoy más de una familia llora de emoción, en las dos orillas que solo debería separar el mar. Se está arrimando un día de de sol, dice un tema de Silvio Rodríguez, se me antoja que tan cercano que se puede tocar con los dedos.
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