En Villa Clara, el Día del Trabajador de la Hotelería y el Turismo encontró su mejor homenaje en la voz de Manuel Soliño Guevara, Héroe del Trabajo de la República de Cuba. Conocido como el Pionero, su vida es símbolo de sacrificio y entrega, y su historia resume la dignidad de un sector que nunca se rinde.
En 2023 recibió la Distinción de Héroe del Trabajo de la República de Cuba. Para él, fue la confirmación de una vida marcada por sacrificios y entrega: «Todo lo hice por este país y por apoyar a mi patria», dice con firmeza, consciente de que su historia no se mide en comodidades, sino en esfuerzo.
Su camino comenzó en 1989, en el Hotel Santa Clara Libre, fregando platos en la cocina. Era apenas un adolescente cuando levantó la mano para integrar una brigada cañera: «Tras el llamado me fui con los macheteros del turismo, y dijeron al verme en el surco, ese muchacho con ese tamaño es un pionero». Desde entonces, el apodo lo acompaña para siempre, convirtiéndose en símbolo de su vida.
La primera zafra fue dura, pero en la segunda ya cortaba más de 600 arrobas de caña. «Había que estar loco para dejar el turismo y meterse seis meses en el surco», recuerda. Sin embargo, lo hizo durante 23 zafras consecutivas, convirtiéndose en el único machetero permanente del sector turístico. Esa decisión lo llevó a ser delegado en el Festival Mundial de la Juventud en 1997 y a viajar a Francia, experiencias que lo llenaron de orgullo.
Uno de los momentos más emocionantes lo vivió en plena zafra bajo agua en los alrededores del central Ciro Redondo en Ciego de Ávila, cuando un helicóptero sobrevoló el campo y era Fidel Castro quien llegaba a reconocer a las mejores brigadas: «Esa fue la emoción más grande, porque era el Comandante quien nos distinguía directamente», cuenta con brillo en los ojos.
En 1998 fundó la brigada Elpidio Sosa, que se convirtió en insignia de la hotelería y el turismo: «Era una brigada millonaria, visitada incluso por Díaz-Canel quién en ese entonces era secretario del Partido en Villa Clara, y está brigadas llegó a ser mejor que la que yo estaba», dice con orgullo. Su liderazgo se consolidó allí, demostrando que el machete también podía ser símbolo de turismo y de trabajo voluntario.
La vida, sin embargo, le puso pruebas difíciles. Una enfermedad oncológica lo obligó a detenerse, pero nunca a rendirse: «Aquí hay Pionero para rato», asegura, porque aún hoy participa en tareas voluntarias, en la recogida de café, en todo lo que el sindicato y el partido le convocan.
«Tras la enfermedad, encontré sostén en la cadena Palmares, que nunca me soltó la mano. Siempre digo que no soy héroe del turismo, soy héroe de Palmares, porque fueron ellos quienes me respaldaron cuando más lo necesité. Y aquí, en Santa Rosalía, llevo más de 12 años trabajando sin descanso, con la misma entrega de siempre. Este lugar se convirtió en mi casa, en el espacio donde sigo demostrando que el Pionero nunca se rinde».
En 2024 fue proclamado Hijo Ilustre de Caibarién, y guarda con orgullo el Machete de la República del Che, símbolos que se suman a su larga lista de reconocimientos. Pero más allá de las medallas, Manuel se define por su entrega: «Yo dejaba todo, mi familia, mi casa, mi buena vida, y me pasé 23 zafras de forma consecutiva. Eso es lo que me hace sentir héroe».
Su historia es la de un hombre que cambió el confort por el sacrificio, que hizo del machete un símbolo de dignidad y que convirtió su vida en ejemplo de resistencia. Manuel Soliño Guevara, el Pionero, es hoy para todos un ejemplo a seguir, un héroe de la zafra, del turismo y del trabajo en Cuba.