Detrás de una yunta de bueyes, recién domada, sigue Omar (Carreta) Jiménez Ramos desandando caminos en tiempos que vienen al recuerdo los años que pasó en el tiro de caña, o la ganadería, en zonas aledañas a Cifuentes o Santa Clara, territorios de sus desenvolvimientos agrícolas.
De bueyes, y su adiestramiento para la preparación de pequeñas superficies de suelos, o atenciones culturales a las plantaciones, Carreta dice que le gustan aquellos con excelentes portes y tarros para asentar los frontiles, o amarrar el yugo, para lograr fuerza o competencia en el arrastre de arados de diferentes tipos, y también en tiro de cosechas y otros menesteres de campo.
«Ahora cuando en la agricultura el empleo de los bueyes resulta un desafío, en algunos que antes estaban apegados a la maquinaria y la solvencia de combustibles, la tracción animal constituye un salvavidas en cualquier sector productivo», apuntó Omar Carreta en un diálogo de ocasión.
Los animales en labores agropecuarias existen en cualquier país sin importar el desarrollo económico. Unos con más incidencia que otros, y su ocupación se asienta en una tradición milenaria que aporta riquezas al suelo y atenúa su paulatina degradación, apunto al boyero.
«Es la solución inmediata que siempre existirá en pequeñas parcelas y áreas de cultivo, y dígamelo a mí, que la gente me tiene loco en las inmediaciones de Hatillo, donde vivo, para que forme yuntas de bueyes. Ya tengo 74 años y, a veces, las piernas se cansan de tanto trajinar, pero lo más difícil del trabajo con bueyes está en los implementos que utilizamos —sogas, frontiles, yugos de maderas de larga duración y…—. La inversión en aperos siempre es temporal porque se rompen con mucha facilidad: son a veces de baja calidad. Todos andan perdidos de los mercados, y quien los fabrica quiere cobrar un “congo” porque "a río revuelto, ganancia de pecadores", como sentencia el refrán.
«Peor están los precios de los animales, y en ocasiones los vendedores llegan a pedir hasta medio millón de pesos sin contar la transportación, y luego la alimentación, el manejo y hasta su cuidado de los animales para evitar que los roben o sacrifiquen. No crea, con los bueyes y otros ganados jamás será “criarse a la desbandada” en una finca o potrero.
«Ya le digo: no ahora porque el petróleo esté perdido vemos con insistencia un mayor apego a los bueyes. Es en las pequeñas fincas donde más económico resulta su empleo. Así lo creo y también lo digo, y no es porque en la doma también obtengo parte de mis ingresos…
«De bueyes, ¡qué decirle!... En mi vida he trabajado muchos, y hasta golpe he recibido. Es un gusto lo que siento en el trato con esos animales. Creo que todo viene de la juventud cuando hice labor de carretero de caña, y de arador de surcos… Ahora, nada hay como los animales obtenidos en cruzamientos entre Cebú y Holstein. Son de cuello corto y robusto, patas rectas y fuertes, y aunque llegan a pesar hasta 900 libras, por el carácter rústico aceptan largas horas de trabajo».
—¿Y del caballo, los mulos, o los búfalos, tiene experiencias?...
—¡Nada de eso! Lo mío son los bueyes, siempre que estén aptos y tengan excelente porte para la doma. El tiempo de trabajo es ilimitado, con el frescor del día, y luego al potrero. Ahora por desgracia habitan en la tarde-noche en corraletas, sin agua y yerba fresca, y eso resta a su desempeño productivo...
El manejo de la masa, la carencia de medicamentos veterinarios, el acecho del hurto y sacrificio ilegal, y los déficits de bueyes para multiplicar en centros de doma estatal, o de iniciativa individual como el promovido por Omar Carreta, se muestran con limitación en Villa Clara, territorio de amplias superficies agrícola y más de 32 000 propietarios de tierra y animales.
Con la entrega de suelos a usufructuarios, según lo dispuesto por el Estado a partir de áreas ociosas o deficientemente utilizadas, las necesidades de bueyes aptos para el laboreo en los campos aumentan. Imagínese, preciso al hombre, en la actualidad existen unas 11 000 yuntas en activo y la demanda se calcula en otras 8000, lo cual indica que persisten retos por delante con el ánimo de suplir las carencias. Omar Carreta sonríe, y espeta una sentencia: «a buscar animales y a personas aptas para acometer esa tarea porque el camino es largo en la obtención de alimentos para la casa».
¡No hay de otra!, así le digo.