Rudy y la batalla por la vida

El médico intensivista de Cienfuegos sobrevivió a la COVID-19 gracias a las atenciones recibidas en el hospital militar Comandante Manuel Fajardo Rivero, en Santa Clara.   

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Rudy Monzón Rodríguez y su hijo Gabriel en la sala del hospital militar de Villa Clara.
En compañía de su hijo Gabriel, Rudy agradece al hospital Comandante Manuel Fajardo Rivero haber sobrevivido a la enfermedad. (Foto: Idalia Vázquez Zerquera)
Idalia Vázquez Zerquera
Idalia Vázquez Zerquera
@IdaliaVzquez
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14 Febrero 2021

Apegarse a la vida fue la decisión del Dr. Rudy Monzón Rodrí­guez, el médico intensivista cienfueguero contagiado con la COVID-19 que le ganó la batalla a la epidemia.

La labor mancomunada y profesionalidad de especialistas del hospital militar Comandante Manuel Fajardo Rivero, en Santa Clara, le devolvieron la vida cuando la muerte lo acechaba, y las esperanzas de sanar y ver de nuevo a la familia se desvanecí­an ante las complicaciones derivadas de la enfermedad.

Ahora Rudy, en la etapa de rehabilitación en el propio centro asistencial, se recupera de los embates de la epidemia, y aunque en estos momentos no puede hablar, debido a la traqueotomí­a que le fuera practicada durante la gravedad, agradece a la institución sanitaria el haber sobrevivido.

En la Terapia Intensiva

Relata el Dr. Carlos Manuel Figueroa Orihuela, especialista en Medicina General Integral y   Medicina Intensiva Emergente, y jefe del Servicio de Terapia Intensiva del «Manuel Fajardo Rivero », que el 10 de enero Rudy comenzó con sí­ntomas respiratorios, y al practicarle una prueba de PCR en tiempo real, dio positivo a la COVID-19.

Dr. Carlos Manuel Figueroa Orihuela,  jefe del Servicio de Terapia Intensiva del  «Manuel Fajardo Rivero ».
«La labor conjunta de un equipo de trabajo multidisciplinario resultó fundamental para devolverle la vida a Rudy », refiere el Dr. Carlos Manuel Figueroa Orihuela. (Foto: Idalia Vázquez Zerquera)

Con antecedentes de diabetes, hipertensión arterial e insuficiencia venosa periférica, el paciente de 53 años es ingresado en el hospital Dr. Gustavo Aldereguí­a Lima, en Cienfuegos, donde su estado de salud comenazó a empeorar, y requirió de intubación y ventilación mecánica.

«Por nuestra vasta experiencia en la atención a enfermos con el nuevo coronavirus y un alto í­ndice de supervivencia, se decidió su traslado.

«Llegó aquí­ en estado crí­tico con una evolución difí­cil en las primeras 72 horas. Entonces, se le practicó una traqueotomí­a para prevenir la ocurrencia de complicaciones.

«Al presentar reacciones adversas a la cloroquina, uno de los fármacos del protocolo de tratamiento, decidimos utilizar en su lugar el Péptido inmunomodulador CIGB-258, usado en personas con la enfermedad en estado grave y crí­tico, con muy buenos resultados. De esta forma, se convirtió en el primer paciente de nuestro centro en aplicarle ese medicamento ».

Rudy permaneció por espacio de 19 dí­as en la unidad de cuidados intensivos con una evolución favorable. Se logró destetar de la ventilación, y después de 72 horas, fue trasladado a un servicio de cuidados mí­nimos, donde se encuentra en proceso de rehabilitación.

De vuelta a la vida

Los esfuerzos de un equipo multidisciplinario integrado por intensivistas, cardiólogos, fisiatras, licenciados en Rehabilitación Fí­sica, neumólogos, otorrinolaringólogos y neurólogos regresaron a Rudy a la vida.

«Hoy ya es un paciente recuperado », expresó el Dr. Eliber Chávez González, del Departamento de Electrofisiologí­a del Cardiocentro Ernesto Che Guevara, quien forma parte de la comisión de expertos.

Parte del equipo de enfermeras del hospital militar Comandante Manuel Fajardo Rivero, de Villa Clara.
Parte del equipo que participa en la rehabilitación del médico intensivista cienfueguero.  (Foto: Idalia Vázquez Zerquera)

«Fueron dí­as muy intensos y difí­ciles, pero tení­amos un gran reto. Lo querí­amos de vuelta a la vida y aquí­ está. Tuvimos que poner todas nuestras neuronas a funcionar para resolver cada una de las situaciones que se presentaron en la terapia. Ahora está fuera de peligro ».

Refiere el Dr. Jorge Berrio íguila, director del hospital Comandante Manuel Fajardo Rivero, que las llamadas de los compañeros de Rudy desde Cienfuegos no han cesado ni un segundo, para indagar por el estado de salud de quien también  ha salvado a pacientes positivos con la COVID-19.

«Al trasmitirle las muestras de cariño de quienes lo admiran, sonrí­e con una sonrisa que lo dice todo », insiste Berrio.

Yanelis Pérez Nápoles lleva unos dí­as trabajando con Rudy en la rehabilitación y verlo animado la hace feliz, después de tantos contratiempos.

«Ya no necesita oxí­geno y tiene buen estado aní­mico. No puede hablar, pero se comunica con nosotras con gestos o con la libreta que tiene al lado de la cama, donde apunta lo que necesita ».

Sergio Barreto Rodrí­guez, primo del paciente Rudy Monzón Rodrí­guez, muestra agradecimiento al hospital militar de Villa Clara.
Con la ayuda de su primo, Sergio Barreto Rodrí­guez, Rudy transmitió su cariño e infinito agradecimiento a los colegas que le salvaron la vida y a los amigos que no lo abandonaron.  (Foto: Idalia Vázquez Zerquera)  

En el cubí­culo que ocupa, deja entrar al equipo de prensa que lo considera un guerrero, y aunque no pudo transmitir sus emociones con palabras, la mirada se le iluminó y la sonrisa afloró a sus labios, porque sabe que lo quieren de vuelta, y en compañí­a de su hijo Gabriel, espera estar de alta y regresar a su querido Cienfuegos para abrazar a su esposa, Marlén, y a su otro hijo, Alex.

Rudy no quiso despedirse de los reporteros sin antes mostrar su eterno agradecimiento al equipo de trabajo que lo acompañó dí­a y noche, y a quienes desde la Perla del Sur nunca lo abandonaron.

Con el apoyo de su primo, Sergio Barreto Rodrí­guez, plasmó en papel sus sentimientos más profundos.

«Uno nunca deja de imaginar del todo la inmensa cantidad de personas que mientras atravesamos momentos difí­ciles, doblan sus rodillas para pedir salud por quienes la necesitamos. Nunca llegamos a creer en los milagros hasta que el milagro sucede en nosotros… Y no queda más remedio que vivir dando gracias infinitas… Gracias a todos y cada uno de los que estuvieron ahí­ presentes, aun desde la distancia, pero sin dejar de aferrarse a la esperanza de que hoy esté con vida.

« ¡Les debo mi muestra infinita de cariño y amor más puro! Qué grande es la dicha de poder sentirse querido por un pueblo y necesario para todos… Nunca olvidaré en mi más duro momento sus voces gritándome: ¡Fuerza Rudy tú puedes! Mil gracias ».        

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