Las vivencias de Felino

Luchador clandestino, guerrillero en el Ejército Rebelde, estudiante en la URSS, campesino y gobernante municipal en Ranchuelo. A Felino Nuez Castellano no le alcanza la memoria para tantas vivencias.

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Felino y Aidée
Felino y Aidée, casados hace 63 años. (Foto: Lety Mary Álvarez)
Lety Mary ílvarez íguila (estudiante de Periodismo)
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06 Julio 2021

A sus 82 años, Felino contempla el jardí­n con trémulo andar. Su columna vertebral carga el peso de décadas otorgadas por entero a la Revolución. Verla llegar, florecer y vivir cada dí­a para honrarla se convirtió en su meta de existencia. Un sombrero campesino techa sus cortos pasos, y dice no tener memoria para contar las vivencias. Pero al mencionar la clandestinidad, el Ejército Rebelde y el Gobierno municipal, los ojos se le iluminan con la llama de la historia y brota de su voz turbulenta la trayectoria artí­fice de la condición de «Hijo Ilustre » de la localidad de Ranchuelo, que recibió en 2019.

Es en este pueblo, en el soleado camino hacia el central 10 de Octubre, donde comparte los cálidos dí­as junto a Aidée, su esposa; sus hijos, nietos y bisnietos, narrando una y otra vez las anécdotas que llenan su realización humana, y riendo por tener que repetir los mismos «cuentos » a todo el que llega a su casa.

¿Dónde nació Felino Nuez Castellano?

En el antiguo municipio de San Diego del Valle, en Hatillo, una localidad pequeña ubicada en la carretera de Sagua la Grande.

Proviene de una familia campesina. ¿Por eso lleva arraigada la semilla de la agricultura?

En efecto, parte de mi vida la dejé en el campo, era el camino trazado por los mí­os, fue mi primera actividad.

¿Qué le aportó el perí­odo del movimiento revolucionario y la lucha clandestina?

Los años 57 y 58 agitaban a Hatillo en la búsqueda de revolucionarios para integrarlos a la lucha. Las fuerzas del Directorio Revolucionario también radicaban en el territorio y cumplí­ mi voluntad con total disposición y entrega. Tal vez no haya sido un gran riesgo, como en otras ciudades, pero se desarrolló con una organización sólida.

En su sillón de siempre, Felino revive historias. Foto: Lety Mary ílvarez
En su sillón de siempre, Felino revive historias. (Foto: Lety Mary ílvarez)

Además, se integró al Ejército Rebelde en un difí­cil camino de sacrificio y entrega...

Todo fue gracias a Armando Acosta y algunos combatientes guantanameros. Conocí­ el campamento Las Mercedes, en Oriente, y permanecí­ un tiempo en ese lugar. Una de las más bellas experiencias fue, sin dudas, la espera del desembarco del Granma en playa Las Coloradas, donde, una vez más, Armando me acompañó. No fue fácil esa etapa, evidentemente pasamos dificultades para comunicarnos e informarnos, pero sí­ puedo asegurar que experimenté el sentimiento de humanidad a mi alrededor.

A raí­z de la decisiva batalla de Santa Clara estableció contacto directo con las tropas del Che. ¿Tuvo el honor de conocerlo personalmente?

Atravesamos la zona de la batalla, explotamos dinamitas por allá, y cerca de un puente elevado se produjo el cruce con las tropas del Che. El Guerrillero Heroico pasó cerca de mí­. No lo conocí­, pero ya significaba un honor el hecho de compartir ese escenario con él. Intercambiar, al menos un poco, me hubiese encantado.

Siendo muy joven tuvo la ocasión de superarse en la URSS. Cursó Mecanización Agrí­cola. ¿Estaba preparado para coexistir en un lugar completamente distinto? ¿Cómo recuerda esa experiencia?

Cuando me encontraba en Las Mercedes, llegó la orientación de dirigirse a varios lugares a cortar caña. Fui hasta Camagí¼ey. A raí­z de esa actividad, seleccionaron un grupo que estudiarí­a en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) en aquel momento. Pensé que serí­a solo un año, y cuando mis ansias se veí­an cercanas a volver, fui seleccionado nuevamente, esta vez para cursar Dirección de Empresas Agropecuarias.

«Como el resto de mis compañeros, yo querí­a regresar. Todo era distinto, desde la comida hasta las formas de vida, y ni hablar del idioma. Creo que la salvación fue Emilio, un colega español que viví­a con su esposa en la Unión Soviética. Ellos conocí­an el ruso y lo traducí­an al español. Donde estaba el grupo, estaba Emilio. Creamos ví­nculos afectivos, y yo, que solo tení­a cuarto grado en una escuela rural, salí­ de ahí­ forjado, tanto cultural como espiritualmente ».

¿Cómo lo recibieron en Cuba?

El regreso fue todo un aprieto. La embarcación salió por la parte norte a través del canal de la Mancha. Nos encallamos en el mar, entre tormentas y mareos. La supervivencia se debatí­a entre comer o no pescados salados. « ¡Tienes que comerlos! », me decí­an, y cedí­. Las peripecias duraron 16 dí­as. Pero todo quedó detrás cuando vi a mi familia esperándome en el puerto.

¿Cómo llegó al poblado cabecera?

Vine por medio de la representación del MR-26-7 en Hatillo. El coordinador del movimiento, Edigio Gómez, me propuso colaborar luego de haber regresado del viaje a la URSS, y aquí­ permanezco sonrí­e. Conocí­ Ranchuelo y me enamoré, tanto del pueblo como de una muchacha llamada Aidée, que es mi esposa.

¿Qué labores desempeñó luego del triunfo revolucionario? ¿Se mantuvo en el municipio?

Vivo en Ranchuelo desde los años 60, pero el trabajo me hizo rodar una vez más. Durante cuatro años administré la Granja de Ranchuelo, y luego, los planes de zafra de los diez millones me hicieron trasladar a Sagua la Grande, donde me desempeñé como organizador del Partido. Trabajé, además, en Corralillo y Quemado de Gí¼ines, y por más de diez años me asocié a los campesinos del sector privado. Cuando se retomó la producción del central azucarero 10 de Octubre, su director, Rafael Herrera, me propuso volver. Definitivamente, Ranchuelo era mi destino.

Con 82 años, Felino muestra la sonrisa de quien tiene mucho que agradecerle a la vida. (Foto: Lety Mary ílvarez)

Con la creación de los í“rganos del Poder Popular, resultó electo primer presidente de la Asamblea Municipal del Poder Popular (AMPP) en el territorio. ¿Qué significó ser pionero en una función de tamaña responsabilidad?

Llevaba pocos meses en el sector privado. La creación de estos órganos fue una total novedad. Primero fui delegado, más tarde, presidente. En ese momento, las condiciones no estaban completamente creadas, ni habilitados los locales que tenemos hoy. El Gobierno radicó en distintos lugares. En medio de todo, realicé un arduo trabajo organizativo, a pesar de mi inexperiencia.

¿Cómo fue dirigir? ¿Qué resultados alcanzó Ranchuelo en esa etapa?

Considero que dirigir me atribuyó cierto prestigio. Era la primera vez que se conformaba la Asamblea Municipal, nadie la habí­a dirigido antes, porque simplemente no la tení­amos. Pero el hecho de ser la persona que ocupase ese cargo público hizo que todos me respetaran y que se impulsara una labor cohesionada, un plan encaminado a resolver los problemas. Aquel Ranchuelo apenas tení­a calles, era imprescindible construir escuelas, edificar una sociedad. No se puede hablar de la historia ranchuelera sin mencionar a Mario Machado (Mayito), uno de nuestros más destacados combatientes. Mayito, quien fue mi amigo entrañable, constituyó un gran apoyo en mi dirección. Me dijo: « ¡Ahí­ vamos nosotros! ». Aun sin recursos, su ayuda fue vital para el Gobierno, así­ como lo fue la del Partido.

La mejor lección que se llevó...

Sin dudas, la de sobrevivir en condiciones difí­ciles, por honor a la causa. Creo que me preparó para el futuro que no se veí­a venir.

Partiendo de su experiencia en la AMPP, ¿qué puede decir del Ranchuelo de hoy? ¿Qué opina de la gestión que realiza el Gobierno municipal en el difí­cil contexto actual?

Pasó mucho tiempo. Las cosas han cambiado y se han tornado mejores. Estuve al frente de un municipio en tiempos de carencias y es evidente que ahora todo tiene más color, más posibilidades, independientemente de los retos existentes, como hacerle frente a un virus y al recrudecimiento del bloqueo económico. Puedo compararlo con la caí­da del socialismo en la URSS, a partir de ahí­ nos tocó recuperarnos y sobrevivir. En estos momentos se batalla de igual forma, se hace lo posible y lo imposible. Ustedes los jóvenes piensan que todo fue fácil, no tienen idea de cuánto la Revolución transformó nuestras vidas y nos civilizó. Y sí­, por mantener sus conquistas la localidad se empeña en seguir adelante.

¿Imaginó en algún momento que serí­a galardonado con la condición de Hijo Ilustre de esta tierra?

La distinción siempre es sorpresa; sin embargo, pero lo más importante es que mi amplia trayectoria me ha moldeado con ética y altruismo. Como ranchuelero de corazón, lo agradezco. Esta es mi casa, y por ella lucho hace muchos años.

¿Sintió nostalgia tras su jubilación? ¿A qué se dedica actualmente?

Mucha nostalgia. Trabajé en el campo, pero mis piernas ya no aguantan. Ahora es difí­cil lidiar con el hecho de que no puedo salir de casa. Esta pandemia ha interrumpido todo: los viajes, la posibilidad de ver a mis nietos que no viven en Ranchuelo, de volver a Hatillo, inclusive, pues jamás abandoné mis raí­ces, tengo familiares allá. Por el momento, debemos permanecer aquí­, cuidándonos todos, hasta que la situación permita matar la añoranza.

Para usted, ¿qué significa Ranchuelo? ¿Podrí­a describir todo lo que siente al escuchar el nombre del municipio?

Ranchuelo es todo para mí­. Hace más de 60 años que construí­ una vida en el territorio. Conocí­ a  Aidée, mi esposa; nacieron mis hijos, trabajé incansablemente mientras pude. Si bien nací­ a kilómetros del pueblo, dejo mi impronta en él.

 

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