¡No puede ser! Me pellizco una y otra vez. Cuando me levanté pensé que este era otro día normal, con colas normales y rituales cotidianos. Eso pensé. ¡Qué tonta! La vida se me detuvo a las doce del día. Raúl en su despacho se dirigía al pueblo. Al otro lado del mar, Obama también ofrecía sus declaraciones. De repente, las palabras que esperé por más de veinte años: Cuba y Estados Unidos reestablecen relaciones diplomáticas.
La gente a mi alrededor comenzó a llorar. Era demasiada información en tan pocos segundos. Los tres Héroes Cubanos estaban en casa. Gerardo podría abrazar a Adriana. Ramón y Tony también llenarían de besos a la familia que tanto los ama.
¡Qué alegría! La gente en la calle no se lo cree. Algunos se mantienen escépticos, otros brincan, se abrazan. Cuba vibra y con ella el pueblo que ha sufrido el bloqueo por más de 50 años. Cuba vibra con una alegría desbordante.
Al fin se abre una nueva etapa de la historia. El mar se acorta. Se derrumban paredes. El caimán reverdece. Las palmas parecen más altas. Tanto resistir y resistir. Tanto batallar y batallar. El pueblo recibe a los tres hijos que tuvo lejos y le rinde homenaje a esos hombres que regresan al país que no se cansó de esperarlos.
Este día nunca podré olvidarlo. El llanto se mezcla con alegría. Dos pueblos aceptan el reto de convivir en medio de las diferencias.
Llegó el momento más esperado. Llegó el día de los encuentros. Ahora faltan los abrazos, las familias reunidas. Cuba sigue. Cuba vive. Cuba vibra y su pueblo con ella.
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