A sus 82 años, Felino contempla el jardín con trémulo andar. Su columna vertebral carga el peso de décadas otorgadas por entero a la Revolución. Verla llegar, florecer y vivir cada día para honrarla se convirtió en su meta de existencia. Un sombrero campesino techa sus cortos pasos, y dice no tener memoria para contar las vivencias. Pero al mencionar la clandestinidad, el Ejército Rebelde y el Gobierno municipal, los ojos se le iluminan con la llama de la historia y brota de su voz turbulenta la trayectoria artífice de la condición de «Hijo Ilustre » de la localidad de Ranchuelo, que recibió en 2019.
Es en este pueblo, en el soleado camino hacia el central 10 de Octubre, donde comparte los cálidos días junto a Aidée, su esposa; sus hijos, nietos y bisnietos, narrando una y otra vez las anécdotas que llenan su realización humana, y riendo por tener que repetir los mismos «cuentos » a todo el que llega a su casa.
¿Dónde nació Felino Nuez Castellano?
En el antiguo municipio de San Diego del Valle, en Hatillo, una localidad pequeña ubicada en la carretera de Sagua la Grande.
Proviene de una familia campesina. ¿Por eso lleva arraigada la semilla de la agricultura?
En efecto, parte de mi vida la dejé en el campo, era el camino trazado por los míos, fue mi primera actividad.
¿Qué le aportó el período del movimiento revolucionario y la lucha clandestina?
Los años 57 y 58 agitaban a Hatillo en la búsqueda de revolucionarios para integrarlos a la lucha. Las fuerzas del Directorio Revolucionario también radicaban en el territorio y cumplí mi voluntad con total disposición y entrega. Tal vez no haya sido un gran riesgo, como en otras ciudades, pero se desarrolló con una organización sólida.
Además, se integró al Ejército Rebelde en un difícil camino de sacrificio y entrega...
Todo fue gracias a Armando Acosta y algunos combatientes guantanameros. Conocí el campamento Las Mercedes, en Oriente, y permanecí un tiempo en ese lugar. Una de las más bellas experiencias fue, sin dudas, la espera del desembarco del Granma en playa Las Coloradas, donde, una vez más, Armando me acompañó. No fue fácil esa etapa, evidentemente pasamos dificultades para comunicarnos e informarnos, pero sí puedo asegurar que experimenté el sentimiento de humanidad a mi alrededor.
A raíz de la decisiva batalla de Santa Clara estableció contacto directo con las tropas del Che. ¿Tuvo el honor de conocerlo personalmente?
Atravesamos la zona de la batalla, explotamos dinamitas por allá, y cerca de un puente elevado se produjo el cruce con las tropas del Che. El Guerrillero Heroico pasó cerca de mí. No lo conocí, pero ya significaba un honor el hecho de compartir ese escenario con él. Intercambiar, al menos un poco, me hubiese encantado.
Siendo muy joven tuvo la ocasión de superarse en la URSS. Cursó Mecanización Agrícola. ¿Estaba preparado para coexistir en un lugar completamente distinto? ¿Cómo recuerda esa experiencia?
Cuando me encontraba en Las Mercedes, llegó la orientación de dirigirse a varios lugares a cortar caña. Fui hasta Camagí¼ey. A raíz de esa actividad, seleccionaron un grupo que estudiaría en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) en aquel momento. Pensé que sería solo un año, y cuando mis ansias se veían cercanas a volver, fui seleccionado nuevamente, esta vez para cursar Dirección de Empresas Agropecuarias.
«Como el resto de mis compañeros, yo quería regresar. Todo era distinto, desde la comida hasta las formas de vida, y ni hablar del idioma. Creo que la salvación fue Emilio, un colega español que vivía con su esposa en la Unión Soviética. Ellos conocían el ruso y lo traducían al español. Donde estaba el grupo, estaba Emilio. Creamos vínculos afectivos, y yo, que solo tenía cuarto grado en una escuela rural, salí de ahí forjado, tanto cultural como espiritualmente ».
¿Cómo lo recibieron en Cuba?
El regreso fue todo un aprieto. La embarcación salió por la parte norte a través del canal de la Mancha. Nos encallamos en el mar, entre tormentas y mareos. La supervivencia se debatía entre comer o no pescados salados. « ¡Tienes que comerlos! », me decían, y cedí. Las peripecias duraron 16 días. Pero todo quedó detrás cuando vi a mi familia esperándome en el puerto.
¿Cómo llegó al poblado cabecera?
Vine por medio de la representación del MR-26-7 en Hatillo. El coordinador del movimiento, Edigio Gómez, me propuso colaborar luego de haber regresado del viaje a la URSS, y aquí permanezco sonríe. Conocí Ranchuelo y me enamoré, tanto del pueblo como de una muchacha llamada Aidée, que es mi esposa.
¿Qué labores desempeñó luego del triunfo revolucionario? ¿Se mantuvo en el municipio?
Vivo en Ranchuelo desde los años 60, pero el trabajo me hizo rodar una vez más. Durante cuatro años administré la Granja de Ranchuelo, y luego, los planes de zafra de los diez millones me hicieron trasladar a Sagua la Grande, donde me desempeñé como organizador del Partido. Trabajé, además, en Corralillo y Quemado de Gí¼ines, y por más de diez años me asocié a los campesinos del sector privado. Cuando se retomó la producción del central azucarero 10 de Octubre, su director, Rafael Herrera, me propuso volver. Definitivamente, Ranchuelo era mi destino.
Con la creación de los í“rganos del Poder Popular, resultó electo primer presidente de la Asamblea Municipal del Poder Popular (AMPP) en el territorio. ¿Qué significó ser pionero en una función de tamaña responsabilidad?
Llevaba pocos meses en el sector privado. La creación de estos órganos fue una total novedad. Primero fui delegado, más tarde, presidente. En ese momento, las condiciones no estaban completamente creadas, ni habilitados los locales que tenemos hoy. El Gobierno radicó en distintos lugares. En medio de todo, realicé un arduo trabajo organizativo, a pesar de mi inexperiencia.
¿Cómo fue dirigir? ¿Qué resultados alcanzó Ranchuelo en esa etapa?
Considero que dirigir me atribuyó cierto prestigio. Era la primera vez que se conformaba la Asamblea Municipal, nadie la había dirigido antes, porque simplemente no la teníamos. Pero el hecho de ser la persona que ocupase ese cargo público hizo que todos me respetaran y que se impulsara una labor cohesionada, un plan encaminado a resolver los problemas. Aquel Ranchuelo apenas tenía calles, era imprescindible construir escuelas, edificar una sociedad. No se puede hablar de la historia ranchuelera sin mencionar a Mario Machado (Mayito), uno de nuestros más destacados combatientes. Mayito, quien fue mi amigo entrañable, constituyó un gran apoyo en mi dirección. Me dijo: « ¡Ahí vamos nosotros! ». Aun sin recursos, su ayuda fue vital para el Gobierno, así como lo fue la del Partido.
La mejor lección que se llevó...
Sin dudas, la de sobrevivir en condiciones difíciles, por honor a la causa. Creo que me preparó para el futuro que no se veía venir.
Partiendo de su experiencia en la AMPP, ¿qué puede decir del Ranchuelo de hoy? ¿Qué opina de la gestión que realiza el Gobierno municipal en el difícil contexto actual?
Pasó mucho tiempo. Las cosas han cambiado y se han tornado mejores. Estuve al frente de un municipio en tiempos de carencias y es evidente que ahora todo tiene más color, más posibilidades, independientemente de los retos existentes, como hacerle frente a un virus y al recrudecimiento del bloqueo económico. Puedo compararlo con la caída del socialismo en la URSS, a partir de ahí nos tocó recuperarnos y sobrevivir. En estos momentos se batalla de igual forma, se hace lo posible y lo imposible. Ustedes los jóvenes piensan que todo fue fácil, no tienen idea de cuánto la Revolución transformó nuestras vidas y nos civilizó. Y sí, por mantener sus conquistas la localidad se empeña en seguir adelante.
¿Imaginó en algún momento que sería galardonado con la condición de Hijo Ilustre de esta tierra?
La distinción siempre es sorpresa; sin embargo, pero lo más importante es que mi amplia trayectoria me ha moldeado con ética y altruismo. Como ranchuelero de corazón, lo agradezco. Esta es mi casa, y por ella lucho hace muchos años.
¿Sintió nostalgia tras su jubilación? ¿A qué se dedica actualmente?
Mucha nostalgia. Trabajé en el campo, pero mis piernas ya no aguantan. Ahora es difícil lidiar con el hecho de que no puedo salir de casa. Esta pandemia ha interrumpido todo: los viajes, la posibilidad de ver a mis nietos que no viven en Ranchuelo, de volver a Hatillo, inclusive, pues jamás abandoné mis raíces, tengo familiares allá. Por el momento, debemos permanecer aquí, cuidándonos todos, hasta que la situación permita matar la añoranza.
Para usted, ¿qué significa Ranchuelo? ¿Podría describir todo lo que siente al escuchar el nombre del municipio?
Ranchuelo es todo para mí. Hace más de 60 años que construí una vida en el territorio. Conocí a Aidée, mi esposa; nacieron mis hijos, trabajé incansablemente mientras pude. Si bien nací a kilómetros del pueblo, dejo mi impronta en él.